EL MARTIRIO COMO IDEAL: REPRESENTACIÓN DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS EN LA PINTURA ACADÉMICA DEL SIGLO XIX

U na virgen cristiana es una de las obras más tempranas que conocemos de Luz Osorio, ya que la debió realizar con apenas 17 años y en ella muestra su buen oficio como pintora. Dicho óleo recibió en 1880 un diploma y una medalla de oro en la Segunda Exposición de la Sociedad Poblana de Artesanos.
El cuadro presenta a una joven vestida con una túnica blanca al interior de una prisión. Las manos están en alto, sujetas por grilletes sujetos por una cadena que cuelga de la pared. Su rostro se alza implorando o buscando la protección del ser divino y una aureola corona su cabeza, símbolo de la gloria que le espera en el cielo después de su muerte. El cabello suelto le cubre la espalda. En un lado de la pared se aprecia un tronco con una gran argolla y en el otro lado se marca la línea de un arco, con lo que el espacio se cierra en torno a la joven. El suelo está cubierto de paja y en primer término aparece un cántaro de cerámica. El ambiente es sombrío, lo que permite resaltar la blancura del vestido que le llega a media pierna y está roído en el bajo. El cántaro caído con el borde roto en primer término, así como la posición de la joven y el vestido deshilachado, parecen sugerir la persecución y el suplicio al que fueron sometidos los primeros cristianos.
Sin duda, la publicación de la novela Fabiola, o la iglesia de las catacumbas, escrita por el cardenal Nicholas Wiseman en 1854, y que fue rápidamente traducida al español, gozó de gran popularidad, lo que contribuyó a la difusión de este género. En México, el periódico La Unidad Católica anunció, en agosto de 1861, que esta novela sería entregada como folletín del periódico, con lo que Fabiola, o la iglesia de las catacumbas adquirió una amplia divulgación y se convirtió en una de las lecturas más apropiadas para las jóvenes. Por ello no hay que descartar que Una virgen cristiana de Luz Osorio deba su inspiración compositiva a este libro, e incluso la descripción que Wiseman hace de Inés, la prima cristiana de Fabiola, en el momento de su ejecución, es muy cercana a la pintura de Osorio: “El cabello suelto como símbolo de virginidad, esparcido en doradas madejas, sobre su vestido blanco como la nieve”.

Además, el tema de los primeros cristianos o la iglesia de las catacumbas fue muy del gusto de la pintura académica. Unos años antes, en 1877, José María Ibarrarán y Ponce, artista originario de Puebla, había presentado en la decimoctava exposición de la Escuela Nacional de Bellas Artes una obra con el tema de la persecución de los cristianos titulada El sueño del mártir, que fue alabada por la crítica y lo hizo merecedor de una pensión en el ramo de pintura. El mismo Ibarrarán, dos años después, realizó La familia del mártir y en 1883 otra pintura de tema paleocristiano: La caridad en los primeros tiempos del cristianismo.
Es bastante escasa la información sobre Luz Osorio, y es Leonor Cortina, en su libro Pintoras mexicanas del siglo XIX (1985) quien proporciona una breve biografía. Luz Osorio nace en Papantla, Veracruz, el 14 de febrero de 1863, y con seis años su familia se trasladó a la ciudad de Puebla, pues su padre, Lorenzo Osorio, tenía ahí un importante negocio de talabartería. Es así que su formación y su actividad inicial como pintora la realiza en esa ciudad. Desde muy joven debió mostrar buenas dotes para el dibujo y la pintura y al parecer su padre alentó esta afición, proporcionándole un estudio y los medios necesarios para su aprendizaje.
Algunos autores han sugerido que se pudo formar con Francisco Morales, quien en ese momento era el pintor con mayor prestigio en la ciudad o quizás con Daniel Dávila, artista poblano que estudió en la Academia de San Carlos de México, y que para 1874 se encontraba de regreso en la ciudad de Puebla como profesor de la academia poblana. Lo que es indudable es que recibió una educación artística muy cercana a los métodos académicos, como se puede ver en los estudios preparatorios de sus obras. En el caso de Una virgen cristiana, se han conservado varios dibujos y un boceto al óleo del rostro.
Aunque la producción de Luz Osorio no es tan abundante y gran parte de ella permanece en manos de coleccionistas particulares y de su familia, hay que mencionar el cuadro La papanteca (ca. 1880), una composición original cuyo tema es la representación de una joven campesina de esa localidad.
El 14 de febrero de 1900, Luz Osorio contrajo matrimonio con Carlos B. Zetina, empleado y protegido de su padre, quien se convirtió en un empresario de éxito y desarrolló una importante carrera política. Tras la boda, la pareja se fue a vivir a Ciudad de México, donde Luz tuvo diez hijos y su producción artística disminuyó notablemente, como ocurrió en muchos casos de mujeres artistas del siglo XIX.
