Conversatorio entre expertas universitarias

Hablar de clases sociales y racismo es fundamental…

Para entender las desigualdades se echa mano de explicaciones raciales.
La afirmación de que no hay razas, pero sí racismo, sigue siendo necesaria y pertinente en la actualidad, porque los discursos racistas y racialistas de finales del siglo XIX e inicios del XX nunca perecieron. Hablar de clases sociales también tiene una vigencia total, señalaron académicas de la UNAM.

En el Seminario Institucional Nacionalismos y Racismos: Nuevas configuraciones, Sarah Abel, investigadora del Instituto de Investigaciones Filosóficas (IIFs), aseguró que el racismo no acabó con el fin de la esclavitud ni con la descolonización; tampoco con los hallazgos de que, genéticamente, los humanos somos 99.9 % iguales.

Al participar en el conversatorio Un diálogo siempre presente: ¿Por qué es importante hablar de raza y de clase social?, Silvia Soriano Hernández, académica del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC), explicó que tales conceptos implican un sistema clasificatorio, jerarquías y la categoría que sigue: racismo y clasismo. Las estructuras de poder se fortalecen con esos discursos.

La integrante del IIFs añadió que los discursos ideológicos del racismo mutaron y comenzaron a destacar las diferencias culturales, más que biológicas. Pero las estructuras sociales no cambiaron en gran medida y las poblaciones que históricamente fueron víctimas de la esclavitud, la colonización y los discursos racistas siguen globalmente en posiciones de desventaja y sufren de impedimentos para el ascenso social.

En México, destacó la universitaria, estas desigualdades son muy visibles. “Nos parece normal que las personas que ocupan trabajos humildes sean morenas o con rasgos indígenas, mientras que los CEO’s, los banqueros y la gente que frecuenta clubes de golf sean de piel clara”.

Se dice que el racismo es “cosa del pasado”, o “de Estados Unidos”, o que nunca lo hubo porque la nación siempre fue mestiza, y para entender las desigualdades se echa mano de explicaciones raciales: “los indígenas no son capaces de hacer el trabajo de un banquero” o “no les gusta cambiar su situación”, o “los blancos nacen para ocupar posiciones de poder”.

Cuando afirmamos que esto no se trata de raza, sino de racismo, sentenció, visibilizamos la verdadera causa, histórica y social, de esas desigualdades, que son el resultado de la opresión, y podemos nombrarlas como lo que son: injusticias.

La especialista originaria de Reino Unido dijo que clasismo y racismo van de la mano, sobre todo en sociedades latinoamericanas, pero son fenómenos con características y efectos distintos.

Detalló que el racismo modifica las oportunidades sociales y económicas dentro de una clase: “si eres de la clase obrera, pero con piel clara y facciones racializadas como blancas, estadísticamente tienes mejores posibilidades de ascenso social que alguien racializado como moreno, negro o indígena”.

En la sesión coordinada por Natividad Gutiérrez Chong y Sergio Sarmiento Silva, ambos investigadores del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), la universitaria precisó que la racialización sigue impactando nuestra experiencia y oportunidades sociales.

Silvia Soriano Hernández explicó que hablar de clases sociales tiene una vigencia total; es una herramienta metodológica y dejarla de lado es tan grave como hacerlo con el concepto de raza. “Es fundamental y hay que tenerlo presente; ayuda a entender el clasismo que se vive en nuestras sociedades”.

La integrante del CIALC rememoró que las clases sociales no existieron siempre. “Tienen que ver con el desarrollo de las fuerzas productivas y de la división del trabajo. Ahí surgen y están jerárquicamente establecidas”.

Pero, aclaró, no han sido siempre las mismas; se han ido transformando y, algunas, desaparecido, por el mismo desarrollo de las fuerzas productivas. Las clases sociales es un tema de relaciones de explotación, donde un grupo minoritario, detentador también del poder económico, se aprovecha del trabajo que realiza la gran mayoría de la población.

Las clases sociales no viven en armonía; se da una lucha entre ellas, un antagonismo. Hay inconformidad por muchas de las poblaciones subordinadas; desean terminar con las relaciones de opresión y de explotación, y para ello tienen diferentes mecanismos.

En sociedades desiguales, esos sectores de la población subordinados han buscado formas de organizarse, como partidos o sindicatos. Hay un elemento que conviene tener presente: la conciencia de clase.

Finalmente, en la sesión virtual, Soriano Hernández sugirió vincular el análisis de las clases sociales con la distribución desigual de la riqueza.

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