Se requiere una normativa que evalúe riesgos

La IA y el reto de su regulación

Implica un desafío en el que deben participar gobierno, academia, industria y organización civil: Pablo Pruneda Gross, coordinador general del CCOIA

La inteligencia artificial (IA) evoluciona con una rapidez vertiginosa, sus aplicaciones impactan prácticamente todos los aspectos de nuestras vidas y su desarrollo, uso e infraestructura son extraterritoriales y globales, afirmó Pablo Pruneda Gross, coordinador general del Consejo Coordinador de Inteligencia Artificial (CCOIA) de la Universidad Nacional.

Frente a este escenario, regular esta tecnología implica un desafío en el que deben participar gobierno, academia, industria y organizaciones de la sociedad civil, consideró al ofrecer el coloquio “IA y el reto de su regulación”, realizado en el Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de esta casa de estudios.

“El derecho siempre va detrás de la tecnología. La pregunta no es si llegaremos tarde –ya lo estamos–, sino qué tan rápido podemos cerrar la brecha antes de que sea irreversible”, señaló el abogado, también profesor de la Facultad de Derecho e investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

Recordó que la IA es la capacidad de una máquina para imitar funciones cognitivas humanas como aprender, razonar, resolver problemas o tomar decisiones. Y la IA Generativa, revolucionaria desde 2022, es el conjunto de técnicas de IA capaces de crear contenido nuevo (textos, imágenes, audio, video, código) a partir de patrones aprendidos de grandes conjuntos de datos.

Pruneda Gross agregó que se requiere una normativa de la IA que realice evaluación de riesgos con métricas y criterios aterrizables, esté respaldada por estándares técnicos desde el algoritmo y se base en incentivos antes que en sanciones. Para el caso de México, la regulación debe ser regional y alineada con América del Norte, anclada al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.

El derecho siempre va detrás de la tecnología. La pregunta no es si llegaremos tarde –ya lo estamos–, sino qué tan rápido podemos cerrar la brecha antes de que sea irreversible”

En diferentes regiones

El universitario explicó que el desafío de normar esta tecnología se enfrenta de formas distintas en diversas naciones. “La Unión Europea regula de forma excesiva y preventiva, priorizando transparencia y derechos, aunque con costos de cumplimiento más altos y procesos más lentos”.

China regula rápido, centralizando y con énfasis en el control político y la seguridad nacional. En el país asiático la innovación se subordina a la estabilidad social y al alineamiento con los objetivos del partido político en el poder, anotó el experto.

Estados Unidos, por su parte, en la era del presidente Donald Trump, privilegia la flexibilidad y el liderazgo industrial, prefiere la desregulación pero con algunos mecanismos de gobernanza, lo que genera una tensión entre la regulación federal y leyes estatales al haber diferencias entre ellas, añadió en el Auditorio Marcos Moshinsky del ICN.

Como país miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México adoptó los principios sobre IA: sistemas seguros, robustos, justos y confiables, que respeten el crecimiento inclusivo, derechos humanos, transparencia y rendición de cuentas, resumió.

Y como integrante de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, nuestro país adoptó las recomendaciones de los Estados miembros: contar con un marco ético que actúe contra prejuicios, invasión a la privacidad y vigilancia masiva.

Entre los avances regulatorios de México, Pruneda Gross citó los 10 Principios de Chapultepec, acordados por el gobierno federal en enero de 2026 para una IA al servicio de las personas, que incluyen: ampliar derechos, tener responsables humanos, tener claridad (si una decisión no puede explicarse, no debe automatizarse), gobernanza colectiva y bienestar como criterio.

También, comprender antes de automatizar, tener soberanía tecnológica, fortalecer la educación y conocimiento en el país, respetar la diversidad cultural y considerar los datos como un bien público, el cual tiene que cuidarse con responsabilidad.

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