Se presentará en la Sala Miguel Covarrubias
Giselle, acto de justicia y memoria a través del cuerpo

Luego del engaño amoroso de Albrecht, Giselle muere desilusionada. Hilarión, su pretendiente, busca en el bosque la tumba de su amada, cuando aparecen las Willis, espíritus de mujeres muertas antes de casarse que, lideradas por Myrtha, buscan venganza: harán bailar al cazador hasta que muera.
En este famoso cuadro incluido en el segundo acto del canónico ballet Giselle, la coreógrafa Melva Olivas encontró una analogía con la violencia que en la actualidad se ejerce contra las mujeres en México.
“Leí que las Willis, seres de la mitología eslava, eran espíritus que en vida ‘no pudieron cumplir su rol como mujer’, ya sea porque murieron vírgenes, traicionadas o porque no les fue posible ser madres. Esto conecta con la violencia de género. En México hay muchas mujeres que, por la violencia, no lograron realizar su rol como ser humano. Les fue arrebatado su motivo de vida”, aseguró Olivas en entrevista.
Las Willis se asemejan a esas mujeres asesinadas convertidas en cifras, esos seres incorpóreos a los que había que dotar de presencia física a partir de la danza. Así surgió Giselle, las que no volvieron, una lectura de la pieza de ballet clásico desde la danza contemporánea, una adaptación de una historia de amor romántico que deviene reflexión sobre la violencia somática.

Olivas, subdirectora artística del Taller Coreográfico de la UNAM (TCUNAM), es la coreógrafa de Giselle, las que no volvieron, obra que será estrenada por el TCUNAM, bajo la dirección de Irina Marcano, el próximo domingo 5 de octubre, a las 18 horas, en la Sala Miguel Covarrubias, como parte del Festival Cultura UNAM. Ese mismo día, a las 12:30, habrá un ensayo general abierto al público, al que se podrá ingresar previo registro.
La música de Adolphe Adam será interpretada por la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, bajo la dirección de Luis Manuel Sánchez. Jésica Elizondo es la escenógrafa y encargada de la iluminación.
Melva Olivas comentó que la coreografía, que también se presentará en el Festival Internacional Cervantino, en Guanajuato, es un reto en su carrera, pues es la primera vez que trabaja con un grupo de 16 bailarines y que hace un montaje con música orquestal en vivo.
La trama de Giselle, en la versión original de 1841, tiene su origen en la obra De l’Allemagne, de Henrich Heine, que retomaron Théophile Gautier y Jules- Henri Vernoy para armar el libreto del ballet, cuya coreografía es de Jules Perrot y Jean Coralli.
Esta obra es sintetizada por Olivas para ubicarla en el contexto mexicano. La historia de amor incluye un ángulo que la coreógrafa sonorense enfatiza en su versión: la venganza.

“Una de las preguntas que me hice para armar la narrativa me remite al segundo acto, en el que las Willis buscan venganza. Ellas hacen bailar a los hombres hasta que mueren de agotamiento y también están destinadas a bailar. Matan a Hilarión, pero Giselle perdona a Albrecht por su amor incondicional. Creo que ahora, en el contexto latinoamericano, cuando el feminismo critica el amor romántico, ciego e incondicional, no podía ser ese el final. Tampoco creo que la respuesta sea la venganza. No todo hombre que pase por el bosque de las Willis tiene que ser ajusticiado”, enfatizó.
“En la dramaturgia reformulé una pregunta: ¿se puede perdonar sin haber justicia? Esa es la parte humana y la que conecta con nuestro contexto. La solución no es la venganza, sino de qué manera hacer justicia, tanto en la obra como en la realidad”, agregó.
—¿Es la danza la disciplina ideal para devolver a los espíritus de las mujeres muertas su calidad de cuerpo?
—En ese punto se conectan las partes política y humana de la obra. Las Willis son espectros en la versión clásica. Su movimiento es ligero y flotado. En esta versión es todo lo contrario. Ellas son los cuerpos de todas las mujeres desaparecidas. Hay una sensación de resistencia, denuncia y peso que no tiene la versión clásica. En la danza somos cuerpos y hay que ponerlos en escena. Hay muchos cuerpos que nos faltan, las cifras son alarmantes. Lo que hacemos ante la violencia es tomar distancia, porque si lo asumimos puede paralizarnos, no saldríamos a la calle.
