Sergio Ramos Ponzón, investigador de la Universidad de Barcelona
Despenalizar la eutanasia no aumentó solicitudes en países europeos
En una charla vía Zoom con estudiantes del Programa Universitario de Bioética, el experto sostuvo que los trastornos mentales son tan válidos e incapacitantes como el generado por un problema físico, por lo que su evaluación debe ser tratada de manera individual
Despenalizar los procesos de eutanasia no lleva a un aumento de solicitudes para este tipo de procedimientos en pacientes con problemas de salud mental, según el estudio “Coercive measures in disability and mental health care services: Mechanical restraints from a bioethical and legal perspective in Spain” (veáse https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S016025272400116X?via%3Dihu), encabezado por el investigador de la Universidad de Barcelona (UB), Sergio Ramos Pozón, quien compartió parte de sus hallazgos con estudiantes del Programa Universitario de Bioética (PUB) de la UNAM.
Al ofrecer la charla vía Zoom “Eutanasia en casos de salud mental”, el profesor de Facultad de Enfermería en la UB, detalló que una revisión de este tipo de procedimientos en aquellas naciones europeas que lo han autorizado (Suiza y Países Bajos) muestra que, más allá de aumentar, los casos disminuyeron.
En Suiza, el estudio indica que el porcentaje de casos era de 6.3, y hacia 2018, era de 4.8; mientras que en los Países Bajos en 2019 los puntos porcentuales bajan a 1.3 %, cifra que se mantuvo hasta 2023.
Ramos Pozón comentó desde España: “El argumento empírico de que los casos aumentarían no es válido. Eso explica lo que está sucediendo en España, donde también encontramos inconvenientes para el procedimiento como una sobrecarga profesional (para médicos y enfermeras) por la documentación requerida, y muchas veces es un trabajo voluntario que se debe hacer además de la consulta habitual”.
Recordó que en 2021 entró en vigor en España una legislación que regula el contexto de ayuda para morir, y se basó en una serie de encuestas y requisitos que mostraban que al menos el 50 % de la sociedad estaba de acuerdo en la eutanasia o suicidio médicamente asistido.
Acompañado por Carol Hernández Rodríguez, investigadora del PUB, el filósofo destacó que la legislación establece requisitos clínicos para el procedimiento; es decir, ser residente legal, tener más de 18 años de edad, firmar el consentimiento informado, recibir y comprender la información médica, además de tener una enfermedad grave e incurable o un padecimiento crónico-imposibilitante.
En la sesión 13 de la Cátedra Extraordinaria de Bioética, el experto en ética precisó que en este proceso participan el médico tratante, un médico consultor externo, y la información de ambos es revisada por una comisión de garantías y evaluación.
Respecto a si la eutanasia debe ser permitida en pacientes con desórdenes mentales, un estudio liderado por Marie Nicolini, del Centro Hospitalario Universitario Saint Pierre, en Bélgica, revisó 42 artículos –publicados desde 2013– en las que se indica que el sufrimiento mental es tan válido e incapacitante como el generado por un problema físico.
El experto en ética añadió que también se suele creer que estos pacientes no son capaces de tomar decisiones por sí mismos, pero sería bueno evaluarlos de manera individual, no como un caso que se aplique a todos.
“Hay una serie de premisas al momento de valorar una competencia, y el diagnóstico en sí no define si una persona puede o no tomar una decisión; hay quienes tienen depresión o esquizofrenia y toman decisiones completamente autónomas, y personas con demencia, y no por eso dejan de ser competentes”, aclaró.
Resaltó que en la muerte asistida siempre habrá polémicas, como en la depresión crónica resistente a medicamentos, o en casos en los que el paciente deprimido desarrolla paraplejia y no es capaz de salir adelante; aunque hay quien argumenta que en un futuro puede aparecer un nuevo tipo de tratamiento, por lo que cabe la posibilidad de que el paciente se recupere, pero esa es una falsa esperanza.
Enfatizó que por eso, más allá de los pacientes de cáncer metastásicos o esclerosis lateral amiotrófica, en naciones como Holanda ya se considera la eutanasia para casos como el cansancio vital, que implica el sufrimiento existencial porque la vida ya no tiene sentido, especialmente en adultos mayores que han perdido a gran parte de su familia, y se ha determinado que no tienen depresión, simplemente están cansados de vivir.