La muestra Atmósfera total, revisita su historia
El Museo Experimental el Eco, un espacio de libertad y pluralismo

La exposición Atmósfera total, curada por David Miranda, se convierte en el eje de esta celebración que revisita el pasado del recinto al tiempo que lo proyecta hacia el presente. Inaugurada el pasado 25 de septiembre, podrá visitarse hasta febrero de 2026.
Cuando el Eco abrió sus puertas en 1953, por encargo del empresario Daniel Mont, rompió con los moldes tradicionales del museo y de la galería convencional. No se trataba de un contenedor de obras, sino de un dispositivo capaz de orquestar múltiples experiencias.
“Para Goeritz siempre era más lógico entender el espacio de exhibición como un lugar en donde se orquestara un acuerdo entre creadores: el pintor, el arquitecto, el escultor y el músico se vinculaban para crear una experiencia total”, explicó Miranda. Con ello, el Eco se adelantó en una década a los proyectos modernizadores que México emprendería en los 60 con el Museo de Arte Moderno y el Museo Nacional de Antropología.
La exposición reúne documentos históricos que marcan los primeros pasos de la institución: desde el contrato original de Mathias Goeritz y Daniel Mont hasta bocetos inéditos para murales que nunca se realizaron. Se exhiben también los 41 dibujos originales del libro Los amantes y la noche, publicado por Ediciones El Eco en 1953, con poemas de Olivia Zúñiga y bocetos de Goeritz, que constituyeron el punto de partida de su lenguaje escultórico.
“Esos bocetos funcionan como el genoma de su pensamiento artístico: muchos se convirtieron después en obras clave”, señaló el curador.
El presente del Eco se refleja en las comisiones de dos artistas contemporáneos. Por un lado, Leo Marz intervino la sala principal con un mural procesual basado en la frase “Esta historia ya no está disponible”, que pinta con sus propias manos a lo largo de la exposición hasta transformarlo en una superficie abstracta.
“La pieza dialoga con la poesía concreta que influyó a Goeritz y, al mismo tiempo, recupera proyectos de mural que quedaron inconclusos en la historia del Museo”, comentó Miranda.
Además, Marz instaló un letrero luminoso con la palabra “Hoy” en la columna amarilla del recinto, evocando el pasado del edificio cuando funcionaba como cabaret y esa columna era usada como marquesina.
Por su parte, Alberto Odériz transformó el patio del recinto con una estructura de cuerdas, piedras y rafia que, al balancearse con el viento, recrea el vuelo de una lechuza. Esta pieza, señaló Miranda, establece un puente con la “serpiente del Eco” que Goeritz instaló en 1953 para acoger un ballet, y retoma el espíritu animista que distingue a la escultura latinoamericana frente al minimalismo anglosajón.
“Es un ambiente que acompaña a la arquitectura emocional del museo y abre la posibilidad de nuevas actividades performáticas”, destacó.
La exposición se expande también al área del bar con el proyecto Goeritz escrito, biblioteca temporal que reúne publicaciones sobre el legado del artista compiladas por Rafael Plasencia. A lo largo de los meses se realizarán charlas y revisiones en torno a estos materiales, que incluyen desde la tesis doctoral de Goeritz hasta investigaciones contemporáneas sobre su obra.
En febrero de 2026, en el marco de la Semana del Arte, el colectivo voguing Sinfonía 007, en colaboración con la diseñadora Aurea Bucio y el ensamble Piñata en Llama, presentará un performance que reactivará el dispositivo original del Museo al fusionar danza, moda y ópera experimental.
Miranda subrayó que el rescate del Eco en 2004, cuando se integró a la UNAM, evitó que el inmueble se convirtiera en un estacionamiento, como se había proyectado. “Su rescate constituye, junto con la Casa Barragán, uno de los emblemas más importantes de su periodo. Pero a diferencia de otros espacios, este no sólo preserva la arquitectura: mantiene vivas las funciones para las que fue creado”, afirmó el curador.
Y añadió que hoy su importancia radica en permanecer ajeno a los fines comerciales del mercado, lo que lo convierte en un espacio de libertad y pluralismo.
“Vale la pena que las generaciones más jóvenes reconozcan la existencia de proyectos que apostaron por la diversidad y el diálogo. Esa es la lección que nos deja la historia del Eco”, concluyó.