El cantar del caos-mundo en Casa del Lago
La espiritualidad afrocaribeña como un acto político…

¿Hay una exposición de arte que cuestione los discursos oficiales sobre la espiritualidad y los saberes afrocaribeños y resalte su valor? La hay. Se titula El cantar del caos-mundo, y se presenta en Casa del Lago hasta el 3 de mayo.
“Creo que estas prácticas de artista contemporáneo permiten esa visibilización, que es un acto político al mismo tiempo, porque nuestros Estados naciones, no siempre saben lidiar con estas cosas”, aseguró Luis Graham Castillo, curador dominicano a cargo del montaje.
Travesías es el programa de residencias latinoamericanas de Terremoto, plataforma cultural dedicada al pensamiento crítico en torno al arte contemporáneo de las Américas, con un enfoque sustentado en saberes antipatriarcales y anticoloniales que impulsan las prácticas artísticas y curatoriales de la región.
En esta segunda edición la convocatoria, cuyo marco conceptual partió del pensamiento caribeño, recibió más de 700 proyectos de artistas latinoamericanos. El jurado, integrado por Elena Lugo (directora de Terremoto), Maya Juracán (Guatemala), Sara German (República Dominicana), Tania Candiani (México) y el propio Graham Castillo seleccionó a cinco artistas que estuvieron tres semanas en Santo Domingo y San Cristóbal, República Dominicana, y dos semanas en Ciudad de México.
“Buscábamos artistas que ya tuvieran una forma de pensamiento y una investigación en curso, y que pudieran enlazarse bien con lo que estamos viviendo en el Caribe”, explicó el curador.
La residencia no se concibió como un espacio de producción desconectado, sino como un territorio de encuentro entre imaginarios diversos. Los artistas seleccionados, Edizon Cumes (Guatemala), Julianny Ariza (República Dominicana), Carla Sobrino (Chile), Luisebastián Sanabria (Colombia) y Miguel Cinta Robles (México), entraron en relación con investigaciones vinculadas a la espiritualidad afrocaribeña y de pueblos originarios como los taínos y arahuacos, con la gastronomía, la agricultura y las epistemologías que estructuran formas alternas de producir y discutir imágenes.
El paraguas conceptual de la residencia se amparó en el pensamiento de Édouard Glissant, particularmente en su noción de caos-mundo: no como desorden que necesita ser resuelto, sino como lógica de complejidad desde la cual pensar una posibilidad alterna del mundo.
Se buscaba “que no fuera una práctica extractivista, más bien gente local contando sus cosas”, subrayó Graham Castillo sobre el diseño de la residencia. En Doubeaux, una comunidad en San Cristóbal que en el siglo XX formó parte de un ingenio azucarero y que hoy se asienta como territorio de afrodescendientes haitianos y dominicanos, los artistas entraron en contacto con manifestaciones de un vudú dominicano, una santería no denominada como tal, y prácticas que ordenan desde la espiritualidad el qué y el cómo se come, se siembra y se cultiva.
Glissant también propone el concepto de opacidad, explicó el curador, “esa idea de que no tengo que mostrarlo todo o puedo gestionar cómo aparecer ante los demás en tanto quiero tener una agencia de mi presencia”. Esta noción atraviesa tanto el proceso de investigación como las obras resultantes: no se trata de revelar o traducir completamente saberes espirituales para consumo externo, sino de crear zonas de encuentro en la que la complejidad permanezca, donde lo mágico se vuelva tan cotidiano que, como señaló Graham Castillo, “no te enteras siquiera que está pasando”.
“Una cotidianidad en el Caribe que permite que la manera como la gente vive, cultiva, cocina, vende, se viste, baila, se vea expresada en estas visualidades”, afirmó el curador. Durante la residencia, el dembow (música dominicana influida por ritmos caribeños muy afro) estuvo presente como forma de pensar el cuerpo y la relación entre cuerpos. Esa cotidianidad musical, de la voz y la memoria, se expresa en las obras que ahora dialogan en Casa del Lago.
“No estamos proponiendo nada nuevo. Esto es algo que nuestros artistas están ya pensando, trabajando hace rato, alternando o pensando una alternativa de mundo con su obra”, precisó Graham Castillo.
La exposición incluye, además de los cinco artistas de la residencia, a Naomi Rincón Gallardo, Nicole Chaput, Eugenia Martínez, Devin Osorio y el colectivo RojoNegro (María Sosa y Noé Martínez). Este diálogo ampliado permite identificar continuidades de investigación que se entrelazan: la obra de Devin Osorio, por ejemplo, inserta autorretratos en relación con los vevés, signos de protección usados en el vudú haitiano que crean tramas visuales para invocar o proteger.
La importancia de la muestra El cantar del caos-mundo radica precisamente en su capacidad para generar enunciación desde lugares históricamente considerados periféricos. Al conjurar el pensamiento archipiélago de Glissant, la exposición propone que el caos no es desorden, sino modo sensible de leer contradicciones, opacidades y resistencias. La imaginación roza lo sagrado, convoca espectros coloniales, reanima mitos despojados, inventa criaturas y paisajes que se escapan de los relatos dominantes.
