México y Cuba hacen de la música un puente de amistad

Como una colaboración entre la Embajada de México y nuestra sede UNAM-Cuba, el Grito de Dolores y la gran final de “Serenata a México” convirtieron la noche habanera en una celebración de la historia, la música y los profundos vínculos culturales entre ambos pueblos

Foto: UNAM-Cuba.

La música volvió a demostrar anoche que existen lenguajes capaces de trascender fronteras. El Teatro Karl Marx de La Habana acogió la celebración por el 216 aniversario del inicio de la Independencia de México, con la tradicional ceremonia del Grito de Dolores, y la gran final de la primera edición del concurso “Serenata a México”, en una gala que reunió a artistas, representantes institucionales y público cubano en torno a una de las expresiones culturales más arraigadas en la relación entre México y Cuba.

Con el teatro lleno y las banderas de ambas naciones como protagonistas de la escena, la celebración conjugó ceremonia cívica, música y reconocimiento al talento cubano que mantiene viva, generación tras generación, la tradición de la música mexicana en la Isla.

El Grito de Dolores se escuchó en La Habana

La ceremonia estuvo encabezada por el Embajador de México en Cuba, Miguel Ignacio Díaz Reynoso, quien realizó el tradicional Grito de Independencia antes de dar paso a la gala artística.

En esta ocasión, y con el apoyo y colaboración de nuestra sede en la isla caribeña, la celebración adquirió un significado particular al estar acompañada por un homenaje a la radio cubana, medio que durante décadas ha contribuido decisivamente a la difusión de la música mexicana en el país.

“Serenata a México”: una fiesta de voces cubanas

La gran final del concurso fue el resultado de un proceso que reunió a alrededor de 80 intérpretes cubanos, convocados por la Embajada de México en Cuba y UNAM-Cuba.

El certamen estableció dos categorías: Interpretación de canciones de Juan Gabriel e Interpretación de Música Ranchera Mexicana, y permitió descubrir y reunir a voces de distintas generaciones unidas por su admiración y respeto hacia la cultura musical de México.

Ocho intérpretes llegaron a la gran final. Boris Sardiñas Córdoba se alzó con el Premio a la Interpretación de Juan Gabriel y, además, recibió el Premio de la Popularidad, convirtiéndose en uno de los grandes protagonistas de esta primera edición.

Por su parte, Maía María Rodríguez Aliaga obtuvo el Premio a la Interpretación de Música Mexicana, coronando su participación en el certamen.

Dos voces, dos reconocimientos y una misma celebración: la vigencia de la música mexicana en Cuba.
La valoración artística de los concursantes estuvo a cargo de un jurado presidido por la reconocida intérprete cubana Beatriz Márquez, “La Musicalísima”, e integrado por Sergio Farías, Raquel Hernández, Mirtha Sansó y Eraclides Azahares.

Durante el proceso, los finalistas recibieron además las orientaciones y recomendaciones de estos profesionales, quienes los estimularon a asumir la música mexicana no solamente como un repertorio que interpretar, sino como un verdadero reto artístico.

Uno de los elementos distintivos de la gala fue su concepción como un programa de radio en vivo, con una escenografía que recreó una cabina radiofónica y convirtió al teatro en una gran emisora. Gracias a ello, y según los registros radiofónicos oficiales, la gala fue escuchada por 4.7 millones de personas.

Un esfuerzo compartido

La realización de “Serenata a México” fue posible gracias al trabajo conjunto de instituciones mexicanas y cubanas.

En el proyecto participaron la Embajada de México en Cuba, la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), el Centro de Estudios Mexicanos de la UNAM en Cuba, la Casa Benito Juárez, el Ministerio de Cultura de Cuba, el Instituto Cubano de la Música y la Radio Cubana, junto a artistas, técnicos y profesionales que hicieron posible la gala.

Así, entre rancheras, canciones de Juan Gabriel, mariachis y voces cubanas, México celebró su independencia en La Habana y Cuba respondió desde uno de sus territorios culturales más entrañables: la música.

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