Jorge Méndez, investigador del IIEc
Las pymes, vulnerables ante las olas de calor
Uno de los principales efectos es el incremento en los costos operativos


En los últimos años el aumento de las temperaturas extremas ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en una constante cada vez más preocupante. Las olas de calor, definidas como periodos de más de tres días consecutivos con temperaturas superiores al promedio, están impactando de manera significativa no sólo al medio ambiente y en la salud de las personas, sino también al funcionamiento de la economía.
Dentro de este panorama, las pequeñas y medianas empresas (pymes) destacan como uno de los sectores más vulnerables. Estas unidades económicas son fundamentales, ya que representan la gran mayoría de los negocios y una parte importante del empleo y del producto interno bruto. En México, por ejemplo, generan el 52 % de los ingresos y emplean a 27 millones de personas, lo que equivale al 68.4 % del sector empresarial.
Debido a sus recursos limitados y a su menor capacidad de adaptación frente a fenómenos climáticos extremos, enfrentan desafíos que ponen en riesgo su estabilidad, productividad e incluso su supervivencia.
En entrevista sobre este tema, Jorge Méndez Astudillo, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, resaltó que dichos desafíos se traducen en múltiples afectaciones concretas. Uno de los principales efectos de las olas de calor en las pymes es el incremento de los costos operativos. El aumento de la temperatura obliga a un mayor uso de sistemas de enfriamiento, como ventiladores, aires acondicionados y equipos de refrigeración, lo que eleva el consumo de energía eléctrica y reduce los márgenes de ganancia, especialmente en negocios con ingresos ajustados.
Además, las olas de calor generan pérdidas económicas directas. En sectores como el agrícola y el ganadero, las altas temperaturas afectan la producción debido a sequías, estrés térmico en los animales e incendios forestales. Esto no sólo perjudica a los productores, sino que también incrementa los precios de los insumos básicos, extendiendo el impacto a lo largo de toda la cadena de valor.
En el ámbito de alimentos y bebidas, las altas temperaturas aceleran la descomposición de los productos perecederos, lo que obliga a reforzar la cadena de frío y aumenta el riesgo de desperdicio. Restaurantes, cafeterías y pequeños comercios enfrentan así una doble presión: invertir más en refrigeración y, al mismo tiempo, asumir pérdidas por productos que dejan de ser aptos para el consumo.
“A esto se suma un posible cambio en el comportamiento de los consumidores, quienes, ante el calor extremo, tienden a reducir sus salidas, disminuyendo la afluencia de clientes en establecimientos físicos”, añadió el especialista.
De manera similar, los sectores transporte y logística también resienten estos efectos. El uso intensivo de aire acondicionado en vehículos incrementa el consumo de combustible o energía, elevando los costos operativos. Asimismo, el traslado de productos que requieren refrigeración se vuelve más complejo, ya que mantener la cadena de frío exige mayores recursos y control, y cualquier falla puede derivar en pérdidas significativas.
También hay implicaciones en el comercio y la industria, donde el aumento de la demanda energética tiende a generar sobrecargas en la infraestructura eléctrica y provocar apagones. De acuerdo con la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), estos cortes pueden ocasionar pérdidas de hasta el 3.4 % de las ventas de una empresa. Además de interrumpir procesos productivos, es posible dañar equipos y generar costos adicionales por mantenimiento y reparación.
En sectores como la construcción y, en general, en todas las actividades al aire libre, los trabajadores expuestos a altas temperaturas enfrentan riesgos graves para su salud, como golpes de calor, deshidratación y problemas cardiovasculares. Estas condiciones ponen en peligro la vida de las personas, reducen la productividad, obligan a detener actividades y generan retrasos en los proyectos, agregó.
Frente a este panorama, algunas pymes han comenzado a implementar estrategias de adaptación. Entre ellas se encuentran la optimización del consumo energético, la inversión en equipos más eficientes, la modificación de horarios de operación para evitar las horas de mayor calor y la diversificación de canales de venta mediante plataformas digitales.
En el sector alimentario también se han desarrollado innovaciones en empaques y técnicas de conservación para prolongar la vida útil de los productos.
Ante este escenario, el papel del gobierno y de otros actores resulta fundamental para fortalecer la resiliencia de las pymes. Entre las acciones necesarias destacan el desarrollo de sistemas de alerta temprana ante olas de calor, la regulación de las condiciones laborales en ambientes de altas temperaturas, la creación de incentivos económicos para la inversión en infraestructura eficiente y el fortalecimiento de la energética para evitar fallas en el suministro eléctrico.
Asimismo, es clave promover la capacitación y el acceso a información que permita a las empresas tomar decisiones informadas y anticiparse a los riesgos.