Evocaciones celorianas de aquella vez

“Escuchaban ‘Los amorosos’ mientras se amaban entre sí…”

uena el teléfono y toma la llamada Gonzalo Celorio. Mauricio López Velázquez le pide que recuerde un poco de lo acontecido aquella vez que Jaime Sabines colmó el Centro Cultural Universitario. El Premio Cervantes de Literatura 2025 accede amablemente a charlar cinco minutos. Luego cuelga y va a recuperar entre sus archivos el texto que leyó en ese entonces para presentar al poeta…

—No recuerdo cuál fue el día, pero sí sé que asistió Jaime Sabines a la Sala Nezahualcóyotl. Yo entonces era coordinador de Difusión Cultural de la UNAM. Lo trasladé en silla de ruedas, empujándola yo hacia el foro. Antes tuvimos algún espacio en donde él ya fumaba un cigarrillo sin tabaco, una especie de simulacro de cigarro, porque acababa de dejar de fumar Y ahí, en la Sala, tuvimos un encuentro muy cálido.

—¿Había emociones desbordadas en la Neza aquella vez?

—Lo que hicimos fue poner bocinas afuera de la Sala porque había un aforo, una cantidad de jóvenes estudiantes que querían entrar y ya no había lugar. Y eso que la Sala tiene más de dos mil butacas. Entonces pusimos unas grandes bocinas y los jóvenes estaban ahí arremolinados, en el pasto, en la plaza fuera de la Sala, oyendo «Los amorosos» mientras también se amaban entre sí. Era algo conmovedor.

—¿Sabines se emocionó?

—Pues no lo sé bien a bien, porque él no veía a los que estaban fuera, pero yo sí tuve noticia de ellos con mucha claridad y creo que después de haberlo presentado me di una vuelta por los alrededores de la sala mientras él decía sus poemas, y ocurría algo muy interesante: los jóvenes le pedían poemas como si fueran boleros.

—Como canciones o rolas de rock and roll…

—Sí. “Jaime, La tía Chofi…”, y entonces él respondía a la demanda del público y recitaba sus poemas de una manera maravillosa. Tenía una voz extraordinaria. Yo la había oido desde muy jovencito en el disco de Voz Viva de México: «Los amorosos», «La tía Chofi», “Yo no lo sé de cierto, pero supongo que un hombre y una mujer algún día se quieren». En fin, lo recuerdo como si fuera una cosa viva.

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