Casi un mes de estancia
Expedición puma Camex-1 regresa de la Antártica
Con 50 kilos de muestras de rocas y lodo investigarán cómo era el planeta hace 145 millones de años, los vínculos entre el espacio marino y el glaciar, y la relación con el clima global

Después de casi un mes, la Primera Campaña Antártica Mexicana (Camex-1) recolectó más de 50 kilos de muestras físico-químicas de rocas y lodo, las cuales serán analizadas durante más de un año en laboratorios universitarios, que será cuando se obtengan los primeros resultados de esta expedición.
El grupo científico universitario que la realizó tiene entre sus retos indagar cómo era la configuración del planeta hace 145 millones de años y descubrir los vínculos espacio-temporales entre el ambiente marino y el glaciar, así como su relación con el clima global.
Rafael López Martínez y Daisy Valero Fernández, investigadores del Instituto de Geología (IG); junto con Elsa Arellano Torres y Laura Almaraz Ruiz, profesoras de la Escuela Nacional de Ciencias de la Tierra (ENCiT), todos de la UNAM, zarparon a la Antártica (ubicada en el Polo Sur) el sábado 29 de noviembre y desembarcaron el sábado 27 de diciembre, casi un mes de campaña contando los viajes de ida y vuelta.
En el Seminario del Departamento de Dinámica Terrestre Superficial del IG, compartieron algunas de sus experiencias en ese sitio helado y ventoso donde realizaron muestreos para su trabajo de investigación.
Para realizar la campaña, contaron con el apoyo del gobierno de Ucrania, país que facilitó el trabajo de CAMEX-1 en su Estación Antártica Akademik Vernadsky y a bordo del buque rompehielos Noosfera.
El pasado
“La Antártica es el corazón que bombea la circulación profunda de los océanos, queremos descubrir los vínculos espacio-temporales que hay entre la parte glaciar y la marina”, comentó Elsa Arellano Torres.
Explicó que por medio de la circulación termohalina (corriente oceánica global impulsada por diferencias de densidad causadas por variaciones en temperatura y salinidad) se conecta todo el planeta visto desde el océano.
“El registro paleoclimático (del clima del pasado) de este entorno único nos dará mucha información sobre los procesos que han ido ocurriendo y sobre cómo han cambiado esos procesos climáticos naturales con la influencia que los seres humanos hemos tenido en la Antártica”, detalló.
La especialista narró que junto con su colega de la ENCiT Laura Almaraz Ruiz (ausente en el seminario), realizó un crucero oceanográfico en el que viajaron más allá del Círculo Polar Ártico. “Hicimos muestreos de parámetros fisicoquímicos y biológicos, datos de clorofila, mediciones de oxígeno y nutrientes, además de muestras de agua de diferentes profundidades del océano, entre otros”.
También hicimos muestreos biológicos de los organismos que viven en la superficie, como bacterias, y de animales bentónicos, que habitan en el fondo de los ecosistemas acuáticos.
“Haremos trabajo paleoceanográfico y sedimentológico, analizaremos muy bien estos registros, siempre apoyados de aquellos estudiantes que se animen a formar parte de todo esto”, añadió.
Arellano Torres precisó que, gracias a la circulación termohalina el océano se encuentra oxigenado, por lo que la vida marina está muy vinculada con ese tipo de circulación. También el dióxido de carbono es parte de los gases que se disuelven e ingresan con esas aguas heladas, que son reservorios de todo el mar profundo y transmiten calor.
“La sensibilidad climática de la península Antártica es muy importante, pues ahí convergen tres grandes océanos: Atlántico, Índico y Pacífico, los cuales llevan agua relativamente más cálida a ese sitio”.
Respecto a los estudios geológicos en la Antártica, Rafael López Martínez, investigador del IG, dijo que ese continente tiene una geología extremadamente compleja con grandes coberturas de hielo y muchos afloramientos, es decir, depósitos antiguos en la superficie terrestre no cubiertos por suelo que se forman por erosión o levantamientos tectónicos.
Narró que en la estación Vernadsky (que pertenece al grupo de las llamadas Islas Argentinas) siguieron una especie de carreteras que hacen los pingüinos al caminar para identificar ciertas rocas de interés, pues ellos no anidan en el hielo, sino en las rocas, por eso identifican los afloramientos.
Venciendo vientos de 60 kilómetros por hora que dificultan caminar (la Antártica es uno de los sitios más ventosos del mundo), los científicos levantaron secciones estratigráficas y tomaron muestras para fechamiento.