25 aniversario de ese espacio académico

La Torre de Ingeniería, centro estratégico de innovación aplicada

Su valor no reside únicamente en los resultados que ha publicado y difundido, sino en el trabajo que la ha sostenido durante este primer cuarto de siglo: Leonardo Lomelí

Foto: Benjamín Chaires.
Desde su origen, la Torre de Ingeniería fue pensada como una plataforma para articular disciplinas, cruzar lenguajes especializados y enfrentar problemas cuya complejidad rebasa las fronteras de un solo campo de saber, señaló el rector Leonardo Lomelí Vanegas.

Al encabezar la ceremonia por los 25 años del emblemático edificio, destacó que su valor no reside únicamente en los resultados que ha publicado y difundido, sino en el trabajo que la ha sostenido durante este primer cuarto de siglo: una práctica colaborativa, rigurosa y abierta, capaz de hacer de la innovación una tarea reflexiva y no sólo instrumental.

“La infraestructura y servicios que se ofrecen aquí han hecho de este edificio un lugar donde los hallazgos pueden traducirse en soluciones pertinentes, y en el que la práctica no pierde de vista la necesidad de examinar sus propios supuestos, alcances y aplicaciones. A ellos se suma una dimensión que suele pasar desapercibida, pero que resulta fundamental, la del propio espacio que hace posible este trabajo”, añadió en el Auditorio José Luis Sánchez Bribiesca de la Torre de Ingeniería.

Lomelí Vanegas recordó que la Torre fue concebida como contenedor de actividades y como una estructura flexible y experimental, capaz de adaptarse a distintas formas de colaboración y de incorporar cambios tecnológicos a lo largo del tiempo.

“Trabajar desde la interdisciplina implica poner en diálogo saberes, métodos y lenguajes distintos para comprender mejor la naturaleza de muchas situaciones contemporáneas. Los proyectos desarrollados a lo largo de estos años, de la sostenibilidad energética a la computación avanzada, pasando por la vinculación con sectores productivos, reflejan una diversidad temática y una forma de trabajo capaz de propiciar colaboraciones que desbordan las estructuras tradicionales de investigación”.

Resaltó que esta orientación se expresa también en su consejo directivo, cuya integración encarna esa vocación por cruzar saberes y experiencias. “Este quehacer resulta especialmente pertinente, ya que vivimos un momento histórico donde la información circula con gran rapidez, pero no siempre se procesa con solidez, y donde con frecuencia las soluciones técnicas se adelantan a la comprensión profunda de los fenómenos que buscan abordar”.

Subrayó que el recinto ha permitido encauzar la innovación y ejercer la intervención tecnológica con mayor conciencia de sus implicaciones. Ese equilibrio es indispensable para actuar sobre las problemáticas sin simplificarlas, y para implementar iniciativas sin perder de vista su potencial para transformar la realidad.

En su oportunidad, Soledad Funes Argüello, coordinadora de la Investigación Científica, comentó que la Torre de Ingeniería forma parte de una manera profundamente universitaria de entender el conocimiento como una herramienta para imaginar, construir y transformar la realidad. “Celebrar sus 25 años es celebrar una idea que desde su origen fue ambiciosa y visionaria: crear un espacio donde la investigación, la formación de recursos humanos, la innovación tecnológica y la vinculación con la sociedad pudieran encontrarse de manera natural”.

Un espacio capaz de reunir a investigadoras, investigadores, estudiantes, especialistas, entidades universitarias, instancias públicas, organizaciones y empresas alrededor de problemas concretos que requieren soluciones rigurosas, creativas y con sentido público.

“La Torre nació en un momento en el que la Universidad requería fortalecer sus capacidades para atender proyectos de investigación aplicada y desarrollo tecnológico. Desde entonces se pensó como un espacio funcional, flexible, abierto a la colaboración y preparado para adaptarse a los cambios”.

A 25 años de distancia sigue siendo vigente porque fue concebida no sólo para albergar oficinas, auditorios, salas de reunión o espacios de trabajo, sino para propiciar encuentros, sinergias y proyectos compartidos. “En la Torre de Ingeniería se expresa con claridad una de las vocaciones más importantes de la UNAM: la capacidad de articular saberes diversos para atender problemas complejos. Aquí confluyen entidades académicas y proyectos universitarios que aspiran a generar formas de trabajo en las que las fronteras entre disciplinas se vuelven puentes, en las que la ingeniería dialoga con la química, las matemáticas, la computación, las ciencias aplicadas, la tecnología y con las necesidades del país”.

A lo largo de estos años, desde ese espacio se han impulsado proyectos estratégicos en ámbitos tan diversos como agua, energía, infraestructura, transporte, sostenibilidad ambiental, seguridad industrial, computación avanzada, inteligencia artificial, vinculación con la industria, construcción de una cultura de paz y la integración de la comunidad universitaria en torno a temas de enorme actualidad.

Algunas iniciativas han surgido desde las propias necesidades universitarias, otras de la colaboración con instituciones públicas, organismos gubernamentales, empresas privadas y sectores productivos. En todas hay un elemento común: la mirada universitaria. “Y esa mirada importa porque cuando la UNAM participa en proyectos de vinculación no lo hace sólo como prestadora de servicios técnicos, lo hace desde una responsabilidad académica y social, con rigor científico, independencia, perspectiva de largo plazo y la convicción de que el conocimiento debe contribuir al bienestar colectivo”.

Por su parte, Rosa María Ramírez Zamora, directora del Instituto de Ingeniería y presidenta del Consejo Directivo de la Torre de Ingeniería, señaló que ese espacio emblemático se ha consolidado como uno de los nodos centrales para la investigación, el desarrollo tecnológico y la formación de vanguardia en nuestro país.

“La creación de esta Torre respondió a una visión estratégica de nuestra casa de estudios: fortalecer la infraestructura dedicada a la investigación tecnológica, potenciar la colaboración interdisciplinaria y concentrar el talento científico en un entorno moderno, funcional y firmemente orientado a resolver los grandes desafíos nacionales. Desde entonces este recinto ha albergado a entidades fundamentales de la Universidad: el Instituto de Ingeniería, pieza clave en su concepción y desarrollo en sinergia con las facultades de Ingeniería y Química y los institutos de Ciencias Aplicadas y Tecnología y de Investigación en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas, dependencias vinculadas con la investigación aplicada, la docencia avanzada y la vinculación estrecha con los sectores productivos”.

Ramírez Zamora destacó que en ese espacio la ingeniería se ha traducido directamente en resiliencia estructural, eficiencia energética, movilidad sustentable y tecnologías de la información aplicadas al bienestar social. “Este logro no pertenece a una sola entidad, es el fruto maduro de una visión compartida por las autoridades, por facultades, institutos, centros de investigación que con audacia y visión del futuro apostaron por un espacio de convergencia disciplinaria”.

En el presídium también estuvieron los directores de las facultades de Ingeniería y Química, José Antonio Hernández Espriú y Carlos Amador Bedolla, respectivamente; así como los titulares de los institutos de Ciencias Aplicadas y Tecnología, Gabriel Ascanio Gasca; y de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas, Ramsés Humberto Mena Chávez.

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