MEDIANTE EL FOTOMONTAJE, CONSTRUYÓ IDENTIDADES VISUALES

Una joven mujer de cabello oscuro mira a lo lejos mientras esboza una tenue sonrisa y sostiene entre sus manos, pegada al pecho, una carpeta cerrada. Esta es la figura femenina de mayor tamaño en el fotomontaje en el que Lola ha incluido, en una escala menor a la de la protagonista, otras fotografías de distintas dimensiones para ejemplificar las actividades de varias mujeres y algunas adolescentes que trabajan concentradísimas sin acusar la presencia de la fotógrafa.
A nuestra derecha quedan representadas las actividades relacionadas con las ciencias: una ecuación matemática en un pizarrón, la mesa de un laboratorio, una columna de destilación de bulbos. A nuestra izquierda se presentan las actividades de las humanidades: dos mujeres iluminan un plano, otra pinta sobre un lienzo apoyado contra un caballete. Debajo de ellas se ve un fragmento de la maquinaria de una prensa rotativa y varios otros objetos relacionados con el periodismo. Hay mujeres manejando libros en estanterías de biblioteca, que discuten frente a páginas en blanco o que leen el periódico. En la parte superior se aprecia una fotografía del edificio que las alberga a todas, una arquitectura de columnas tipo piloti y grandes ventanales.
Es el edificio de la flamante Universidad Femenina de México, creada en 1943 y presente en sus siglas “UFM” (el espacio que ocupó se adaptó de un edificio de apartamentos de 1942 diseñado por el arquitecto Carlos Obregón Santacilia, esposo de la fundadora). La máquina aparece al centro, curiosamente, como un recordatorio de la aplicación “práctica” del conocimiento, pero también de la modernización del país.
Lola construyó fotomontajes desde los años 30; algunos los elaboró para la revista El Maestro Rural, órgano de difusión de la Secretaría de Educación Pública, otros a modo de carteles de crítica social como su famoso El sueño de los pobres. En todos los casos usó sus propias imágenes fotográficas ampliándolas a diferentes tamaños con un plan regulador en mente para construir una suerte de narrativa global cercana a un mural, como los de Diego Rivera. Predominan en su producción los formatos horizontales, que le permitían elaborar composiciones con amplias líneas de fuga. Sin embargo, al igual que el fotomontaje que aquí nos ocupa, realizó otros en formato vertical, como Abriendo caminos.
En 1946, Lola contribuyó con cerca de 60 fotografías, entre ellas tres fotomontajes, al libro conmemorativo de las labores realizadas por el gobierno de Manuel Ávila Camacho durante su sexenio (1940-1946). Estos fotomontajes fueron: una composición cuadrada sobre la Orquesta Sinfónica de México, con las iniciales OSM inscritas en una partitura; un fotomontaje acerca de las “industrias que tienen la responsabilidad como vehículos de cultura”: el cine, la radio y el periodismo, con el diario oficial del gobierno El Nacional como ejemplo, con una imagen de una prensa rotativa que es casi idéntica a la de la UFM, y la primera versión de un fotomontaje sobre la arquitectura funcionalista, La capital de la República.
Sin embargo, la creación de la UFM fue resultado de la labor de la pedagoga, escritora y feminista Adela Formoso de Obregón Santacilia, su fundadora, y de su empeño por crear una universidad exclusiva para mujeres a fin de impulsar una educación superior para ellas que no se rigiera por el “ambiente conducido por las reglas masculinas”. Las autoridades de nuestra casa de estudios vieron en la creación de la UFM una manera de incrementar la matrícula femenina. Las carreras que se ofrecieron fueron: Humanidades, Ciencias Sociales, Ciencias Físico-Químicas, Biología, Arquitectura, Medicina, Farmacología, y Archivos y Bibliotecas. Las mujeres y sus actividades, incluidas por Lola en el fotomontaje, representan justamente estos campos de la formación universitaria e incluso podemos observar a nuestra derecha unas chicas muy jovencitas, seguramente por la inclusión de las estudiantes del bachillerato con que se amplió la oferta educativa.
La técnica del fotomontaje permitió a Lola hacer un trabajo de construcción de identidades visuales para muy diferentes agrupaciones públicas y privadas, en una época en la que el fotomontaje sirvió tanto para hacer crítica a los regímenes autoritarios (como en los trabajos de John Hartfield y Hanna Höch), como para hacer propaganda política.
