Infancias en plural: de la etimología a la política

El 20 de noviembre de cada año celebramos el Día Mundial de la Infancia, fecha que conmemora la adopción de la Convención sobre los Derechos del Niño como tratado internacional en 1989. En este contexto, planteamos una interrogante fundamental: ¿qué decimos cuando decimos infancia?
De infans al adultocentrismo
La pregunta parece sencilla; sin embargo, se trata de un término cargado de historia. Su origen en latín, infans, se traduce como “el que no habla”. Esto no se refiere únicamente a la incapacidad de emitir sonidos, sino a una supuesta incapacidad de pensar, pues –de acuerdo con De preguntas y provocaciones: cruces posibles entre infancia, filosofía y educación– la voz está asociada al logos y a la racionalidad (Sztajnszrajber, 2023). Así, el concepto de infancia, en su origen, contiene una jerarquía donde las personas adultas determinan qué es ser persona (pensante, racional) y qué no; quiénes serán escuchades y quiénes no.
Considerando esto, ¿por qué resulta relevante emplear actualmente el término infancias? Nosotras sostenemos que usarlo en plural no es un error gramatical, sino un acto político de profunda resignificación.
¿A qué nos referimos con resignificación? De acuerdo con Melina C. (s.f.) en La resignificación: un análisis multidisciplinar y terapéutico, retomando a Eco en su obra sobre semiótica, la resignificación es:
un proceso inherente al acto interpretativo, donde tanto los significados como los significantes están sujetos a cambio en función de los contextos socioculturales. La posibilidad de resignificar algo, entonces, no es estática; está en constante flujo dependiendo de las interacciones humanas y los cambios en las estructuras de poder y conocimiento.
Bajo esta mirada, el concepto infancia no es una realidad fija, sino una construcción social moldeada por la historia y el poder. Usarlo en singular perpetúa una concepción homogénea y universal que invisibiliza a la niñez y a las múltiples realidades que la conforman.
Por lo tanto, al proponer el término infancias en plural no sólo estamos cuestionando un uso gramatical: estamos realizando un acto político de resignificación. Esta acción refleja el dinamismo del lenguaje del que habla Eco: los significados cambian.
Por qué hablamos de infancias en plural
Algunas críticas recurrentes señalan que el uso en plural es incorrecto, una moda o una ideología del lenguaje. Recordemos, sin embargo, que todo lenguaje es histórico y político: resignificar una palabra implica disputar el poder de nombrar y de reconocer. Como señala el Protocolo para juzgar con perspectiva de infancia y adolescencia: “A través del lenguaje se construyen las sociedades, las culturas y, por supuesto, las relaciones de poder y dominación” (SCJN, 2021, p. 15).
En el ámbito jurídico, se ha cuestionado el uso de infancias como sinónimo de niñas y niños porque podría generar confusión entre la titularidad individual de derechos y los derechos colectivos. No obstante, conviene recordar que los derechos individuales, como el derecho a la salud o a un nombre, tienen impacto en la dimensión colectiva; del mismo modo, los derechos colectivos, como el derecho a un ambiente sano o a la cultura, poseen una dimensión individual (SCJN, 2021).
Por otro lado, existen personas que no se identifican con el género binario asignado al nacer, por lo que decir únicamente niñas y niños les excluye de manera explícita.
El concepto infancias nos permite reconocer que las experiencias de niñas, niños y niñes no son idénticas ni universales, sino diversas, situadas y atravesadas por contextos sociales, culturales y económicos distintos.
Para nosotras, es fundamental pensar a las infancias como personas completas y titulares de derechos: personas que merecen dignidad, que tienen emociones, pensamientos, opiniones y formas propias de comprender el mundo. Afirmamos así que sus vidas tienen valor en sí mismas, y no sólo en función de lo que podrían llegar a ser.
Finalmente, invitamos a visibilizar y erradicar las prácticas adultocéntricas que han colocado a las infancias en subordinación y silencio –sin que esto signifique abandonar las responsabilidades de cuidado y acompañamiento que como adultes tenemos– , así como a reconocer su capacidad de autonomía progresiva y su derecho a ser escuchades y participar.
*COORDINACIÓN PARA LA IGUALDAD DE GÉNERO