Un día como hoy, 21 de septiembre, pero de hace 475 años, en nombre de su padre Carlos V de Alemania y I de España, el príncipe Felipe expidió la Cédula Real que permitió fundar la Real Universidad de México. Años después, mediante una bula papal de Clemente VIlI, se le dio el título de Real y Pontificia.
Cabe considerar que las universidades fundadas siglos antes, sobre todo en el XIII, eran corporaciones al servicio de los poderes centrales y, por lo tanto, no pretendían impartir una educación universal a sus estudiantes, como lo hace hoy en día cualquier universidad. De esta manera, no se ocupaban de todas las ciencias, sólo contaban, como máximo, con cuatro facultades: de Artes, de Teología, de Derecho (la cual se subdividía en un área para el Derecho Canónico y otra para el Derecho Civil) y de Medicina.
“Estos saberes eran parte fundamental de la concentración de poderes que había caracterizado a Europa desde el siglo XI y que poco a poco las monarquías hicieron suya en perjuicio de los grandes señores feudales. Así pues, las universidades se integraron al proceso de fortalecimiento de todas las monarquías europeas. En España, el descubrimiento de América desempeñó un papel muy importante en dicho proceso. Al adueñarse de la plata americana y explotar el trabajo de la población indígena, los reyes católicos adquirieron un poder inédito y entonces vieron la necesidad de que las universidades los proveyeran de consultores que les dijeran cómo gobernar los nuevos territorios conquistados”, dijo Clara Inés Ramírez González, investigadora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM.

Formadora de burócratas y clérigos
Sin embargo, a decir de Ramírez González, las universidades, incluso la de Salamanca, fueron perdiendo ese carácter consultivo hacia la primera mitad del siglo XVI, porque las monarquías se hicieron tan fuertes que ya no querían voces críticas. “Al crecer el poder y los dominios de la monarquía española, ésta requirió un número cada vez más creciente de funcionarios u oficiales, como se les llamaba en esa época, y de clérigos, pues también ejercía el patronato de la Iglesia en las Indias. Por eso de algún modo intervino las universidades y las convirtió en formadoras de burócratas, sacerdotes, diáconos, obispos…”
De acuerdo con la investigadora universitaria, muchos hijos de conquistadores asistieron a la Universidad de Salamanca para estar en condiciones de ingresar en la burocracia. No obstante, para los primeros pobladores de la Nueva España era muy caro –e implicaba muchos riesgos– enviar a sus hijos a estudiar a alguna universidad española. De ahí que empezaran a pedirle al rey que creara una aquí. Así se originó la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México.
“Por cierto, la mayoría de los estudiantes de la nueva universidad egresaba de ella para practicar oficios eclesiásticos. O sea, se pasó del espíritu de preguntarles a los consejeros cómo hacer algo al de formar profesionales que supieran leyes para que impartieran justicia o teología y que se encargaran de asuntos de orden social, como los bautizos o matrimonios”.
La fundación de la Real y Pontificia Universidad de México, entonces, representó un pacto de la monarquía con los pobladores y sus hijos que hizo posible que un pequeño grupo de hombres alcanzara un sitio preponderante dentro de la sociedad novohispana.
Según Ramírez González, hacia 1575, la Real y Pontificia Universidad de México tenía 115 estudiantes, y su matrícula fue creciendo en los siglos subsecuentes, pero no demasiado, porque su finalidad no era integrar un sistema educativo ni educar a todas las personas, ni ser el culmen de una cadena de estudios, como en la actualidad.
“Ahora bien, la nueva universidad no era el único lugar de enseñanza y aprendizaje. Había distintos gremios: el de los plateros y joyeros, el de los albañiles y canteros, el de los carpinteros… y cada uno de ellos tenía maestros que enseñaban su respectivo oficio a quienes quisieran aprenderlo. Asimismo, con la llegada de los primeros evangelizadores vinieron algunas beatas o beguinas patrocinadas por la reina que traían cartillas para enseñar a leer y escribir a las indígenas. Se calcula que unas 400 o 500 niñas estudiaron y aprendieron con ellas. Incluso Zumárraga llegó a quejarse de que los jóvenes que estudiaban en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco no querían casarse con las mujeres que habían aprendido a leer y escribir, porque ya no les servían como antes”, comentó la investigadora.

Clausura definitiva
Durante la segunda mitad del siglo XVI, así como en el XVII, el XVIII y principios del XIX, la Real y Pontificia Universidad de México creció y se convirtió en una institución muy estable; tan estable que dejó de depender económicamente de la monarquía, debido a que había adquirido propiedades que rentaba.
Pero con el movimiento de Independencia de 1810 y la llegada del liberalismo comenzó a perder fuerza. En 1833, el vicepresidente Valentín Gómez Farías decidió cerrarla por considerarla una institución obsoleta que impedía el desarrollo científico del país. Volvió a reabrir sus puertas al año siguiente y permaneció en funciones hasta 1865, cuando el emperador Maximiliano de Habsburgo, que había usurpado el poder en México, la clausuró definitivamente.
“Una vez que la Real y Pontificia Universidad de México desapareció, la educación en el país se repartió y fortaleció con la creación de la Escuela Nacional Preparatoria y las escuelas nacionales de Medicina y de Jurisprudencia. Es un periodo muy interesante porque los gobiernos liberales se fijaron unos retos que tenían que ver más con la cobertura de la enseñanza primaria. Fue cuando surgió la idea de una educación uniforme, con escalones”, señaló Ramírez González.
Ya en el siglo XX, el 26 de mayo de 1910, se firmó, a iniciativa de Justo Sierra, el decreto de creación de la Universidad Nacional de México, la cual fue inaugurada el 22 de septiembre de ese mismo año. Y 19 años después, el 10 de julio de 1929, ésta finalmente obtuvo su autonomía y se transformó en la Universidad Nacional Autónoma de México.