Rosa Beltrán encabezó el reconocimiento

Homenaje a Hugo Hiriart, maestro de lo profundo y (también) lo lúdico

Foto: Barry Domínguez.

Hugo Hiriart es un escritor de mente lúcida, prosa impecable y espíritu juguetón. Posee una cualidad única: la de ser serio, sin ser solemne; la de explorar las grandes preguntas de la existencia con una ligereza que desarma, señaló Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM.

Durante el homenaje al autor de Galaor, Beltrán afirmó: “Celebramos a Hugo Hiriart el dramaturgo, el novelista y ensayista, el maestro y el amigo. También el autor que cambió a muchos de mi generación. Sus obras son un despliegue de ingenio, erudición y de una profundidad enorme”.

Añadió que Hiriart “tiene la rara habilidad de escribir sobre temas profundos como la filosofía, la religión, la ciencia, el amor y la soledad, con la ligereza de un ilusionista”.

En el homenaje, realizado en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario el pasado domingo, participaron Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Germán Jaramillo, Ángeles Mastretta, Martín Solares, Guillermo Sheridan, Juan Meliá y Juan Ayala.

El escritor Martín Solares, moderador del homenaje, preguntó al dramaturgo Antonio Castro si era cierta la leyenda respecto a que había montado con Hugo Hiriart una obra en un par de semanas. Castro recordó ese suceso y compartió con el público que Hiriart cree que en México se ensaya mucho y que era necesario reducir los procesos de producción.

Antonio Castro precisó que las obras de Hugo Hiriart “nos hicieron ver que existían otros caminos: la imaginación, el caos y el arte contemporáneo, los objetos, los títeres, el humor. El lenguaje sobre el escenario no tenía que ser necesariamente coloquial, se alimentaba de una multitud de tradiciones que podían ir del Siglo de Oro español a las vanguardias del siglo XX”.

Por su parte, el escritor Héctor Aguilar Camín indicó que Hiriart “es un calígrafo de mano y de alma, escribe y dibuja al mismo tiempo, es nítido y complejo como el tejido de una telaraña. La verdad de su escritura y de su lectura está en el viaje, no en el punto de salida, ni en el de llegada; no en la trama de sus enigmas”.

El arte de la escritura de Hugo Hiriart es vecino de su conversación, enfatizó el autor de La guerra de Galio. “Conversa reposadamente con un toque socrático, esperando su turno para introducir un parlamento, a menudo una pregunta, por ejemplo: ¿Tú crees imaginable un mundo sin Dios?”.

El actor Germán Jaramillo, protagonista de la película La virgen de los sicarios, evocó lo siguiente: “Cuando estábamos en los ensayos nos miraba de una forma absorta, silenciosa siempre, con una risa, irónica y a la vez piadosa, como diciendo: nunca te acercarás a lo que estás buscando, nunca encontrarás lo que persigues y eso es una manera muy exquisita de dirigir a un actor, porque hay que decirle pocas cosas; siempre la generosa actitud de un director espera que el actor revele lo que quiere ver”.

El historiador Enrique Krauze y director de la revista Letras Libres explicó que “hay una república distinta de la que está muriendo en México, es la república de las letras. Tiene una larga historia, nunca interrumpida, desde tiempos prehispánicos, de Nezahualcóyotl a Octavio Paz. Es una congregación plural de poetas, cronistas, historiadores, dramaturgos, novelistas, ensayistas, filósofos, pensadores. Es un árbol que cobija y siempre reverdece”.

En nuestra república de las letras, añadió, “vive un escritor (Hugo Hiriart) que desde hace más de 60 años ha ejercido con inimitable gracia, en el sentido original de la palabra, como un don casi divino, gozoso y benévolo que debemos agradecer, todas las manifestaciones de la literatura”.

La autora de la novela Arráncame la vida, Ángeles Mastretta, dijo que Hiriart “va por el mundo con la paz de quien nombra lo inesperado y quien muchas veces, al tiempo que lo nombra, lo inventa. Hugo es un hombre sabio, de los que además son eruditos, semejante mezcla lo vuelve un escritor extraordinario. Eso tampoco le importa oírlo, ni lo cree, ni le preocupa. Es un escritor privado y silencioso, uno de esos tesoros que no se andan contando, que se leen en la noche a trozos y se celebran entre los elegidos sin mayor escándalo”.

Guillermo Sheridan, por su parte, acotó que “Hugo Hirirat es un cabal representante de una tipología particular que no abunda, la del heterodoxo mexicano, sobrado de olfato y falto de gravedad. El heterodoxo observa desde la periferia, en su dentadura hay un filo de cinismo. En su ojo, el afecto por la precisión, en sus dendritas el amor al equilibro intelectual”.

Finalmente, Juan Meliá, director de Teatro UNAM, aseveró que hay una pregunta que atraviesa la obra de Hiriart: “¿Qué implica pensar el teatro como un espacio de libertad? En cada página encuentro ecos de interrogaciones, silencios que piden ser escuchados, visiones que no exigen obediencias, sino diálogo. Al pensar en él, lo primero que viene a la mente es su gran pasión”.

También podría gustarte