Conferencia magistral de Juan Carlos Barrón Pastor, director del CISAN

Hay que generar protocolos de seguridad digital con una perspectiva humanista

Nuestros principios éticos deben ser muy fuertes para mantener, habilitar y sostener los vínculos sociales

La figura del migrante se ha convertido en un elemento clave del discurso global de otredad y rivalidad, lo que marca un momento crítico en la psicopolítica actual, afirmó Juan Carlos Barrón Pastor, director del Centro de Investigaciones sobre América del Norte.

En los discursos xenófobos y excluyentes, Estados Unidos es un actor preponderante. Donald Trump y su grupo político “nos han elegido a los mexicanos como su némesis, su antinomia”, y en ese contexto el desarrollo tecnológico que tiene que ver con fronteras digitales –con el uso de inteligencia artificial (IA) con fines de persecución de personas– se ha convertido en un gran reto, añadió.

Por otro lado, la IA representa una herramienta de la que podemos auxiliarnos para hacer parte de nuestro trabajo. Recientemente, en la UNAM se creó el Consejo Coordinador de Inteligencia Artificial, “porque necesitamos incorporarla a la práctica universitaria de aprendizaje y profesional, pero al usarla debemos estar alertas y ser críticos de lo que representa”, explicó al participar en el Seminario Permanente Internacional Interdisciplinario sobre Emergencia Social Comunitaria (SEPIIESOC 2026).

Al dictar la conferencia magistral “Democracia y tecnologías: ética y gobernanza digital”, Barrón detalló que en Estados Unidos se ha generado el denominado Sistema de Gestión de Casos Alternativos a la Detención, donde el migrante deja de ser un sujeto de derecho, para convertirse en un perfil de riesgo algorítmico. Con estas tecnologías, agencias como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) utilizan vigilancia biométrica, reconocimiento facial o geolocalización.

En la sesión moderada por la titular del Programa Universitario sobre Cultura de Paz y Erradicación de las Violencias, Leticia Cano Soriano, el funcionario agregó que al hacer una solicitud de asilo con la aplicación CBP One, de los Estados Unidos, se deben incorporar datos biométricos, como la pupila e información o el uso de redes digitales, que pasan a formar parte de un historial digital.

“El software está diseñado para crear un algoritmo sesgado a fin de determinar qué tan ‘peligrosa’ es la persona, asumiendo de entrada que por ser migrante debería serlo. La frontera ya no es sólo física, ahora también es digital”. Como profesionales con una visión humanista, que trabajamos con ese sector, necesitamos entender el miedo y la soledad en que se encuentran e intentar construir un tejido social que les ayude a enfrentarse a esta lógica algorítmica”.

Barrón Pastor invitó a los asistentes –tanto en la sala de videoconferencias de la Escuela Nacional de Trabajo Social como a quienes seguían la transmisión a distancia– a no evadir o criminalizar el uso de la innovación tecnológica. En la Universidad estamos obligados no sólo a aprender a emplear estas herramientas, sino a generarlas lo antes posible. “Estudiantes y egresados deben contar con capacidades tecnocríticas y el conocimiento para impugnar la supuesta objetividad del algoritmo”.

Hay que conocer su funcionamiento para contrarrestarlo con protocolos de seguridad digital basados en derechos humanos, protección de la privacidad y una posición humanista, y reducir el riesgo de exposición de las comunidades y las personas. “Vamos muy atrasados en materia jurídica: necesitamos un sistema más veloz para adaptarse a estas dinámicas”, consideró.

La Universidad está fundada en principios humanísticos, de dignidad humana, palabras que recobran particular importancia ante la tentación tecnologizadora de que la máquina tiene razón, y hasta nos hace dudar de nosotros mismos. Nuestras bases éticas deben ser muy fuertes para mantener, habilitar y sostener los vínculos humanos, opinó.

Es importante la creación de vínculos humanos en entornos hipervigilados para comprender cómo se genera el encuentro persona a persona, y distinguir que cuando compartimos datos a través de redes, por ejemplo, en automático autorizamos a una compañía que los va a usar conforme a sus propios fines.

Las corporaciones tecnológicas obtienen ganancias monumentales, las comunidades migrantes y las personas vulnerables son la principal materia prima para la generación de los datos que alimentan los algoritmos. Frente a esto, urge una disidencia algorítmica. Necesitamos construir dinámicas basadas en la dignidad humana y el contacto social personalizado, más allá de las narrativas estandarizadas de los algoritmos.

No podemos dejar de usarlas, de generarlas y ser parte del mundo, pero también hay que tener un conocimiento crítico y actitud humanista en defensa de la dignidad humana, de los lazos comunitarios y poner nuestro “grano de arena” en la construcción del tejido social con el cual saldremos adelante, concluyó Barrón.

También podría gustarte