Ciclo La ciencia más allá del aula en la Facultad de Química
Las características físicas racializadas, factor que potencia la desigualdad
La acumulación histórica de desventajas y la marginación contribuyen al destino socioeconómico: Patricio Solís
La combinación de rasgos étnicos y las características físicas racializadas de las personas es un factor que potencia la desigualdad, oportunidades y destino socioeconómico, aseguró en la UNAM, Patricio Solís Gutiérrez, coordinador del Seminario Permanente de Desigualdad Socioeconómica de El Colegio de México (Colmex).
Al dictar la conferencia “Etnia, racismo y desigualdad social en México”, en el ciclo La ciencia más allá del aula, convocado por la Facultad de Química de esta Universidad, Solís Gutiérrez explicó que hay dos mecanismos principales que muestran esa desigualdad observada.
El primero, dijo, es la acumulación histórica de desventajas, a lo largo incluso de siglos, por ejemplo para las personas indígenas, con piel y cabello oscuro.
“Todo esto se halla en el presente porque la probabilidad que tiene una persona de nacer en una familia pobre con un perfil etnorracial más afín a pueblos indígenas o ascendencia negra es muy alta, por esa acumulación histórica de desventajas”, describió.
El otro mecanismo es la persistencia a la marginación, es decir la permanencia de estas prácticas. “No todo es el pasado, estamos en una sociedad que sigue discriminando”, abundó.
El sociólogo afirmó que se habla más de la dimensión etnorracial, que sólo de la étnica; es decir, “existe mucha discriminación dentro de la población llamada mestiza, que está asociada a rasgos físicos racializados, a la apariencia y no a la pertenencia étnica”, aun cuando alrededor del 60 % de los mexicanos se asumen como mestizos.
Color
El académico refirió que basado en la Encuesta del Proyecto sobre Discriminación Étnico-Racial en México del Colmex, y de 560 testimonios asociados a las características étnicas y físicas racializadas para la investigación, también realizada en esa institución, se arrojó que “a más obscura la piel, menor concentración de recursos o estrato socioeconómico muy bajo”; “piel más clara estrato socioeconómico muy alto”.
Y se hizo además una distribución de estratos socioeconómicos según el color de los ojos, en la que las personas entrevistadas con ojos verdes o azules, alrededor del 50 %, pertenecen a un estrato económico muy alto; en contraste con aproximadamente el 5 % que integran un estrato muy bajo.
Habla
Además, expuso, no sólo las personas son juzgadas en función de cómo se ven, si no de qué y cómo hablan, por lo que hacerlo a través de una lengua indígena, según su estudio, también catapulta la discriminación.
Existe una discriminación lingüística. En 1900 eran alrededor de dos millones de hablantes de lenguas indígenas, y en 2020 fueron más de siete millones, pero en términos de porcentaje de hablantes lo que atestiguamos es una tendencia de reducción en la proporción, comentó.
Al referirse a la pérdida intergeneracional del habla para las 15 lenguas indígenas con mayor número de hablantes, indicó que según estimaciones propias, a partir de la muestra del Censo de Población y Vivienda 2020, el náhuatl tiene el 22.3 % del total de personas que utilizan lenguas indígenas de México, pero un porcentaje de pérdida intergeneracional de 47.4 %.
El maya cuenta con 10.6 % de hablantes, pero una pérdida intergeneracional de 65.8 %; el Zapoteco con 6.7 % de hablantes, pero tiene un 48.8 % de pérdida intergeneracional, agregó.
Ante esto, “hay que hacernos responsables de las desventajas históricas que se han propiciado, ser mucho más agresivos con políticas antidiscriminatorias, para que esas pequeñas diferencias de trato y de discriminación no se acumulen a lo largo de la vida, y propicien la reproducción, generación tras generación de las desigualdades etnorraciales”, finalizó.