Especialistas analizan desafíos de este proceso

La transición energética, una transición mineral

El Foro “Minerales críticos y transición energética. Desafíos y posibilidades en México y el mundo” fue convocado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas, El Colegio de México y El Colegio de la Frontera Norte

La transición energética no consiste sólo en sustituir combustibles fósiles por fuentes renovables. También implica transformar la base material del sistema energético ante la creciente demanda de minerales y metales críticos, coincidieron especialistas durante el Foro “Minerales críticos y transición energética. Desafíos y posibilidades en México y el mundo”.

Convocado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM, El Colegio de México (Colmex) y El Colegio de la Frontera Norte, el encuentro analizó las dimensiones económicas, sociales, ambientales, jurídicas y geopolíticas de este proceso de transición.

Durante la inauguración, Yolanda Mexicalxóchitl García Beltrán, investigadora de El Colegio de la Frontera Norte, señaló que la permanente evolución del sistema energético obliga a formular nuevas preguntas y buscar respuestas que permitan contribuir a su transformación.

Advirtió que hablar de minerales críticos implica reconocer su estrecha relación con la transición energética y, a su vez, entender que esta última involucra mucho más que aspectos tecnológicos. “No podemos hablar de minerales críticos ignorando su vinculación con la transición energética”, afirmó, al destacar la necesidad de considerar las dimensiones social, económica, política y ambiental de este proceso.

Isabelle Rousseau, coordinadora del Programa de Energía de El Colmex, llamó a analizar esta transición en el contexto de la crisis climática y las tensiones geopolíticas, que han evidenciado la dependencia mundial de los recursos naturales.

Indicó que los impactos del cambio climático se han intensificado pese a las advertencias científicas y a los compromisos internacionales adoptados con el Acuerdo de París. A ello se suma la dependencia de los recursos minerales, que adquieren una importancia estratégica ante el crecimiento de las energías renovables, la digitalización y tecnologías como la inteligencia artificial.

En este sentido, destacó la importancia de que el análisis académico no minimice los impactos asociados con el extractivismo. “Hay que poner en la mesa todos los elementos del problema para establecer un diagnóstico lo más realista posible y evitar a futuro cometer los mismos errores que hemos cometido y los cuales estamos padeciendo hoy en día”.

Karla Cedano Villavicencio, del Laboratorio de Innovación y Futuros del Instituto de Energías Renovables de la UNAM, planteó que la transición energética debe analizarse en tres escalas interrelacionadas: el sistema energético, los territorios (hogares) y las personas.

A partir de esta perspectiva, mencionó que la transformación tecnológica no puede separarse de sus implicaciones materiales y territoriales ni de las condiciones de acceso de la población a los beneficios de la transición.

Margarita Palomino Guerrero, del IIJ, expresó que es necesario abordar la transformación energética de manera gradual. Opinó que no se trata de sustituir de inmediato todas las fuentes fósiles por renovables, sino de avanzar hacia una nueva configuración del sistema energético. También abordó el papel que desempeñan Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad dentro de la política energética nacional, así como la relación entre los ingresos públicos provenientes de los hidrocarburos y los recursos que el Estado destina al fortalecimiento de esas empresas públicas.

En este proceso, consideró fundamental revisar el marco regulatorio y fiscal mexicano como una de las posibilidades para impulsar la generación de energías renovables y propuso fortalecer los mecanismos fiscales destinados a quienes inviertan en este sector.

En la conferencia magistral, Jorge Villarreal Padilla, director general de Política Climática de la Iniciativa Climática de México, aseguró que la “transición energética es también una transición mineral”.

Explicó que descarbonizar la economía y ampliar la participación de las energías renovables implica modificar la base material del sistema energético y, con ello, la cadena de valor asociada con su producción y funcionamiento.

Esta dimensión material, señaló, no siempre está incorporada de manera suficiente en las discusiones sobre política climática. De ahí la necesidad de vincular las conversaciones sobre cambio climático, energía y minerales críticos.

Resaltó que la política climática requiere una perspectiva de largo alcance, debido a que las decisiones actuales deben orientarse tanto a la reducción acelerada de emisiones como a la atención de las consecuencias del cambio climático.

En este contexto, sostuvo que México debe avanzar hacia una trayectoria compatible con emisiones netas cero que nos permitirá tener contribuciones a las causas del calentamiento global alineadas a aquellos espacios que la propia ciencia a través del IPCC (Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) considera que son los lugares de menor riesgo o de riesgo controlado.

El Foro ofreció una amplia perspectiva de las paradojas de la descarbonización: las tecnologías destinadas a reducir el uso de combustibles fósiles requieren mayores cantidades de minerales y metales, cuya extracción genera nuevos desafíos ambientales y sociales. De ahí la necesidad de analizar las posibilidades de México ante la demanda mundial de estos recursos sin perder de vista sus impactos territoriales, las condiciones de las comunidades y la dependencia de materiales estratégicos.

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