Ciclo de conferencias del SUHFECIM

Lesbianas enfrentan contextos de alta precarización en el acceso a la salud

La comunidad LGBTIQ+ vive múltiples represiones y violencias en los encuentros clínicos, lo cual afecta su salud psicoemocional

Los servicios de salud que son más utilizados por la comunidad LGBTIQ+, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), son los privados, en comparación con la población que no forma parte de ese sector, y que utiliza servicios públicos, señaló Itzel Cadena Alvear, colaboradora de investigación de la Coordinación para la Igualdad de Género (CIGU) de la UNAM.

Al participar en el ciclo de conferencias Salud, identidad y medicina: Diversidades sexogenéricas en la encrucijada, del Seminario Universitario de Historia, Filosofía y Estudios de las Ciencias y la Medicina (SUHFECIM), añadió que en Brasil, de acuerdo con el llamado lesbocenso (2022), la gran mayoría de mujeres lesbianas acceden a servicios privados.

Esto podría estar en consonancia con que algunos de estos servicios tienen más capacitación y concientización acerca de formas diversas de erotismo, afectividades y vinculaciones. Ahí se detectó que 72.94 % de mujeres lesbianas viven miedo, temor o vergüenza de hablar sobre su sexualidad u orientación afectiva o sexual dentro de los encuentros clínicos. Mientras que 37.26 % no se había hecho pruebas para infecciones de transmisión sexual.

En la conferencia “Biomedicina e invisibilización de las vivencias lésbicas: retos y perspectivas en clave feminista”, detalló que estudios muestran que las lesbianas creen que por serlo es poco probable que estén expuestas al VIH u otras enfermedades de transmisión sexual, mito que ha obstaculizado la salud digna de muchas poblaciones, como las lenchitudes (concepto que agrupa identidades y corporalidades que comparten el amor y las relaciones entre mujeres).

La experta mencionó que, además, la población de mujeres lesbianas y bisexuales también se enfrenta a contextos de alta precarización y obstáculos en el acceso a la salud. De acuerdo con otro estudio, las segundas tienen más afectaciones en la salud debido al estrés crónico, en comparación con las lesbianas, lo cual podría estar vinculado con la hostilidad y discriminación de la bisexualidad dentro de la misma comunidad LGBTIQ+.

Algo interesante que podríamos considerar en estudios a futuro es que en el censo del INEGI (2012) en los datos públicos no se encuentran datos desagregados por pertenencia a subgrupos, lo cual sería muy útil, añadió en la sesión virtual.

También se viven múltiples represiones y violencias en los encuentros clínicos, lo cual afecta la salud psicoemocional de esas poblaciones. De acuerdo también con el INEGI, el 88.7 % de las personas de la comunidad enfrentan estrés y también angustia, miedos y ansiedades, así como autocensura dentro de los encuentros clínicos para poder hablar sobre sus vivencias.

Ante la invisibilización, Itzel Cadena dijo que hay múltiples ejemplos de resistencia lésbica articulando redes para el cuidado de la salud sexual. Se han creado asociaciones civiles, organizaciones, colectivas organizadas, manuales, guías, revistas, fanzines y sitios web con información para la concientización de la salud lésbica en general y sexual en particular.

Como perspectivas a futuro en clave feminista, propuso colocar al centro las dimensiones afectivas, socioculturales y subjetivas del continuum de salud y malestar, en contra de la dicotomía entre salud y enfermedad como procesos opuestos, y más bien observándolos como una sucesión de entidades que son inevitables. “Y esto puede suceder a través de la escucha clínica sensible a las estructuras sociales”.

Es importante recordar que las prácticas científicas siempre están impregnadas de factores contextuales que influyen en la forma en la que interrogamos, investigamos e interpretamos los datos. Al dar cuenta de sesgos “también podemos transformar”. Asimismo, es relevante visibilizar los pluriversos de vivencias lésbicas: es decir, no hay una sola forma de ser lesbiana o una buena forma de serlo.

Podemos hablar de términos “paraguas”, como pueden ser las lenchitudes, que intentan abarcar formas diversas de nombrarse y vivirse lesbiana. “Los feminismos, la epistemología feminista proveen herramientas analíticas que permiten analizar el debilitamiento vital que se ha impuesto sobre corporalidades históricamente excluidas”. Entre ellas se encuentran el pluralismo epistémico y la diversidad en las ciencias.

Todas esas herramientas pueden ayudarnos a interrumpir estas inercias del pensamiento heterosexual, a la vez que nos ayudan a visibilizar otras formas de vivirse, a desnaturalizar instituciones que tienden a discriminar a ciertos cuerpos, y a transformarlas en otros mundos posibles que sean mucho más dignos, finalizó Itzel Cadena Alvear.

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