La improvisación, punto de partida de ¿Quién es? La intuición instantánea

Coreografía del bailarín venezolano Manuel Fajardo

El montaje se presentará en el CCU del 27 al 29 de junio. Foto: Andrea Fajardo.

La improvisación es el punto de partida del trabajo del bailarín venezolano Manuel Fajardo (Caracas 1979), quien acostumbra entrar al escenario, guardar silencio, permanecer inmóvil, mientras deja pasar el tiempo hasta iniciar la coreografía basándose únicamente en sus propias emociones y en la reacción del público en cada presentación. Se trata de una combinación de nociones físicas y perceptuales, en diálogo con el entorno y con otros cuerpos.

¿Quién es? La intuición instantánea, título del montaje que presentará los días 27, 28 y 29 de junio en el Salón de Danza del Centro Cultural Universitario (CCU), dialoga con el público a través de la improvisación, mediante una sucesión de momentos emotivos y de pasajes inesperados, resultado de la constante preocupación del coreógrafo por explorar sus propios alcances expresivos.

“A nivel de discurso, la ejecución se desarrolla espontáneamente; con un marco preestablecido muy básico, así que puede suceder cualquier cosa. Simplemente empiezo a construir una escena en el momento, a partir de influencias teatrales y movimientos del cuerpo. Es como dejar salir de un armario muchas cosas acumuladas a lo largo de mi vida como intérprete”, explicó el artista.

Fajardo, quien ha puesto en marcha proyectos en México y otros países de Latinoamérica, es egresado de la EscuelaTaller de Danza de Caracas, donde estudió Danza Contemporánea. Ha sido bailarín de diversas compañías profesionales en su país natal. Al llegar a México, fue integrante durante 14 años de Tumáka’t Danza Contemporánea, en Mérida, Yucatán, y trabaja en la creación a partir de la improvisación en las artes escénicas y el cine.

“La obra es un espacio en el que planteo preguntas como: ¿Quién es el verdadero espectador, ellos o yo? Forma parte de mi repertorio, desde luego, pero no me interesa programarla de manera regular. Ha pasado un tiempo desde la última vez que la monté, sin ninguna razón en particular, simplemente sentí la necesidad de hacerlo en este momento”.

La pieza surgió en 2014 y ha acompañado su carrera desde entonces, formando parte de un vaivén creativo en evolución, nutrido por referencias como la escritura instantánea, diversos elementos de danza contemporánea y experiencias acumuladas de manera cotidiana.

“Me parece necesario expresar lo que siento de un modo abierto, sin algo preconcebido, como ocurre en las coreografías convencionales –las cuales no critico–. Me ubico fuera de los cánones institucionales de la danza contemporánea para comunicar lo que hay en mi cuerpo”, explicó.

El nivel de abstracción en la obra lo lleva a definirla como un ejercicio dancístico para generar preguntas acerca de temas para los cuales no existen respuestas concretas. “Me cuesta trabajo explicar el contenido de la obra. Mi preparación consiste simplemente en poner un reloj y comenzar a ejecutar los movimientos. Una vez en el escenario, todo ocurre como si estuviera ensayando, por eso el público tiene un papel muy importante, pues en ese preciso momento decido qué hacer y cómo continuar a partir de sus reacciones.

“De esta manera, llevo el concepto de improvisación a su nivel más purista. Es un salto a la nada. En cada ocasión el público puede salir de la obra con algo extraordinario o no tan positivo. Mi objetivo es generar emociones y romper con lo convencional, permitiendo que mi intuición domine la ejecución. Cada función es distinta; ocurren cosas no planeadas, atravesadas por recursos expresivos muy variados”, puntualizó.

“La experiencia del espectador es, en sí misma, un acercamiento a momentos de incertidumbre: entro al escenario, guardo silencio y me quedo inmóvil, dejando que pase el tiempo”.

“Observo cómo los asistentes se inquietan, pues no saben si la obra ya comenzó o si tengo algún problema. Me interesa compartir este tipo de interacción, ya que el silencio es algo común para todos”.

De esta forma, intenta romper con la narrativa tradicional de lo que significa asistir al teatro. No hay un desarrollo, un principio y un final como tal.

“Lo veo como una historia similar a recorrer un camino sin saber a dónde nos llevará. Lo entiendo como un punto de quiebre en la forma de comunicarnos; es políticamente incorrecto”, puntualizó.

Para el coreógrafo, la improvisación implica un trabajo de escucha profunda, por lo que su proceso de creación lo desarrolla con técnicas provenientes de la danza contemporánea. “Improvisar escénicamente es crear justo en el momento de estar sobre el escenario. Compongo en tiempo real, desde la arquitectura del cuerpo, los tonos musculares y la conexión con el propio espacio y el público. Al ejecutarla, busco un tono muy neutral para adaptarme al lugar donde me encuentre, ya que la he presentado en teatros y en espacios acondicionados especialmente para la ocasión”.

¿Quién es? La intuición instantánea se presentará viernes a las 19 horas, y sábado y domingo a las 12:30 horas en el Salón de Danza del CCU. Entrada libre, con un aforo de 80 personas.

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