EL CUERPO SIN ÓRGANOS: METÁFORA DE LA LIBERTAD FRENTE A LO NORMATIVO
Pensar lo corpóreo como una construcción social, cultural, política, admite la posibilidad de reconstruirlo de manera diferente

El autorretrato Raíces, de Frida Kahlo –un óleo sobre lienzo, realizado en 1943, de 30 × 50 cm y conservado en una colección particular–, muestra a la artista recostada en un paisaje estéril y rocoso. Pese al páramo, Frida se recarga sobre una almohada y logra mantener una postura cómoda. El pelo suelto y dócil establece una correspondencia con la mirada serena de la artista, quien parece sostener un diálogo con el espectador, una suerte de afirmación sobre su bienestar, no obstante lo ominoso de su cuerpo. Mientras que los brazos y los pies se esconden bajo el vestido naranja con holán blanco que lleva puesto, su torso, recortado como una ventana, lo atraviesan raíces y ramas de una planta frondosa cuyo verdor contrasta con la aridez de la tierra y el cielo azul con tenues nubes blancas. Tras el hueco del cuerpo se asoma el estático páramo, mientras que al frente la sangre de Frida fluye a lo largo de las raíces de la planta. El verdor pareciera empezar a esparcirse hacia el inhóspito terreno como si la sangre lo hubiera fecundado. Las tensiones entre lo estéril y lo fértil, lo estático y lo móvil, lo sereno y lo ominoso producen inquietud. Al centro de estas tensiones surge la pregunta por el cuerpo recortado y vaciado de sus órganos y la aparente simbiosis entre el cuerpo y el mundo natural.
Los estudios iconográficos dedicados a Raíces informan que, antes de pintarlo, Frida y Diego, casados por segunda vez, compraron juntos un terreno en el Pedregal –en ese entonces despoblado y rocoso–, donde construirían el Anahuacalli. Se ha interpretado que Kahlo, motivada por su gran deseo de ser madre, se pinta a sí misma concibiendo la planta desde su propia matriz para fertilizar aquel yermo.

Sin embargo, otras interpretaciones son posibles, las raíces también parecieran atravesarla, como si llegaran de otra parte, no necesariamente de su interior. La naturalidad de la expresión de su rostro y su postura también podrían indicar que el cuerpo ha dejado de cargar algo pesado, y que ello le provoca una suerte de liberación. La liberación del cuerpo de Frida puede pensarse con el concepto de “cuerpo sin órganos”, que aparece por primera vez en 1947 en un poema radiofónico de Antonin Artaud en el que el escritor surrealista plantea la necesidad de acabar con la idea de Dios como acto de liberación del ser humano. En un par de versos del poema, afirma: “Cuando le haya dado un cuerpo sin órganos, / entonces lo habrá liberado de todos sus automatismos y devuelto a su verdadera libertad”.
En Frida, la idea de Dios es muy distinta, pues ella se identifica más con el politeísmo y el concepto de lo sagrado de las culturas prehispánicas, sin embargo, la posibilidad de liberarse del determinismo del cuerpo está inscrita en su pintura. Su propuesta quizás sea más afín a la de Gilles Deleuze y Félix Guattari, quienes retomaron el concepto de Artaud desde la filosofía para teorizar sobre la posibilidad de la reconstrucción o reinvención del sujeto a partir de la destrucción del cuerpo normado. En otras palabras, el cuerpo, inscrito en una cultura, responde a una serie de normas desde las cuales es moldeado. Pensar en el cuerpo como una construcción social, cultural, política, admite la posibilidad de reconstruirlo de manera diferente.
Para fines del análisis del cuadro de Frida, podemos entender el cuerpo sin órganos como la metáfora del cuerpo que logra liberarse de una normativa que puede ser acerca del género, la belleza o incluso la salud. En este sentido, Frida aparece apacible pese a lo perturbador de su cuerpo y del violento paisaje, quizás porque para ella el cuerpo sin órganos la libera de los problemas de salud, del dolor, de la infertilidad, de la obsesión con las funciones corporales.
*Investigadora emérita del IIE
