Seminario internacional

Impulsan una cultura de paz en América del Norte

Queremos mirar esta cruda realidad contemporánea desde lo que sí es factible: las resoluciones, la posibilidad del diálogo y los desafíos de integrar las diferencias: Fiorella Mancini

Foto: Diana Maldonado.

Reflexionar en torno a la paz exige necesariamente una mirada que trascienda las fronteras geográficas, simbólicas, lingüísticas y materiales que han sido, en múltiples ocasiones, espacios de exclusión y de vulneración de derechos humanos, consideró Fiorella Mancini, secretaria académica de la Coordinación de Humanidades.

“Frente a ello, la idea de transnacionalización nos interpela a replantear esos límites para analizar posibilidades de fuerzas comunes”, dijo al inaugurar del Seminario Internacional “Trasnacionalización de la Cultura de Paz en América del Norte”, organizado por la Coordinación de Humanidades, el Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), el Instituto de Investigaciones Sociales, la Facultad de Psicología, la Escuela Nacional de Trabajo Social, la sede UNAM-Chicago (Centro de Estudios Mexicanos) y la Universidad de Notre Dame (con sede en Indiana, Estados Unidos).

En la Sala Mónica Verea del CISAN, resaltó que el evento impulsa el diálogo entre especialistas de contextos diversos y plurales, para aprender de experiencias compartidas, como las de la Universidad de Notre Dame (que ha desarrollado modelos usados en más de 100 países para promocionar programas de paz en universidades), e intentar reflexionar sobre principios universales y realidades locales particulares.

“El seminario propone una mirada diferente y complementaria a la actual realidad geopolítica de retroceso democrático y decadencia en el cumplimiento de derechos que se pensaban conquistados. Queremos mirar esta cruda realidad contemporánea desde lo que sí es factible: las resoluciones, la posibilidad del diálogo y los desafíos de integrar las diferencias”.

Juan Carlos Barrón Pastor, director del CISAN, destacó que esa entidad realiza un trabajo de vinculación con las sedes de la UNAM en Estados Unidos (ubicadas en Chicago, San Antonio, Los Ángeles, Tucson, Boston y Seattle), y por ello es un primer contacto para abordar todo tipo de violencias y conflictos que vivimos en ambos lados de la frontera.

“Eso nos llevó a una sensibilización en el CISAN para entender que la diversidad de líneas de investigación que aquí desarrollamos adquiere una nueva dimensión si las vemos a la luz de la construcción de una cultura de paz”.

Consideró que una manera de revertir las crecientes violencias que se viven en México es a través de la construcción de una cultura de paz, con la intención de crear espacios, entornos y elementos que nos ayuden a reflexionar, capacitarnos y facilitar el trabajo con las comunidades en torno a este tema.

Proponer alternativas

Leticia Cano Soriano, titular del Programa Universitario sobre Cultura de Paz y Erradicación de las Violencias, explicó que los esfuerzos universitarios en torno a la cultura de paz tienen que ver con hacer comunidad, entretejiendo esfuerzos, trabajos, saberes y compromisos para seguir avanzando en proponer alternativas para la construcción de una cultura de paz.

George López, profesor emérito de la Universidad Notre Dame, fundador del Instituto Krok de Estudios Internacionales de Paz de dicha entidad y pionero en el fomento de la cultura de paz en las universidades, se congratuló de participar en este esfuerzo conjunto con la UNAM, aportando un modelo que realiza intercambios de estudiantes estadunidenses con otros provenientes de zonas de guerra o de conflicto violento.

Dijo que actualmente su enfoque es hacia la construcción de una paz estratégica donde existe formación en mediación, resolución social y trabajo comunitario.

Anel Pérez Martínez, directora del Centro de Estudios para Extranjeros, consideró que el lenguaje es la primera fórmula para lograr espacios de convivencia, entendimiento y empatía. Sin embargo, el español es hoy una lengua violentada fundamentalmente en la frontera norte de nuestro país, y se le trata como al enemigo.

“Es en las herramientas lingüísticas donde puede comenzar lo que llamamos discurso de odio, una de las fórmulas más potentes de violentar. Pero hoy no podemos imaginar la cultura de paz sin el lenguaje incluyente, que aporta al pensamiento crítico”, finalizó.

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