El Instituto de Astronomía colabora con investigadores de nueve países

La UNAM participa en mapeo internacional de la Vía Láctea

Con al menos 18 universitarios en el Science Meeting 2026, la Universidad Nacional es la institución académica no estadunidense con mayor aportación individual y la primera socia oficial confirmada de su futura ampliación

Plano espectroscópico de la Pequeña Nube de Magallanes, realizado con el Local Volume Mapper de SDSS-V. La imagen revela la compleja distribución del gas ionizado y numerosas estructuras asociadas con la formación y evolución de estrellas masivas. Foto: Héctor Javier Ibarra Medel.

Para conocer los detalles del gas, las estrellas y las nebulosas que habitan la Vía Láctea –la galaxia en la que vivimos–, un consorcio internacional de instituciones académicas de nueve países (España, Alemania, EUA, Chile, Reino Unido, Australia, Hong Kong y Emiratos Árabes Unidos), en el que participa el Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM, analiza, por primera vez, mediante su distribución policromática, una representación de la luz y la radiación electromagnética compuesta por longitudes de onda o colores simultáneamente.

Esto es posible con el Local Volume Mapper (LVM por sus siglas en inglés), o Mapeado del Volumen Local, que forma parte del Sloan Digital Sky Survey, un ambicioso estudio astronómico que comenzó en el año 2000 e incluye cuatro mapeos: el mencionado y otros de espectros de galaxias, de agujeros negros y de estrellas de la Vía Láctea.

“Hasta ahora no existía ningún instrumento capaz de cubrir áreas enormes del cielo mientras medía simultáneamente la luz en miles de colores, lo que impedía estudiar la física del gas interestelar a las escalas necesarias”, explicó Sebastián Francisco Sánchez Sánchez, investigador y líder del proyecto.

El LVM fue construido para llenar ese vacío: mapear la Vía Láctea y el entorno local con un nivel de detalle sin precedentes, proporcionando la referencia local para interpretar correctamente lo que vemos en galaxias lejanas, agregó el doctor en Astrofísica.

“Es un proyecto muy ambicioso. Es un salto cuantitativo y cualitativo tremendo. La técnica que utiliza, la espectroscopía de campo integral, consiste en analizar una zona del cielo para obtener la distribución policromática, es decir, todos los espectros de esa zona del cielo de una manera continua”.

Esto sirve para extraer información física de esa región del cielo. Antes se usaba para objetos concretos, porque hace 20 o 30 años era complicado computacionalmente. En el caso de las galaxias, se hicieron muestreos, algunos liderados desde el Instituto, de 100 galaxias, luego de 500, más tarde el proyecto MaNGA (Mapping Nearby Galaxies at Apache Point Observatory), recopiló datos de 10 mil.

“Pero eran otras galaxias. En nuestro caso, lo que hemos hecho es mapear nuestra galaxia, que llena todo el cielo, pues estamos dentro de ella. El campo que se tiene que muestrear es inmenso. Para lograrlo hemos construido una infraestructura astronómica de cuatro telescopios con tres espectrógrafos”.

Cada vez que apuntan al cielo, los astrónomos toman una imagen policromática (los espectros) de una zona del cielo que es tan grande como la Luna. “Mapeamos parches del tamaño de la Luna, ya llevamos cerca de 22 mil. En total, tenemos unos 44 millones de espectros, es una cantidad apabullante de datos, nunca habíamos tomado una cosa así”.

Héctor Javier Ibarra Medel, investigador del IA e integrante del equipo, detalló que el estudio incluye básicamente la Vía Láctea, las Nubes de Magallanes (que son dos galaxias compañeras muy cercanas) y galaxias del Volumen Local (un conjunto de varios cientos de ellas situadas en nuestra vecindad solar).

Los cuatro telescopios que utiliza el LVM son pequeños, de 16 centímetros de diámetro, pero tienen una gran capacidad colectora gracias a su trabajo con detectores. El tamaño de la apertura del detector se multiplica por el tamaño del telescopio, lo que les da la capacidad para adquirir fotones.

Con los primeros datos del LVM se han estudiado la física del gas ionizado en varias nebulosas, como la de la Hélice, la Trífida y la Roseta, midiendo con precisión su temperatura, densidad y abundancias químicas.

Estos estudios han demostrado que regiones sencillas, como la Trífida, se comportan según los modelos teóricos, mientras que regiones más complejas, como la Roseta, muestran una estructura interna que no podría detectarse en galaxias distantes. En este primer lanzamiento público, el LVM ha liberado unos 300 mil espectros de seis objetos, representando apenas el uno por ciento de lo ya observado.

La colaboración internacional está integrada por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), La Laguna, España; el Instituto Max Planck de Astronomía (MPIA), Heidelberg; el Instituto de Astronomía Rechen / Instituto de Astrofísica Teórica (ARI/ZAH), la Universidad Heidelberg; el Instituto Leibniz de Astrofísica de Potsdam (AIP); el Observatorio Europeo Austral (ESO), Garching, Alemania; el Observatorio McDonald de la Universidad de Austin, Texas; el Observatorio Carnegie; el Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial (STScI); la Universidad de Illinois Urbana-Champaign; la Universidad del Estado de Nuevo México; la Universidad de Washington; la Universidad Vanderbilt; la Universidad de Colorado Boulder; la Universidad de Utah; la Universidad Cristiana de Texas; la Universidad de Wisconsin, Madison; la Universidad Diego Portales del Instituto de Estudios Astrofísicos; el Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile; la Universidad de Concepción; la Pontificia Universidad Católica de Chile; la Universidad Andrés Bello; la Universidad de St Andrews, Reino Unido; la Universidad Monash, Australia; la Universidad China de Hong Kong y la Universidad Abu Dhabi de Nueva York, Emiratos Árabes Unidos.

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