Análisis desde la sociología y las finanzas

México, a un mes del Mundial: celebración, expectativas y desafíos

Expertos coinciden en que la nación vivirá una experiencia festiva y de convivencia, aunque con impactos económicos acotados, retos en movilidad, acceso y entorno urbano

A un mes del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, a realizarse en Estados Unidos, Canadá y México del 11 de junio al 19 de julio, el certamen camina en nuestro país entre la incertidumbre por algunas obras e indicadores económicos; sin embargo, el Estadio Azteca, hoy Banorte, está listo para marcar un hito como único inmueble de la historia en el que se inauguren tres Mundiales (1970, 1986 y 2026).

México enfrenta a Sudáfrica al iniciar esta aventura que le ofrece a esta sede 13 partidos de los 104 programados: cinco en Ciudad de México, cuatro en Guadalajara y cuatro en Monterrey.

México se perfila hacia un momento que, más allá de lo deportivo, puede convertirse en un espacio de convivencia, celebración y encuentro colectivo.

Sergio Varela Hernández, profesor del Centro de Estudios Antropológicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), y Gabriel Delgado Toral, de la División de Estudios Profesionales de la Facultad de Economía, reflexionaron con respecto a este certamen en el que están inmersos los ángulos político, económico y social.

El licenciado en Sociología por la FCPyS. con líneas de investigación que se centran en el análisis antropológico y sociológico del deporte, con un enfoque particular en las relaciones entre cuerpo, género y desarrollo urbano, afirmó que la Copa Mundial abre la posibilidad de una experiencia festiva capaz de generar identidad, socialización e incluso un renovado sentido de orgullo, particularmente si el desempeño de la selección mexicana acompaña ese ánimo.

Esa dimensión festiva, explicó el académico, no es menor. En un contexto social complejo, el futbol puede articular momentos de cohesión y de apropiación del espacio público, ya sea en estadios, plazas o zonas habilitadas para seguir los partidos.

El doctor en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana señaló que la expectativa de los llamados FanFest y otros puntos de reunión masiva apunta justamente a esa necesidad de compartir una experiencia común, aunque estos espacios se estén planteando a comercializarse.

“No estoy en contra ni de la fiesta ni del carnaval, pero sí me parece que habría que tener mucho cuidado en la medida en que la mayoría de estas actividades que se dan en torno al espectáculo futbolero están marcadamente masculinizadas, y que de pronto tienden a tener características no muy encomiables, pero la fiesta en sí misma no la veo mal, y menos cuando sea incluyente y tolerante”.

Cabe decir que Varela Hernández ha desarrollado en la academia un trabajo etnográfico que realiza con su alumnado, en en el que han estudiado transformaciones concretas en distintos niveles relacionados con la Copa Mundial en Ciudad de México. Uno de los más visibles es el de la infraestructura.

Dijo que a un mes de la inauguración las intervenciones en vialidades estratégicas como la Calzada de Tlalpan, así como ajustes en el Metro de la Ciudad de México, han generado impactos directos en la movilidad. “Aunque no se trata de inversiones de la magnitud observada en otras sedes mundialistas, sí han alterado de manera significativa los tiempos de traslado y la experiencia cotidiana de miles de personas”.

Estas modificaciones físicas traen consigo efectos menos visibles, pero igualmente relevantes. El aumento en los tiempos de desplazamiento, la saturación del transporte y la presión sobre servicios urbanos han derivado en malestares que, según Varela, aún no han sido analizados con suficiente profundidad. “Hay una dimensión emocional en todo esto, vinculada al desgaste que implica habitar una ciudad en constante ajuste”.

El universitario apuntó que, en el terreno mediático y económico, el Mundial también marca una ruptura con el pasado, donde, a diferencia de otras ediciones, actores nacionales tenían un control más claro de la narrativa, hoy el evento responde a una lógica globalizada. “Grandes corporaciones internacionales dominan los derechos de transmisión y la circulación de contenidos, en un entorno donde el streaming y las redes sociales han desplazado a los formatos tradicionales”.

Afectaciones moderadas

Por su parte, Gabriel Delgado Toral, adscrito al área de Teorías Aplicadas y Economía Internacional de la FE, describió que, si bien la expectativa económica alrededor del torneo crece entre proyecciones de turismo, derrama millonaria e inversiones en infraestructura, lo cierto, desde su óptica, es que el impacto real del certamen sobre la economía mexicana será mucho más moderado de lo que suele anunciarse.

Y es que el Gobierno Federal ha estimado que la Copa Mundial de la FIFA 2026 atraerá entre 5 y 6 millones de visitantes internacionales adicionales a México.

El académico asumió que la Copa Mundial sí generará movimiento económico y un ambiente de consumo importante, particularmente en sectores como hotelería, restaurantes, transporte y entretenimiento, pero “el impacto va a ser marginal a nivel macroeconómico”. Aunque se han manejado estimaciones optimistas sobre crecimiento y derrama económica, indicó que el Mundial no modificará de manera sustancial la trayectoria de crecimiento de la economía nacional, que desde hace algunos años atraviesa un periodo de desaceleración.

Desde su perspectiva, mencionó que buena parte de las cifras difundidas parten de cálculos demasiado amplios que incorporan el turismo habitual de verano, no sólo del turismo estrictamente futbolístico, lo cual infla las expectativas sobre la llegada de visitantes.

También pone en contexto la capacidad real de recepción. Aun considerando los partidos programados en México y la capacidad conjunta de los estadios sede, el volumen de asistentes no correspondería a las cifras más elevadas que se han proyectado públicamente.

En el caso del sector hotelero, el académico, quien imparte cátedra de economía internacional, observó un fenómeno particular: el aumento de precios impulsado por la expectativa del Mundial. Las tarifas dinámicas y la percepción de alta demanda han elevado costos de hospedaje, aunque en algunos casos ya comienzan a registrarse cancelaciones y ajustes en reservas.

“El discurso oficial genera una sensación de urgencia, como decir: ‘Oigan, vengan rápido porque hay lugares’. Esta percepción favorece incrementos de precios y estrategias comerciales orientadas a maximizar ganancias durante el torneo”.

Cabe decir que la Secretaría de Turismo del Gobierno Federal, ante información divulgada sobre supuestas cancelaciones masivas de reservaciones hoteleras vinculadas con la Copa Mundial de la FIFA 2026, aclaró a través de un boletín de prensa que dichas versiones no reflejan la realidad del proceso de planeación ni el comportamiento del mercado turístico internacional. En el mismo texto, se informó que Ciudad de México cuenta con más de 63 mil habitaciones en alrededor de 800 hoteles, además de miles de opciones adicionales en la zona metropolitana.

Otro de los retos identificados es la movilidad. Delgado Toral consideró que uno de los principales riesgos económicos no está necesariamente en la falta de visitantes, sino en los problemas logísticos asociados al transporte y al aeropuerto capitalino.

En este sentido, señaló que el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de Ciudad de México opera desde hace años cerca de sus límites de capacidad. Aunque se anunciaron incrementos en operaciones para el periodo mundialista, persisten riesgos de saturación, retrasos y complicaciones para los viajeros.

“El problema es logístico. Los costos derivados de conexiones perdidas, retrasos o saturación podrían afectar la experiencia de quienes visiten el país”.

Aceptó que si bien es cierto “el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles o el aeropuerto de Toluca podrían absorber parte del impacto de las operaciones del aeropuerto de Ciudad de México, esto sólo podrá ser con vuelos privados”.

En otro orden de ideas, en cuanto a la inversión pública, Delgado Toral describió que gran parte del gasto tendrá un carácter coyuntural: seguridad, adecuaciones urbanas, logística y mejoramiento temporal de espacios cercanos a los estadios. “Aunque algunas obras de movilidad permanecerán, no se prevé una transformación urbana profunda”.

Donde sí anticipa cambios más notorios es en el mercado inmobiliario. A su juicio, el Mundial acelerará procesos de gentrificación ya presentes en diversas zonas de la capital. Plataformas de renta de corto plazo y desarrolladores inmobiliarios figuran entre los principales beneficiarios de este contexto.

Colonias como Roma, Condesa o Polanco, entre otras, podrían experimentar un incremento aún mayor en rentas y servicios, mientras habitantes tradicionales enfrentarían mayores dificultades para permanecer en esas zonas.

Distinguió un cambio importante: “Lo que antes era una fiesta popular se ha convertido cada vez más en un producto de lujo. El precio de boletos, hospedaje y consumo asociado al encuentro coloca muchas experiencias mundialistas fuera del alcance de buena parte de la población”.

A la pregunta de quién capitaliza la Copa Mundial, Gabriel Delgado consideró que la mayor concentración de beneficios quedará en manos de grandes corporaciones internacionales, cadenas hoteleras, aerolíneas, plataformas digitales y patrocinadores oficiales. “La FIFA continúa siendo la principal beneficiaria económica del torneo”.

El Estadio Akron, una de las tres plazas del país.
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