Elyla: artista que reescribe la memoria colonial desde las disidencias

El Museo Universitario del Chopo se convierte en territorio de insurgencia poética con la primera exposición individual de Elyla (Chontales, 1989), artista y activista nicaragüense que ha interrogado las heridas del colonialismo desde las geografías del cuerpo disidente. Corpodivinidades, curada por Miguel A. López, despliega una retrospectiva que abarca más de una década de práctica artística multidisciplinaria con la que Elyla ha cartografiado otras maneras de existir en el mundo.

«La exposición tiene fotografía, escultura, video, indumentaria, tiene incluso textos poético-políticos, entonces es una mezcla de los diferentes medios con los cuales trabajo», explica Elyla, cuya obra transita entre el activismo callejero y el videoarte, entre el registro de acciones en el espacio público y la creación de piezas que estrena por primera vez en esta muestra, como Chinegros: Piel de Rito. La exposición será inaugurada hoy, 23 de octubre.

Por otro lado, el día 25, en el Foro del Dinosaurio, se llevará a cabo el performance San Pedro-Carrera de Patos, monólogo teatral de Elyla, una pieza que desnuda la violencia patriarcal enquistada en las tradiciones centroamericanas. La obra parte de una práctica colonial que persiste en Villa Sandino, Chontales, pueblo natal del artista: hombres a caballo intentan arrancar la cabeza a un pato vivo colgado de un poste; quien lo logra, invita a «la chica más bonita del pueblo» a la fiesta.

Elyla comenta que se trata de una tradición «súper patriarcal, súper violenta», aunque también advierte que no pretende demonizar las tradiciones, ya que hay muchas de carácter indígena que requieren ofrendas de animales, pero son hechas con mucho respeto, no con un ánimo de convertirse en deporte violento.

«Todo mi trabajo mira las tradiciones culturales, revisa la violencia colonial que existe en ellas, ve cómo esa violencia me afecta corpóreamente», afirma. La potencia de su propuesta reside precisamente en esa capacidad de transformar el dolor en ritual de sanación colectiva, de revestir memorias violentas con nuevas formas de comprensión.

En términos dicursivos, Elyla acuña y habita términos que desafían las epistemologías occidentales. Se nombra Elyla (el y la, cuya existencia en la «y» conecta lo binario) mucho antes de que el término non-binary circulara en las políticas identitarias globales. Se asume “cochón”, palabra nicaragüense usada peyorativamente contra las homosexualidades y recuperada como afirmación crítica de las desobediencias sexuales. Se reconoce chontal, del territorio ancestral Chontal, término que en náhuatl significa «extranjero» o «fuera de lugar», y que porta la herida de la exclusión pre y poscolonial.

«Me nombro como barro mestiza», sostiene Elyla, proponiendo un concepto que confronta las narrativas homogeneizadoras del mestizaje oficial. El barro mestiza no celebra la sumatoria sino que señala la ausencia y la herida, la fractura con sus múltiples líneas aún por nombrar. Es un llamado a la tierra antes que al blanqueamiento, una batalla epistémica contra «el paradigma del blanco mestizo».

Finalmente, «corpodivinidades» (término que titula la exposición) imagina una intersección entre cuerpo, deseo y espiritualidad, una búsqueda de parentescos travestis y sexo-disidentes arraigados en territorios mesoamericanos, alejados de las narrativas LGBTIQ+ del norte global. Así es como Elyla cuestiona la saturación de identidades políticas construidas desde otros espacios geográficos y de poder.

«Corpodivinidades llega por esa búsqueda para entender la disidencia sexual como el llamado de un conocimiento ancestral, como algo que viene de la Tierra», explica. No se trata de idealizar el pasado precolonial (reconoce que no todas las comunidades indígenas aceptaban las disidencias) sino de encontrar en los territorios maneras más amables de entenderse con los cuerpos, lejos del imperialismo de conocimiento regido por la academia del Norte.

De esta manera, la práctica de Elyla irrumpe en espacios públicos para tensionar la historia oficial, revisitar la tradición masculina revolucionaria, y visibilizar la presencia afrodescendiente e indígena invisibilizada en Nicaragua y Centroamérica. En trabajos recientes entrelaza lo humano, lo geológico y lo vegetal, subrayando la defensa del territorio mesoamericano.

Corpodivinidades se exhibe en el Museo Universitario del Chopo hasta el 29 de marzo de 2026.

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