Nació bajo el rectorado de José Vasconcelos

Celebra el CEPE 105 años

Concebida en 1921 como Escuela de Verano, fue hasta 1981 cuando se instituye como el Centro de Enseñanza para Extranjeros, recinto cuya misión es universalizar el conocimiento sobre la lengua española y la cultura mexicana a estudiantes que no son hispanohablantes

Alumnos en 1941 posan con ropas típicas del folclor nacional. Foto: Centro de Enseñanza para Extranjeros.

Fue un viernes 1 de julio de 1921, bajo el rectorado de José Vasconcelos, cuando inició la vida de la Escuela de Verano. El objetivo de este espacio era claro para el autor del Ulises criollo: “ofrecer cursos para extranjeros […] que se dedicaran a la enseñanza del castellano […] para que afirmaran y ampliaran sus conocimientos en esta lengua, y para que, además, visitaran la República Mexicana y se familiarizaran con las costumbres y la vida de un país de tradición latina”.

Además de Vasconcelos, Ezequiel Chávez, Pedro Henríquez Ureña, Julio Torri, Mariano Silva y Aceves y León Sánchez componen el grupo que fundó la Escuela de Verano, cuyas primeras instalaciones se encontraban en la Escuela Nacional de Altos Estudios de la UNAM, en la calle Primo de Verdad esquina con Guatemala, en el Centro Histórico, espacio que actualmente alberga al Palacio de la Autonomía.

La primera conferencia que ofreció la Escuela a sus alumnos fue “Relaciones México–Estados Unidos” a cargo de Ezequiel A. Chávez. Además, se impartieron los cursos: “Lengua española”, por Pedro Henríquez Ureña; “Historia de la literatura española e hispanoamericana”, por Julio Torri; “Historia social y política de México”, por Luis Castillo Ledón; “Geografía de México”, por Abel Ayala; “Historia y política contemporánea”, por Vicente Lombardo Toledano; “Conversación”, por Antonio Adalid; “Lectura e interpretación de textos”, por Ricardo Gómez Robelo; “Arte”, por Jorge Enciso y Manuel Romero de Terreros, y “Arqueología”, por Ramón Mena.

A lo largo de su historia, la Escuela de Verano (hoy Centro de Enseñanza para Extranjeros –CEPE–) ha tenido una pléyade de intelectuales, ya sea como directores o como planta docente. Entre las personalidades que han impartido clases en este Centro se encuentran Federico Gamboa, Mariano Azuela, Alfonso Caso, Diego Rivera, Daniel Cossío Villegas, Carlos Pellicer, Francisco Zúñiga, León Felipe, Jaime Torres Bodet, Salvador Novo, Jesús Silva Herzog, Javier Villaurrutia, Rodolfo Usigli, Manuel Toussaint, Francisco de la Garza, Pablo González Casanova, Rosario Castellanos, Antonio Castro Leal, Beatriz de la Fuente, Salvador Elizondo, Julio Torri y Vicente Lombardo Toledano.

En cuanto a los directores, después de Pedro Henríquez Ureña, quien fue el primero, continuaron Moisés Sáenz Garza, Tomás Montaño, Julio Jiménez Rueda, Pablo Martínez del Río, Francisco Villagrán, Enrique Loaiza, Francisco Monterde, Antonio Castro Leal, María del Carmen Millán, Raúl Ortiz y Ortiz, Elsa Bieler, Álvaro Matute, Sara Martínez, José Moreno de Alba, Ricardo Ancira, Guillermo Pulido, José Luis Palacio, Roberto Castañón, Alberto Vital y actualmente Anel Pérez Martínez.

En 1926 se muda a la casa de Mascarones, ubicada en la calle de San Cosme. Tras la autonomía universitaria, en 1929, tiene su primer cambio de nombre, denominándose Escuela de Verano y Departamento de Intercambio Universitario.

En 1945, la dependencia se llamó Departamento de Intercambio Universitario y Relaciones Culturales; al año siguiente hubo otro cambio: Departamento de Extensión Universitaria y Relaciones Culturales.

En 1952 modificó su nombre por el de Dirección General de Cursos Temporales. Para 1955 cambia de sede y llega a Ciudad Universitaria. En 1972 se hace oficial la petición de un espacio propio. En 1978 sufre un cambio más de nombre y se convierte en la Dirección General de Extensión Académica.

En 1981 marca formalmente la instauración del Centro de Enseñanza para Extranjeros, a sesenta años de la fundación de la Escuela de Verano.

A finales de los ochenta el CEPE da un paso importante en la labor de la enseñanza del español y la cultura mexicana debido a que se impulsa la investigación y la conformación de la primera serie de libros de textos: Pido la palabra, enfocada en la enseñanza del español como segunda lengua, elaborada y publicada con el sello editorial del Centro.

Asimismo, se fortalecieron las relaciones con la comunidad chicana por medio de publicación de artículos que trataban el tema de la relación bilateral entre México y Estados Unidos. En este renglón es importante destacar el trabajo de la Escuela Permanente de Extensión San Antonio. En el CEPE se desarrollan dos nuevas publicaciones: El Boletín, cuyo objetivo era que los miembros del Centro escribieran sobre sus experiencias en la enseñanza de la cultura mexicana a los estudiantes extranjeros y la revista Decires, publicación periódica, que sigue vigente, especializada en temas relacionados con la enseñanza del español como segunda lengua.

Por otra parte, destaca especialmente la apertura de nuevas sedes del CEPE, tanto en México como en el Extranjero: en mayo de 1992 abre sus puertas el CEPE-Taxco. En 1994 se apertura la Escuela de Extensión en Canadá, con los objetivos de ofrecer cursos permanentes de español y cultura mexicana y establecer nexos académicos con universidades e instituciones culturales canadienses.

En el año 2001 se abre otra sede en la ciudad de México, el Centro Educativo Multidisciplinario Polanco, con el propósito de atender a extranjeros que viven al centro y norte de la ciudad. En 2002 la Escuela de Extensión Chicago inicia sus funciones brindando cursos de español y cultura mexicana a la comunidad hispana radicada en la ciudad. En 2017 las sedes en el extranjero pasan a formar parte de la Coordinación de Relaciones y Asuntos Internacionales (CRAI), dependientes de la Secretaría de Desarrollo institucional.

En 2016, nace el proyecto SIELE bajo un acuerdo de colaboración entre la UNAM –a través del Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE)–, el Instituto Cervantes, la Universidad de Salamanca y la Universidad de Buenos Aires, el cual busca la certificación del dominio del español a través del respeto y especial atención al tratamiento de las distintas variedades lingüísticas del español, como son la peninsular, mexicana, centroamericana y andina, chilena y rioplatense, de manera que los textos escritos y auditivos incorporan las diferentes variedades geográficas de la lengua, mientras que en la producción escrita y oral de los examinandos se admiten todas ellas.

Al momento, se han alcanzado 128 mil 364 certificados SIELE. Asimismo, destaca que el 93 % de los exámenes se ha concentrado en 10 países: Brasil, España, China, Argentina, México, Francia, Italia, Estados Unidos, Marruecos y Alemania.

En 2025 el CEPE reforzó su colaboración con ACNUR y con la organización Scalabrini, ampliando el acompañamiento a personas en situación de movilidad forzada y vulnerabilidad. Como resultado, se inició la atención de personas refugiadas en clases de español y cultura mexicana, en modalidad a distancia desde la sede Polanco, reconociendo que el acceso a la lengua constituye una herramienta relevante para la integración social y el ejercicio de derechos.

105 años después de su fundación, el CEPE mantiene su esencia de enseñar español y cultura mexicana a personas no hispanohablantes, principalmente extranjeros, pero también a mexicanos hablantes de lenguas originarias, además de que este centro ha sido el origen de los proyectos de internacionalización que hoy día son fundamentales para la UNAM y para casi cualquier institución de educación universitaria.

El Centro de Enseñanza para Extranjeros, en sus 105 años, celebra a la comunidad, que es su corazón. Y es justamente la comunidad la que nos invita a reflexionar desde la universidad en la otredad, esa mirada distinta de comprender el mundo, las religiones, el cuerpo y, por supuesto, la lengua y el idioma: el mundo entero, es decir. Caminar por los pasillos y las aulas nos da la oportunidad de cavilar en la diversidad y nos invita a ejercer todos los días la inclusión.

Escuchar diversos idiomas representa también la posibilidad de entender por qué las preguntas distintas de cada uno de nuestros estudiantes se refieren a la diversidad, de cómo nombramos y entendemos la vida y el mundo.

Afuera de las aulas, las experiencias que nos unen a través de las visitas guiadas, de las presentaciones de danza, teatro, literatura y las tantas actividades lúdicas, nos obligan a recordar que las sonrisas y los gestos de amabilidad no requieren de traducción. Asimismo, la comunidad de maestros y maestras del CEPE, se enriquece cada vez que un alumno pregunta por qué ser y estar son verbos diferentes y en cada explicación que respondemos, tenemos que repasar nuestra propia identidad.

Anel Pérez Martínez,
directora del Centro de Enseñanza para Extranjeros

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