Una mirada desde la psicología social

Juergas futboleras, manifestaciones profundas de identidad nacional, sentido de pertenencia, y entusiasmo colectivo que se expande

“Intervienen procesos como la identificación grupal, el contagio emocional y la activación fisiológica”: Rolando Díaz Loving, investigador y académico de la FP

Foto: Reuters.

La Copa Mundial de la FIFA 2026 ha desatado en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, ciudades sede del torneo en territorio nacional, una ola de celebraciones multitudinarias que se extienden fuera de las canchas y de los estadios para apropiarse de calles y espacios públicos emblemáticos de dichas metrópolis.

Tras cada partido de la selección mexicana, miles de compatriotas, así como de personas de otras nacionalidades, se congregan para cantar el tradicional Cielito lindo, entonar porras, bailar, tocar trompetas, hacer sonar las matracas, ondear banderas y participar en dinámicas que surgen entre la afición. De ellas destaca el ya popular “quiere volar”, una práctica en la que varias personas elevan a otra sobre sus brazos para después atraparla entre todos.

Se trata de una celebración masiva caracterizada por la alegría y la convivencia. Sin importar que la mayoría sean desconocidos, todos se unen a los cantos, juegos y dinámicas festivas en un ambiente de entusiasmo colectivo, en el que también destacan los besos y abrazos.

Emoción y convivencia

Los festejos masivos por los triunfos deportivos, como los de la selección mexicana, no son simples reacciones ante un resultado en la cancha, sino manifestaciones profundas de identidad nacional, sentido de pertenencia y emoción colectiva, afirmó Rolando Díaz Loving, académico e investigador de la División de Estudios de Posgrado e Investigación (DEPI) de la Facultad de Psicología de la UNAM.

La euforia colectiva, dijo, puede entenderse, desde la psicología social y la sociología, como una emoción compartida que surge cuando un acontecimiento es percibido de manera significativa para un grupo.

“En este caso, un triunfo deportivo no sólo se vive de manera individual, sino que se interpreta como el logro de un equipo que representa simbólicamente a una comunidad. La emoción de cada persona se amplifica porque ocurre en presencia de otras que, aparentemente, experimentan lo mismo”, señaló.

De acuerdo con Díaz Loving, este proceso permite validar socialmente las emociones. Cuando miles de personas gritan, cantan, se abrazan y celebran juntas, cada individuo percibe su alegría como legítima, intensa y compartida. “En términos psicológicos, intervienen procesos como la identificación grupal, el contagio emocional, la activación fisiológica y el sentido de pertenencia”, indicó.

Mecanismos psicológicos

“La posibilidad de expresar y liberar emociones positivas en contextos colectivos es un elemento importante para la salud mental, al permitir un desfogue emocional compartido”, refirió el académico.

Cuando una persona percibe emociones positivas en un entorno social, el cerebro activa la liberación de neurotransmisores como la oxitocina, la serotonina y las endorfinas, asociados con sensaciones de bienestar, alegría y euforia.

En ese sentido, explicó, al compartir la felicidad con otros, el cerebro responde de manera congruente con la experiencia social.

Cultura mexicana

Díaz Loving comentó que diversos autores han abordado estas dinámicas de convivencia, como en La psicología del mexicano de Rogelio Díaz-Guerrero y en Las garras de la cultura: investigaciones en torno a las normas y creencias del mexicano de Rolando Díaz Loving, donde se analizan los rasgos asociados a la fiesta y búsqueda de la felicidad compartida.

“Al estudiar el autoconcepto del mexicano, se han identificado como rasgos centrales la simpatía, la cortesía, la amabilidad, la afectividad, la amistad y la sociabilidad. A ello se suma una relación particular con la felicidad, en la que ser alegre se asocia con la idea de triunfo”.

El investigador destacó que esta lógica contrasta con la de otras culturas, donde el éxito suele anteceder a la felicidad.

Testimonio

Esteban de la Cruz acudió a los festejos previos realizados en el Ángel de la Independencia donde asistió con un grupo de amigos. Al estar en el lugar, sintió mucha alegría de festejar un Mundial en el país.

“Lo que más me sorprendió fue la cantidad de gente que había y cómo todos se hablaban y festejaban con una alegría tan natural, como si se conocieran de toda la vida. Todo lo que ahí ocurría era como irreal, como si por un momento nuestra mente prestara menos atención a nuestros problemas y estuviera puesta en convivir y gozar ese momento único, que no sabemos si volveremos a vivir”, finalizó.

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