Diálogo académico en la Facultad de Economía

La política industrial debe considerar los límites productivos del país

Es necesario formular estrategias para acelerar las transiciones verdes

Carlos Cabrera, Amir Lebdioui, Lorena Rodríguez, Sabrina Fernandes, Andrés Valenciano y María Fernanda Valdés. Foto: Víctor Hugo Sánchez.
Nuestro planeta tiene límites productivos que deben ser considerados por una política industrial, y las naciones en general no han realizado una revisión en torno a la capacidad de obtención de recursos, coincidieron expertos reunidos en el seminario “Nuevas fronteras para la política industrial en México: innovación, gobernanza y transición verde”.

Durante la mesa “Política industrial en disputa: democracia, transición verde y capacidades estatales”, Sabrina Fernandes, directora de Investigación de Alameda Institute, reflexionó que en el debate de política industrial es necesario reconocer la diferencia entre producción y capacidad productiva, ya que la primera va sin rumbo, sin justicia ni resiliencia, “sirve sólo a objetivos de algunos grupos, sin respetar los límites planetarios ni las condiciones ecológicas básicas”.

La maestra en Política Económica señaló: “Debemos entender que no existe una naturaleza democrática en la política industrial, hay un sentido tecnocrático, para que sea solamente una herramienta de los estados a fin de ayudar a sus aliados, ya sea del sector privado o de la sociedad; esto nos lleva a ejemplos de dictaduras que invirtieron con el objetivo de sacar ganancias sólo para las élites”.

Actualmente, precisó Fernandes, no sólo los gobiernos quieren dictar la política industrial, muchas corporaciones quieren establecer su dirección y avances porque saben lo que pueden ganar, lo que nos lleva a una transición en sectores que mezclan lo público y privado.

María Fernanda Valdés, economista senior del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, añadió que, en el caso de Colombia, cuando se pensó en pasar de la producción de materias primas a técnicas más sostenibles, se llegó a entender que sólo se requería el apoyo técnico y se debía hacer desde cero.

“Lo más difícil de una política industrial en una democracia es lo que llamo la economía del desmontaje, es decir, construir nuevas coaliciones, legitimidad de una nueva visión de desarrollo que sea capaz de disputar el terreno de lo que ya está instalado”, apuntó.

En tanto, Amir Lebdioui, director del Centro de Tecnología e Industrialización para el Desarrollo de la Universidad de Oxford, indicó que la mayoría de los expertos en política industrial vienen de países que no son democráticos o que trabajan en naciones autocráticas.

Ante estudiantes y académicos, reunidos en el Aula Magna Jesús Silva Herzog de la Facultad de Economía (FE), el investigador británico mencionó que un estudio realizado por su equipo reveló que más del 70 % de las naciones que han impulsado el tema son autocráticas, mientras que las democracias son una minoría.

“Para lograr una política industrial democrática se debe alcanzar el consenso entre los partidos; esto con el fin de establecer bases en común, lo que permitirá mantener una lógica a largo plazo, aunque haya un cambio de gobierno”, afirmó.

A su vez, Andrés Valenciano Yamuni, director ejecutivo de la red latinoamericana Democracia+, refirió que el problema de la legitimidad de la política industrial comienza con la política electoral, porque en una democracia es donde se construye el mandato, al establecer qué es lo que autoriza la gente y qué es lo que el político puede y quiere.

“No puedo tener una campaña electoral de promesas de transformación a largo plazo, cuando la gente quiere soluciones muy concretas en el corto plazo, lo que pone un tema sobre la mesa donde no hay consensos y obliga a revisar qué es lo que se quiere y debe hacer”, sostuvo.

Reflexionó que no es posible creer que la solución a los problemas del diseño de política industrial es generar procesos participativos para todos, porque éstos son muchas veces vacíos y nada cambia. Esto hace que el statu quo se mantenga y se evita que pueda desarmarse o dejar de ir, lo que cada vez es más complejo en las naciones de América Latina en las que cada vez hay una mayor fragmentación política.

Al inicio de la sesión, Lorena Rodríguez León, directora de la FE, aseguró que el seminario “Nuevas fronteras para la política industrial en México: innovación, gobernanza y transición verde” contribuye al debate público nacional y regional sobre la política industrial, un tema que se dejó de lado por mucho tiempo.

“Hoy muchos países discuten sobre la relevancia de tener una estrategia que mire este tema con la perspectiva de la tercera década del siglo XXI, y permita formular estrategias para transformar sus estructuras productivas, acelerar las transiciones verdes; además de recuperar las capacidades económicas estratégicas de las distintas naciones.

Finalmente, recordó que, en 2029, la Facultad cumplirá 100 años de existencia, es decir, es la más antigua de México, la primera escuela de Economía en el país y América Latina, lo que ha marcado el recorrido histórico como una de las piezas fundamentales para esta nación.

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