Iniciativa de Filmoteca UNAM

Utilizarán cineclubes para reconstruir el tejido comunitario

Foto: cortesía Filmoteca UNAM.
Mientras las plataformas de streaming nos confinan a la soledad de nuestras pantallas individuales, la Filmoteca de la UNAM emprende una tarea que podría parecer anacrónica pero resulta profundamente necesaria: recuperar la experiencia colectiva del cine como espacio de encuentro y conversación.

Hugo Villa, director general de Actividades Cinematográficas de la UNAM, explicó que tras lo que él denomina “la quinta glaciación” (la irrupción del streaming), la institución se propuso resucitar una tradición que parecía sepultada bajo el peso de la hiperconectividad, paradójicamente aislante.

El proyecto más reciente, aún sin bautizar de manera oficial, busca llegar al sistema de Colegios de Ciencias y Humanidades y de las preparatorias de la UNAM. La Filmoteca se dispone a tocar las puertas de cada dirección para despertar interés en un programa cuya apuesta es clara: llevar el cine a los bachilleratos como herramienta de formación comunitaria y académica, aprovechando la infraestructura ya existente en los planteles y el vasto acervo de la Filmoteca; cerca de 50 mil títulos en DVD y Blu-ray, muchos de ellos en 4K y con estándares de alta calidad.

La iniciativa tiene antecedentes de éxito también surgidos en Filmoteca. El Cineclub de las Facultades e Institutos, un programa que comenzó a tomar forma hace aproximadamente dos años y que recupera la última gran tradición de los cineclubes universitarios: aquellos carritos con televisión y videocasetera VHS que recorrían las escuelas. Hoy, con proyectores digitales instalados en casi todos los planteles universitarios, la Filmoteca coordina con diversas entidades académicas a grupos de estudiantes interesados en organizar proyecciones acompañadas de guías de discusión.

Lo fascinante de este modelo es su naturaleza autogestiva. Los estudiantes no asisten pasivamente, asumen la responsabilidad de convocar, proyectar y, crucialmente, provocar la conversación. Villa enfatizó un punto: el cine no es una fuente académica confiable, pues todas las películas históricas necesariamente falsean la historia, advirtió sin rodeos, pero funciona como un provocador formidable. Una película sobre la Revolución mexicana puede no ser históricamente rigurosa, pero sí despertar la curiosidad suficiente para que un estudiante se acerque a Martín Luis Guzmán o investigue sobre la División del Norte.

O el caso del Código Enigma: tres películas diferentes (una sobre Alan Turing, otra sobre Ian Fleming, una más de producción estadunidense) ofrecen versiones contradictorias sobre quién descifró realmente el código nazi, omitiendo sistemáticamente el trabajo crucial de los matemáticos polacos. Estas discrepancias no son defectos; son oportunidades pedagógicas para discutir historia de la ciencia, nacionalismo y construcción de narrativas.

El Cineclub de Facultades e Institutos opera actualmente en múltiples sedes: las facultades de Filosofía y Letras, Arquitectura, Ciencias, Ciencias Políticas, Química, las FES Acatlán e Iztacala, la Coordinación de Universidad Abierta y Educación Digital, la Casa de las Humanidades, la Casa Universitaria del Libro, la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC), y da apoyo a cineclubes de otras latitudes universitarias como el de la Unidad Sisal en Yucatán, o externos como el de Villa Olímpica.

Paralelamente, otros formatos complementan la oferta. Durante los Miércoles de Cine Puma se reservan las salas del Centro Cultural Universitario (CCU) para visitas programadas (grupos de hasta 200 estudiantes que llegan en camiones desde diferentes comunidades), familiarizando al público con el complejo cinematográfico y el CCU en general. Estas exhibiciones son comentadas por especialistas.

El Cineclub Enfoques Libres, que se realiza el último miércoles de cada mes en la Sala Revueltas, funciona con un esquema más tradicional, donde especialistas o cineastas presentan las películas y moderan las discusiones.

Finalmente, la iniciativa Filmoteca en la ENAC, inaugurada este semestre, opera los viernes a las 17 horas en la sala Manuel González Casanova de la institución, que cuenta con equipamiento de punta, en el que ocasionalmente proyecta en 35 milímetros gracias a un convenio con el Instituto Francés de América Latina. Aunque pensado originalmente para estudiantes de Ciencias Políticas (la facultad está justo enfrente) y de la misma ENAC, la sala de 150 butacas permanece abierta al público general de manera gratuita.

Villa reconoció los desafíos urbanos: jóvenes que hacen dos horas y media en transporte público hasta sus casas difícilmente pueden quedarse a una función vespertina. Aún así, la respuesta ha sido alentadora. Incluso en centros de investigación como Sisal, donde el público es naturalmente más reducido, siempre hay un núcleo fiel de espectadores que se quedan a conversar. Y lo más esperanzador: los estudiantes que organizan los cineclubes están formando a sus sucesores, garantizando que la tradición no se extinga con cada generación.

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