Se presentará un concierto de cámara en el CCU

Homenaje al compositor Federico Ibarra por sus 80 años

Con más de cinco décadas de trayectoria, ha renovado la ópera en español, conciliado vanguardia y tradición, y convertido la docencia en uno de los pilares de su legado artístico

Foto: cortesía INBAL.

El compositor, docente, investigador y gestor cultural, Federico Ibarra (Ciudad de México, 1946) acaba de cumplir los 80 años con gran vitalidad (si bien dice que ahora busca estar más tranquilo). Dueño de una obra musical extensa que se ha convertido en uno de los cimientos más sólidos de la tradición mexicana actual.

Para celebrarlo, la Dirección de Música de la UNAM ha programado un concierto de cámara con una selección de su obra, que se llevará a cabo el 15 de agosto a las 18 horas en la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario (CCU). Contará con una charla previa en la que estará presente Ibarra, moderada por Antonio Crestani y en la que participarán Luis Miguel Lombana, Verónica Musalem y Leonardo Coral. Además, en septiembre se celebrará un concierto con selecciones de sus piezas vocales, a cargo del Ensamble Solistas de Bellas Artes.

El compositor y profesor emérito de la UNAM, con más de 50 años de trayectoria, ha creado un corpus musical con el que ha revitalizado la ópera en español, creado puentes entre la música de vanguardia y las formas melódicas de antaño, e incursionado en sonatas, sinfonías y piezas de cámara, entre otras, declarándose un nativo de lo escénico. Además de su labor como investigador y docente.

Ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2001 y de la Medalla Bellas Artes en 2015, entre muchos otros reconocimientos, creó un fideicomiso en 2011 que promueve la edición y divulgación de su obra y colabora con la Dirección de Música de la UNAM para otorgar el Premio Nacional Federico Ibarra–Nueva música orquestal, que premia la obra de una compositora o compositor con un apoyo monetario y con la interpretación de la obra a cargo de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM).

En 2024, se estrenó su más reciente ópera, El vencedor vencido, con libreto de Enrique Serna, que se interna en la demencial expedición de Hernán Cortés a las Hibueras (Honduras), en 1524.

Para José Julio Díaz Infante, director general de Música UNAM, el itinerario de Ibarra tiene dos tiempos bien diferenciados: unos inicios volcados a la experimentación y a propuestas más vanguardistas, y una etapa posterior orientada a la expresividad, ya distanciada de aquella búsqueda. Su huella, dijo, se prolonga hoy en las generaciones que pasaron por sus aulas en la Facultad de Música, aunque, matizó, es la ópera el territorio donde su legado resulta más reconocible.

Con motivo de este homenaje, Ibarra habló de las decisiones que han marcado su trayectoria: desde la apuesta por la ópera en español hasta cómo ha conciliado vanguardia y tradición. “Me ha interesado el denunciar, el poder presentar al público una serie de intereses que nos atañen a todos; creo que es importante verlos representados en un teatro y en un espectáculo operístico”, afirmó.

Desde Leoncio y Lena y Orestes parte, sus primeras óperas, hasta El vencedor vencido, la más reciente, ha vuelto una y otra vez sobre el absurdo, la corrupción y la tragedia del poder: temas que, aseguró, atraviesan buena parte del siglo XX mexicano y que hoy podrían extenderse hacia fenómenos que entonces no se avizoraban, como el crimen organizado.

“El reto, al principio, fue que no se entendía lo que se cantaba”, recordó sobre su decisión de escribir ópera en español, en una época en la que el repertorio de las salas mexicanas era predominantemente belcantista y de siglos pasados, y en la que los cantantes apenas se desplazaban en escena. Ibarra tuvo que ensayar durante años una dicción cantada que resultara inteligible, y encontrar una teatralidad capaz de volver vital lo que hasta entonces resultaba acartonado.

“La época de la Conquista había sido un tema tabú”, señaló sobre el origen de El vencedor vencido. Durante años buscó a algún escritor dispuesto a abordar ese material; el encuentro con Serna, que compartía la misma inquietud, fue, en sus palabras, “una afortunada coincidencia”.

Respecto a la posibilidad de una siguiente ópera, Ibarra rio y respondió: “Quererme adentrar en otra ópera es como querer levantar otra pirámide”. El trabajo, precisó, sigue siendo tan monumental como el primer día, aunque el poder en sus nuevas formas continúe atrayéndolo.

“Siempre he tenido en mente presentar algo fantástico dentro de un espectáculo”, indicó. Le atrae adentrarse en los cuentos infantiles, como lo ha demostrado con las óperas sobre El principito o Alicia en el país de las maravillas, porque permiten, sostuvo, tomar distancia de ciertas preocupaciones sociales sin renunciar a ellas: presentarlas como fábula y, desde ahí, reflexionarlas de otro modo.

“Mi preocupación por hacer sonatas no es banal”, explicó sobre otro de los ejes de su obra: la música instrumental y de cámara, terreno en el que, según ha señalado la crítica, ha tendido un puente entre el lenguaje de vanguardia con el que experimentó en los años 70 y 80 y las formas melódicas de tradición. Para Ibarra, la sonata fue el sustento que permitió que esa exploración no se disolviera en pura experimentación sin cauce.

“La labor docente se me hace la más importante”, aseguró sobre sus décadas como profesor en la Facultad de Música, institución de la que hoy es emérito. Ahí fundó un taller de composición que colocó a esta disciplina, antes una materia más entre muchas, en el centro de la formación de nuevos compositores. El taller como tal, reconoció, ya no existe, pero su método sobrevive en las clases que hoy imparten sus propios exalumnos.

El concierto de cámara del 15 de agosto reunirá tres piezas representativas del catálogo de Ibarra: Cinco manuscritos pnakóticos (1977), en cinco breves movimientos; la Sonata para violín y piano (2013-2014); y El viaje imaginario (1994), para violín, clarinete, violonchelo y piano, en un programa de unos 75 minutos. Lo interpretarán el violinista Cuauhtémoc Rivera, el violonchelista José Luis Gálvez, la clarinetista Alba Artea y la pianista Yolanda Martínez.

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