Homenaje en el Instituto de Física
Luis de la Peña concebía la ciencia como una herramienta para comprender la realidad
Entendía que el conocimiento no se desarrolla al margen de la sociedad: Leonardo Lomelí

El rector Leonardo Lomelí Vanegas afirmó que el conocimiento alcanza su mayor sentido cuando se debate y se pone al servicio de todas y todos. El investigador emérito Luis de la Peña Auerbach (1931-2026) concebía la ciencia como una herramienta para comprender la realidad y un medio para participar activamente en la construcción de un mundo más justo, libre y consciente.
Recordar al doctor De la Peña, añadió, es reconocer una vida consagrada a la ciencia, a la formación de nuevas generaciones y a los valores más altos de nuestra Universidad. “Su partida representa una pérdida profundamente sentida para su familia y seres queridos. Deja también una ausencia significativa en la física mexicana, a cuyo desarrollo dedicó décadas de trabajo riguroso, creativo y comprometido”.
En el homenaje al investigador del Instituto de Física (IF) fallecido en mayo pasado, el Rector agregó que el distinguido universitario entendía que el conocimiento no se desarrolla al margen de la sociedad. Por esta razón, defendió una práctica responsable y crítica, siempre atenta a sus consecuencias. Frente al acelerado avance tecnológico, la concentración de los saberes y las desigualdades persistentes, esta concepción conserva plena vigencia. “La verdadera dimensión de una trayectoria no se mide sólo por los premios, los artículos o los libros, sino además por las preguntas que sembró, la confianza que depositó en sus estudiantes y la generosidad con la que compartió su experiencia”.
Para él, la ciencia no consistía sólo en aplicar teorías o dominar procedimientos. Exigía interrogar, identificar los problemas no resueltos y buscar explicaciones capaces de relacionar el formalismo matemático con la realidad. Esa voluntad de ir más allá de las respuestas establecidas dio originalidad, consistencia y solidez a sus investigaciones, mismas que alcanzaron proyección internacional y abrieron perspectivas novedosas para el estudio de la mecánica cuántica.
La producción académica de Luis de la Peña incluye más de un centenar de artículos y más de una docena de libros publicados en México y en el extranjero. Entre ellos ocupa un lugar importante Introducción a la mecánica cuántica, un texto que se convirtió en una referencia para estudiantes de licenciatura y posgrado. Fue nombrado investigador emérito de este Instituto en 1994 y recibió, entre otras distinciones, el Premio Universidad Nacional, el Premio Nacional de Ciencias y Artes y el doctorado honoris causa que otorga nuestra Universidad, rememoró Lomelí Vanegas.
Su obra, concluyó el Rector, tampoco quedó circunscrita a los campos especializados. Fue un divulgador apasionado: colaboró en la sala de física cuántica de Universum, participó en la creación del Museo de la Luz y, mediante libros como Albert Einstein: navegante solitario, acercó al público la historia y las ideas de la física moderna.
En el Auditorio Alejandra Jáidar del IF, su directora, Mercedes Rodríguez Villafuerte, expresó que hablar de Luis de la Peña es evocar la excelencia de un científico en el más amplio sentido de la palabra, la agudeza teórica del físico apasionado por la mecánica cuántica y la electrodinámica estocástica, y la vocación inquebrantable del maestro que dedicó décadas a formar mentes críticas en las aulas de nuestra Universidad.
En presencia de la coordinadora de la Investigación Científica, Soledad Funes Argüello, Ana María Cetto Kramis, investigadora del IF y compañera de vida del homenajeado, dijo que De la Peña era universal; le gustaba “navegar por los océanos y descubrir nuevos territorios”.
La investigación y la docencia eran para Luis de la Peña dos caras de la misma moneda: ambas le merecían la misma atención y cariño. La pasión por compartir conocimientos la volcó también hacia la comunicación de la ciencia. Él luchó su vida entera por una transformación progresista y humanitaria en todos los ámbitos.
Gabriela García Acosta, directora de Estrategias de Investigación Aplicada de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, al leer el mensaje de la titular, Rosaura Ruiz Gutiérrez, mencionó que al homenajeado no le bastaba con saber que una teoría funcionaba; quería entender por qué lo hacía y qué implicaba para nuestra comprensión de la realidad.
Por último, Luis Felipe Jiménez García, director de la Facultad de Ciencias, destacó la práctica docente de excelencia de De la Peña en la entidad a su cargo. Tuvo una interacción constante con estudiantes a través de la impartición de cursos, y la dirección de tesis de licenciatura y posgrado. “Deja una huella imborrable en las aulas”, concluyó.
Palabras introductorias de Ana María Cetto
en el homenaje a Luis de la Peña Auerbach
Según el programa, los próximos minutos están dedicados a la vida y obra de Luis de la Peña. Pero eso sería tan surrealista como pretender encerrar las aguas de un océano en un cubo.
Luis era universal. Le gustaba navegar por los océanos y descubrir nuevos territorios. Pero no veleaba, porque eso de dejarse llevar por los vientos no era lo suyo. Tampoco lo era el quedarse en la superficie, nunca lo fue. Él surcaba los océanos dejando marcas profundas. De repente, se sumergía, buceaba y exploraba hondo hasta alcanzar los rincones más oscuros, ahí donde pudiera encontrar el origen de las cosas. Sabía que era la forma de llegar más lejos.
Entonces salía a la superficie y continuaba su viaje hasta alcanzar tierra firme.
De pequeño se inició en el mundo de la pintura, de la que queda su autorretrato como único recuerdo. Pero Luis también tenía alma de constructor, le gustaba armar cosas. Era curioso e inquisitivo y le gustaba desarmar las cosas para entender cómo y por qué funcionaban. Así comenzó a probar las aguas de la ingeniería como radiotécnico en un taller, continuó instalando los primeros equipos de alta fidelidad en México y, finalmente, se adentró profesionalmente en el mundo de las comunicaciones y la electrónica. Aunque instalar antenas para las radiodifusoras o los canales de televisión que comenzaban a operar en el país le habría abierto las puertas a una cómoda y exitosa carrera profesional, su destino no era ese.
Zarpó rumbo al océano más vasto y profundo con el que había soñado desde tiempo atrás, el de la física teórica. Dedicó 60 años de su vida a explorarlo a fondo, seis décadas de trabajo fecundo sin desperdiciar un minuto. Vistos los resultados en retrospectiva, pareciera que se había trazado un programa con objetivos, metas y productos entregables.
Pero Luis no solía formular ese tipo de proyectos; su itinerario en la física era más bien el reflejo de un impulso interno que le servía de guía. Ese impulso lo llevó a investigar la mecánica cuántica capa por capa hasta llegar a sus fundamentos. De esto hablarán algunos de sus colegas en el primer panel de hoy.
Como saben bien sus alumnos de incontables generaciones, para Luis la investigación y la docencia eran dos caras de la misma moneda. Ambas le merecían la misma atención y el mismo cariño. Era tan importante para él entender la MQ y desvelar sus misterios, como ayudar a los más jóvenes a aprenderla y entenderla. De ello queda como testimonio su Introducción a la mecánica cuántica, una obra única y ejemplar que fue perfeccionando edición tras edición, y que sirvió de base para un problemario y para el texto más reciente, escrito en inglés junto con el respectivo problemario, para su difusión universal en acceso libre. Los colegas que participan en el segundo panel nos hablarán con más detalle de él como maestro.
La misma pasión por compartir conocimientos la volcó hacia la comunicación de la ciencia. Aplicó con placer y creatividad su doble formación de ingeniero y físico teórico, diseñando y construyendo equipos para museos y exposiciones. Sus libros de la colección La Ciencia para Todos, del FCE, se leen con deleite por la forma en que entreteje la historia de la ciencia y las vidas de sus forjadores con las explicaciones de los fenómenos y los conceptos científicos. De esto y otras cosas nos hablarán los ponentes de la sesión que precede a la comida.
Una convicción de Luis, que plasmó tanto en su investigación como en su labor docente, es la importancia de tener siempre presente la historia y la filosofía de la ciencia. Era un lector asiduo y tenía una memoria prodigiosa para la historia. Su cultura filosófica, que compartía en largas discusiones con Tomás Brody y con filósofos de la ciencia, la usó de brújula para sumergirse en la física de la mecánica cuántica sin ahogarse en el turbulento mar de las interpretaciones.
La jornada de hoy concluirá con un merecido reconocimiento al compromiso de Luis con la universidad, la educación y la sociedad en general. No podía ser de otra manera. Luis luchó su vida entera por una transformación progresista y humanitaria en todos los ámbitos. En él siempre se podía confiar, era un hombre íntegro y coherente. Un ser humano excepcional. Fuimos privilegiados los que pudimos acompañarlo en sus travesías por los océanos y adentrarnos con él en sus profundidades.
Va un sentido agradecimiento a todos los colegas, compañeros, alumnos, familiares y amigos que han venido hoy a honrar su memoria; es la mejor forma de hacerla perdurar y de asegurar que dé nuevos frutos.