
Hace 30 años el geógrafo David Harvey dejó de leer literatura marxista y se acercó directamente a la obra escrita por Carl Marx, hecho por el que recibió muchas críticas, pero lo hizo debido a que consideró que quería conocer de primera mano sus ideas de política económica.
Luego de su participación en el Congreso Internacional “México en la encrucijada global”, Reconocimiento a Enrique Semo, organizado por las facultades de Filosofía y Letras y Economía, el reconocido académico de la City University of New York destacó en entrevista que el pensamiento crítico, la reflexión sobre las ideas de Karl Marx y Federico Engels en su manifiesto comunista son muy importantes para comprender la situación del mundo actual.
Recordó que cuando inició sus estudios sobre dicho texto, debía lidiar con el hecho de que cada vez que mencionaba a Marx a sus colegas, éstos simplemente se reían y burlaban, algo que ocurría en 1940 y sigue pasando hoy. Pero ha encontrado algunas presentaciones muy útiles para comprender a Marx, particularmente en China e India.
De ahí que uno de sus grandes proyectos es tratar de hacer el trabajo de Marx más comprensible, y eso implica entender realmente el significado del texto. Al mismo tiempo hacer que la gente lo asimile, sin llegar a simplificarlo demasiado, y sin ser simplista.
De ahí que en su nuevo libro Harvey reflexiona sobre el capital y cómo influyó el tiempo y el espacio en su elaboración. Por ejemplo, es correcto pensar en el hecho de que, si Manchester no existiera, si los reportes de los inspectores de fábricas no existieran, Marx no habría escrito el capítulo dos de su volumen de El Capital.
Reflexionó sobre qué tan importante hubiera sido si la familia de Engels tuviera una fábrica en Birmingham y no en Manchester. En el primer caso, El Capital podría haber lucido muy diferente debido a la estructura industrial que era pequeña y fabricaba cosas como máquinas de vapor, armas, y la fuerza de trabajo era muy distinta a la que se veía en Manchester, donde estaba la empresa de su familia.
Entonces, comencé a pensar sobre las formas en las que el marxismo se habría visto afectado por el tipo de ambiente y material en el mundo material en el que vivían.
-En su opinión, ¿cuál es el papel de instituciones de educación superior públicas, como la UNAM, para generar un cambio en las nuevas generaciones, especialmente para los nuevos cambios económicos?
– Las instituciones son la base del pensamiento y la reflexión, y siempre funcionan. Si miras la historia del MIT, Caltech o algunas otras, siempre hay una gran corporación que las ha estado financiando. Y cada vez más, las universidades donde hay humanidades, han sido reducidas a lo que llamo operaciones especializadas.
Me gustaría pensar que ninguna academia es suficientemente caótica. Siempre puedes encontrar espacios donde operar y tratar de impulsar la alternativa. Pasé la mayor parte de mi vida dentro de la academia, tratando de crear sitios donde algo diferente pueda suceder. Pareciera una idea febril, sabes, una heterotropía, crear lugares donde algo distinto pueda ocurrir.
Muchos de mis colegas académicos más jóvenes se quejan de que no les he dejado suficientes espacios amplios. Yo les digo, eso es precisamente lo que tienen que hacer: salir y crear nuevos sitios. En el mundo académico existe un aparato disciplinario muy desarrollado, pero no es el mismo que en una empresa.
Entonces, cuando la gente se pregunta —¿qué debo hacer?— Y yo les digo, —bueno, hay una sugerencia: es la subversión—, y harían que algo aparezca. No es que me guste la idea de plantear la cuestión de proteger a los capitalistas del capital y convertirla en una pregunta marxista, porque eso pone al capitalista en un problema, ¿puedes salvarlos mejor que nadie?
La academia es suficientemente organizada en su caos y encuentro que hay cosas que ocurren en ella que en ningún otro lado sucederán. Ejemplo de ello sería tomar a 600 de los jóvenes que estuvieron aquí escuchando y hablar con ellos, no puedes hacer algo similar en IBM o en el Banco Mundial.
– Cómo visualiza usted el futuro para las siguientes generaciones en un mundo como el que mencionó en su conferencia, donde los pobres son más pobres y los ricos son más ricos.
– Creo que uno de los errores que se cometieron, tanto en los procesos de industrialización y desindustrialización, es que no se afecta a toda la economía, sólo ciertas partes. En la economía, una parte clave es la demanda de fuerza de trabajo, que sube y baja. Pero los trabajos ahora son muy diferentes, no todos pueden trabajar en un crucero, es decir, cuántas personas pueden viajar realmente. Lo que quiero decir, es que lo que la desindustrialización hizo no fue destruir todos los empleos, hizo un cambio en la división de las labores, en la economía.
El problema ahora es que en las universidades estamos entrenando a personas con la economía del pasado. No es muy claro qué tipo de fuerza laboral necesitaremos en la próxima década.
Ya hemos visto grandes cambios, pero no se bien qué ocurrirá, pero en el pasado, los cambios tecnológicos sugerían despidos masivos, se produjeron y esto cambió la naturaleza del empleo. En muchos casos, se trata de trabajos sin sentido y cosas así, esto lleva a una alienación masiva y así sucesivamente.
Una de las cosas sobre las que he escrito un poco es la cuestión de la nación universalmente establecida, los empleados unidos, una realidad que podría salvar a la próxima generación que, en efecto, será una fuerza alienada. Yo vengo de una época en la que, hay nostalgia por aquellos días en los que los mineros se declaraban en huelga, luchaban unidos y cosas así.
Pero tampoco podemos hacer que la economía se detenga, si lo quisiéramos, podríamos pensar en los aeropuertos, donde hay una gran concentración de personas y lo vimos hace poco tiempo, fuimos testigos de lo que ocurre cuando éstos espacios se cierran completamente por un par de semanas, esto genera un daño masivo a la economía.
En los esquemas de empleo actual, necesitamos una forma alternativa de pensar sobre la división del trabajo en la sociedad y nuevas posibilidades desde la izquierda. Hay mucho interés actualmente en el sector de los cuidados, por supuesto, por el envejecimiento de la población que implica una mayor demanda de atención. Por eso, el sector de los cuidados, si se le puede llamar así, ha experimentado un crecimiento explosivo.
– Usted mencionó en su charla que en su momento fue objeto de burlas por leer textos marxistas o a Marx, si pudiera viajar en el tiempo con la experiencia que tiene hoy, ¿qué le diría a su yo más joven?
– Creo que hay que empezar por algún lugar y, considero que debe ser aconsejar leer primero el Manifiesto comunista. Una de las cosas que he aprendido de la enseñanza en este tiempo es que ese documento es mucho más que una proclama, es una propuesta de intervención brillante.
El problema es que el Manifiesto Comunista fue escrito en 1848, y casi nadie lo había leído hasta 1872. Cuando apareció la segunda edición, Karl Marx y Federico Engels habían discutido que el documento debía estar ligado a un tiempo y espacio, así que sintieron que era necesario reescribirlo porque las condiciones eran muy diferentes a lo que cuestionaban en 1848, por ejemplo, todo lo relacionado con el antiutopianismo.
En cierto modo, tenían razón al decir que debían reescribirlo todo para adaptarlo a las circunstancias actuales y, entonces, Marx y Engels dijeron que si lo podían hacer, el documento sería algo histórico.
Me interesa leer a Marx en relación con la actual situación y una de las cosas que la gente suele apreciar en mi obra es justamente esa, poder conectar esas ideas con la vida diaria y no es solamente tener una serie de conocimientos extranjeros aplicados en un año, dígase 1865 o cualquier otro, el reto es leer el documento y aplicarlo con lo que sucede actualmente a la vuelta de la esquina.
Estoy realmente interesado en hacer un ejercicio con la inteligencia artificial planteándole imaginar qué escribiría Marx en la situación actual. Yo estoy escribiendo mi interpretación y Marx es mucho más colorido en el presente.
Creo que enseñar sobre Marx es algo que se debería hacer más, quiero decir, no hay razones para pensar que las personas lo entenderán mejor, sino porque en realidad, hoy es más preciso.