Retrospectiva de Nahum B. Zenil en El Chopo
El autorretrato como herramienta política y territorio de disidencia

Con una propuesta que trasciende lo meramente estético, este artista veracruzano, nacido en 1947, ha construido lo que él mismo denomina una “autobiografía plástica”: un vasto archivo personal que hoy se despliega en la exposición Nahum B. Zenil. El límpido espejo de mis ojos (1968-2025), inaugurada el pasado 31 de enero en la Sala Helen Escobedo del Museo Universitario del Chopo.
La muestra, curada por Sol Henaro y Miguel A. López, con asistencia curatorial de Karol Wolley, reúne más de 130 piezas en diversos formatos y técnicas –dibujos, pinturas, serigrafías, esculturas y libros de artista–, y documenta el recorrido de un creador fundamental en los cruces entre arte, identidad y disidencia sexual en América Latina.
El regreso de Zenil al Chopo tiene un carácter emotivo: ahí realizó su primera exposición y, aunque posteriormente hubo otra más, transcurrieron varias décadas antes de que recibiera una nueva invitación para volver a exhibir en el recinto de la colonia Santa María la Ribera. Además, el artista vuelve al espacio que fue cuna de la Semana Cultural Lésbico-Gay, evento que él mismo ayudó a impulsar desde 1987 junto al activista José María Covarrubias.
Este retorno representa la culminación de un ciclo iniciado en 1968, cuando ingresó a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Esa síntesis de “tanto esfuerzo y tiempo”, como la describe el propio artista, cobra nueva relevancia en un momento histórico en el que las luchas por los derechos de las minorías sexuales han alcanzado visibilidad global, aunque no siempre en los términos que Zenil hubiese deseado.
Nahum B. Zenil nació en 1947 en Chicontepec, Veracruz. Se graduó primero como maestro en la Escuela Nacional de Maestros en 1964, profesión que ejerció durante años antes de dedicarse plenamente al arte. En 1972 concluyó sus estudios en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. La influencia de la Escuela Mexicana de Pintura en su obra, particularmente de Frida Kahlo, ha sido ampliamente señalada por la crítica.
El autorretrato –esa obsesión recurrente que algunos críticos han calificado de narcisista– funciona en la obra de Zenil como un doble mecanismo: por un lado, permite “vaciar toda esta carga emocional” acumulada; por otro, propicia una identificación directa con el espectador.
“Como ser humano supongo que hay cierta identificación con el resto de la comunidad humana”, señaló el artista, quien nunca buscó en primera instancia ese efecto especular, sino más bien “saberme, verme como integrante de esa sociedad, de ese género humano”. Sin embargo, es precisamente esa dimensión universal la que ha permitido que su trabajo trascienda lo personal para convertirse en testimonio colectivo.
“Como ser social, como ser de la comunidad, he tenido que tocar el tema político”, afirmó Zenil. Para él, la política no es una elección sino una condición inherente a la conciencia: “Yo creo que nadie, consciente de su existencia, de su pertenencia a la humanidad, puede excluirse de la experiencia política”. Su obra ha abordado de manera frontal cuestiones como la homosexualidad, el mestizaje y la crítica a los símbolos patrios mexicanos, convirtiéndose en un precedente crucial del arte abiertamente homosexual en México.
“Yo creo que lo principal de este sentimiento político es pedir el respeto por los derechos humanos”, declaró Zenil con contundencia. Su motivación fundamental ha sido combatir la injusticia y la falta de respeto, elementos que considera esenciales “para tener una vida tranquila y plena”.

En el terreno específico de la defensa de los derechos LGBTIQ+, Zenil ha sido pionero al normalizar y evidenciar el cuerpo y el deseo en sus múltiples manifestaciones, haciendo visible lo que durante décadas permaneció proscrito.
Desde principios de la década de los 70, el artista utilizó el autorretrato como recurso constante para interrogar las ideas de identidad y visibilizar el deseo homoerótico, siendo uno de los primeros artistas en establecer este tipo de referencia erótica en diálogo con la obra de Frida Kahlo.
El camino no estuvo exento de obstáculos. En los inicios, incluso algunos compañeros de la comunidad LGBTIQ+ mostraban reticencia ante la visibilidad que proponía Zenil. Sin embargo, el éxito de la primera exposición en el Chopo marcó un punto de inflexión.
“Participaron entonces con mucho gusto y también con la intención de evidenciar, de hacer visible las necesidades de la comunidad”, recordó. Esas exposiciones se convirtieron en “una fiesta, una concurrencia de amigos, de compañeros, de integrantes de la comunidad”, creando un espacio de afirmación colectiva en tiempos de represión y silencio.
Sorprendentemente, Zenil sostuvo que no ha enfrentado mayores batallas en términos de censura: “Hubo un intento, pero no pasó a mayores, todo fue una amenaza sin consecuencias”. No obstante, destacó un episodio revelador: cuando se retiró una parte de una obra por considerarse ofensiva, fue la propia comunidad la que exigió su restitución, “arguyendo que se atentaba contra la falta del derecho y libertad de exteriorizar los pensamientos y los sentimientos”.
La exposición actual presenta un panorama que abarca desde obras tempranas, algunas inéditas o poco conocidas, realizadas entre 1968 y 1975, hasta un conjunto reciente de dibujos que reflexionan sobre la vulnerabilidad, la vida y la vejez. Las piezas provienen de colecciones institucionales como el Museo de Arte Moderno del INBAL, el Museo Universitario Arte Contemporáneo de la UNAM, el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey y la Colección FEMSA, además de varias colecciones privadas. Como complemento, se publicará un catálogo bilingüe con la reproducción de todas las obras, ensayos curatoriales y documentación diversa.
Para Zenil, el Chopo representa “todos esos momentos de concurrencia, de participación activa, con todos los riesgos que implicaba, con todo el rechazo al que se exponían los participantes y uno mismo”. El museo se ha convertido en un repositorio de memoria afectiva, un lugar donde “tantas veces exhibimos y hay tantos recuerdos”, y que ahora permite “revivir esos momentos desde la memoria y la experiencia compartida”.
La muestra destaca el legado de Zenil como creador prolífico y valiente, capaz de abrazar los debates más urgentes de su tiempo. Su obra dialoga críticamente con la historia, el colonialismo y las violencias raciales y de clase, concibiendo el arte como un espacio para reimaginar nuevas formas de vínculo social desde la inteligencia, la sensibilidad y la seducción.
Como actividad complementaria, el artista impartirá el taller “Ensayos del deseo, ejercicios de escritura y expresión plástica”, los días 12 y 13 de marzo, en el que compartirá nociones escriturales, poéticas y herramientas visuales en torno al autorretrato.
“Espero que la visite mucha gente y que algo de positivo se lleve y le sirva para analizar su propia conciencia y permanencia en la vida”, concluyó Zenil.
En una época cuando la representación de las disidencias sexuales oscila entre la comercialización y la banalización, su trabajo sigue ofreciendo un modelo de resistencia creativa que no renuncia a la complejidad ni al riesgo.
Zenil, junto con su pareja Gerardo Vilchis, fundó el Espacio Cultural Rancho Tecomate Cuatolco y Casa del Poeta en Tenango del Aire, Estado de México. Desde ahí, ambos han realizado más de 60 exposiciones y encuentros poéticos, extendiendo así su labor de construcción de comunidad más allá de los circuitos museísticos tradicionales.
