Proyecto impulsado por Marta Palau de 1996 a 2014

El Chopo expone premios de la Bienal Internacional de Estandartes

Un archivo visual que conecta prácticas artísticas y contextos políticos

2006, Centro Cultural Tijuana. Foto: cortesía Cecut.

El próximo 18 de abril, el Museo Universitario del Chopo abrirá sus puertas a una exposición inédita: la reunión de los premios de adquisición de la Bienal Internacional de Estandartes (1996-2014), un proyecto impulsado durante casi dos décadas en el Centro Cultural Tijuana (Cecut) por la artista y gestora cultural Marta Palau (España, 1934-México, 2022).

La muestra, curada por Abril Castro Prieto, no sólo propone un recorrido por 18 años de producción artística internacional, sino que reivindica una dimensión de Palau que ha permanecido en la sombra: la de gestora cultural excepcional. “Nos interesó rescatar este lado de Marta como gestora cultural. Lamentablemente vivimos en un país donde esta carrera es poco visibilizada; permanece siempre tras bambalinas”, señaló Castro Prieto.

La curadora apuntó que no existen apoyos institucionales para la gestoría, y que generaciones enteras de quienes “picaron piedra” en los años 60, 70 y 80 se han ido sin un reconocimiento adecuado. Marta Palau no es la excepción: celebrada mundialmente por su obra textil, poco se habla de lo que construyó para los otros.

El origen de la Bienal tiene la lógica de quien sabe mirar un espacio y una época al mismo tiempo. A mediados de los años 90, cuando las bienales de arte proliferaban en todo el mundo, Palau reparó en el enorme vestíbulo del edificio del Cecut, diseñado por Pedro Ramírez Vásquez en Tijuana: un espacio bello pero subutilizado. Propuso entonces crear una bienal de estandartes (piezas de cinco metros de alto por un metro ochenta de ancho) que literalmente vistieran ese espacio. Con esa intuición nació en 1996 el Salón Internacional de Estandartes, que se celebró tres años consecutivos antes de convertirse, en el año 2000, en Bienal Internacional de Estandartes.

La iniciativa tenía varios frentes abiertos a la vez. Por un lado, Palau concibió la Bienal como un espacio de visibilidad para los artistas bajacalifornianos, en un estado donde la licenciatura en Artes no existió antes del 2000, y donde los pocos creadores profesionales habían tenido que formarse fuera. Por otro lado, la gestora siempre operó con una mirada estratégica: los premios serían de adquisición (garantizando que las piezas quedaran en el Cecut) y los estandartes debían realizarse en materiales flexibles que permitieran enrollarlos, pensando desde el inicio en su circulación. La Bienal llegó a Guadalajara, Morelia y Ciudad de México, pero nunca antes se habían mostrado todos los premios juntos fuera de Tijuana.

“La oportunidad de ver estos estandartes juntos es maravillosa, porque ni siquiera ha ocurrido en el Centro Cultural Tijuana, donde se han llevado a cabo muestras y expuesto selecciones, pero nunca se han mostrado todos los premios”, explicó Castro Prieto.

A lo largo de su historia, la Bienal convocó a 305 artistas de 32 países. La exposición que llegará al Chopo reúne a 27 artistas provenientes de 12 naciones, varios de ellos invitados por Palau cuando aún se encontraban en etapas tempranas de su trayectoria.

Participa obra de: Aldo Guerra, Alfonso Lorenzana, Ana Quiroz, Demián Flores, Einar y Jamex de la Torre, Tania Candiani, Mónica Arreola, Estela Hussong, Franco Méndez Calvillo, Helen Escobedo e Irma Palacios (México); Carlos Tapia (México-Costa Rica); Flavio Garciandía (Cuba-México); Daniel Joseph Martínez, John Valadez y Thomas Glassford (Estados Unidos); Delcy Morelos (Colombia); Eduardo Tokeshi (Perú); José Morales (Puerto Rico); Luis Camnitzer y Ricardo Lanzarini (Uruguay); Mariana Gullco (Argentina); Paulo Climachauska (Brasil); Ricardo Brey (Cuba); Shinpei Takeda (Japón), y Ximena Zomosa (Chile).

En cuanto a los materiales, la muestra traza una arqueología involuntaria: desde los papeles kraft de las primeras ediciones, hasta las impresiones digitales en lona que sorprendieron a los espectadores de principios del 2000, pasando por piezas elaboradas con bolsas de té usadas, mallas de mercado o sacos de cemento reutilizados. Pero si algo atraviesa temáticamente la mayoría de los estandartes es la política.

“En la mayoría de los casos son temas políticos que interesaban a los artistas: la denuncia de la situación precaria de Latinoamérica ante el expolio económico de Estados Unidos, la violencia de la propia frontera, la persecución migratoria”, describió Castro Prieto. Todo eso sin que Palau lo hubiese impuesto: las bases de la Bienal nunca exigieron un tema político ni fronterizo. Fue la realidad la que habló.

En ese sentido, la exposición llega en un momento de perturbadora actualidad. Lo que los artistas denunciaron entre 1996 y 2014 no ha desaparecido; en muchos casos se ha intensificado.  La Bienal Internacional de Estandartes es, así, un archivo vivo: el testimonio de una gestora que tuvo la visión de reunir voces, y el espejo en el que seguimos reconociéndonos.

Bienal Internacional de Estandartes (1996– 2014), se inaugurará el sábado 18 de abril a las 11 horas, en la Galería Arnold Belkin del Museo Universitario del Chopo.

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