Puede ser severa y su efecto dura hasta 72 horas
Migraña, una de las enfermedades más discapacitantes
Pese a su gravedad, aún es subestimada y confundida con un simple dolor de cabeza

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la migraña es una de las enfermedades neurológicas que más discapacidad provoca en el mundo. A pesar de su elevada frecuencia y del impacto que puede tener en la calidad de vida, todavía suele ser subestimada y confundida con un simple dolor de cabeza.
Sin embargo, es un padecimiento neurológico caracterizado por episodios recurrentes de cefalea que pueden alcanzar una intensidad moderada o severa y durar entre cuatro y 72 horas. Durante éstos, muchas personas quedan imposibilitadas para trabajar, estudiar, practicar deporte o realizar con normalidad actividades de la vida cotidiana. Por ello, sus consecuencias no se limitan al dolor: también pueden afectar la vida familiar, social, académica y laboral.
Antes, durante y después del episodio
El neurólogo clínico de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, Moisés Eduardo Rodríguez Olvera, explicó en el programa Con-ciencia. Psicología y sociedad, de Radio UNAM, que una de las principales características de la migraña es la gran variabilidad con la que se presenta. Mientras algunas personas experimentan ataques poco frecuentes, pero de intensidad muy elevada, otras pueden tener dolores más constantes, aunque menos intensos. En los casos de migraña crónica, los episodios pueden presentarse prácticamente todos los días.
Generalmente, el dolor es pulsátil y puede aparecer sólo en un lado de la cabeza o afectar ambos lados. A esta manifestación se suman diversos síntomas físicos y sensoriales, como náuseas, vómitos, mareos y una sensibilidad extrema a la luz, los sonidos, los olores o incluso al tacto. La combinación y la intensidad de estos síntomas varían de una persona a otra.
Además, no comienza ni termina necesariamente con la cefalea. Algunas personas presentan señales que pueden anticipar su llegada. Otras experimentan el llamado aura antes o durante el ataque, que incluye alteraciones visuales, como destellos de luz, puntos de colores o cambios en la visión, así como hormigueo o entumecimiento en las extremidades o en la cara.
Incluso después de que desaparece la cefalea es posible que permanezcan el cansancio, el agotamiento, el malestar el dolor residual, la falta de concentración, las dificultades de memoria, la ansiedad o incluso la depresión. De esta manera, la migraña podría ser una experiencia que afecta a la persona antes, durante y después del episodio.
Impacto
Durante los ataques, algunas personas no pueden realizar sus actividades habituales y a esto se suma una dimensión económica, pues quienes la padecen realizan gastos constantes en distintos tratamientos.
Parte de esta complejidad radica en que los factores que pueden favorecer un ataque como los cambios en el clima y la presión barométrica, las fluctuaciones hormonales, las alteraciones en los patrones de sueño, saltarse comidas, la deshidratación y, en algunas personas, el ejercicio intenso o un esfuerzo físico mayor al habitual. En muchos casos, además, no existe un sólo desencadenante, sino una combinación de factores que aumentan la probabilidad de que aparezca un episodio.
A éstos se suman otros relacionados con el estado psicológico, como el estrés, las preocupaciones, la ansiedad y determinadas emociones.
Atención integral
Al ser una enfermedad multifactorial, la migraña se debe atender de una forma integral. En este contexto, el especialista de la FP comentó que la intervención psicológica puede desempeñar un papel importante. La terapia cognitivo-conductual busca ayudar al paciente a modificar pensamientos, conductas y hábitos relacionados con la enfermedad y promover un estilo de vida más saludable.
Entre los aspectos que pueden trabajarse se encuentran los hábitos de alimentación, ejercicio y sueño, así como las estrategias para afrontar el estrés y las situaciones emocionales que puedan relacionarse con los episodios. Asimismo, se deben observar las intervenciones psicofisiológicas, particularmente la relajación.
En la parte médica, una herramienta fundamental es el diario de cefaleas y la autoobservación. La persona puede registrar diariamente la aparición, duración e intensidad de sus dolores, así como las actividades realizadas, los alimentos consumidos, la cantidad y calidad del sueño, la hidratación, los medicamentos utilizados y las circunstancias emocionales o sociales que estuvieron presentes antes del episodio. Este registro permite identificar patrones y posibles desencadenantes que podrían pasar desapercibidos.
Otro punto esencial es la necesidad de evitar la automedicación. Debido a que muchas personas consideran inicialmente la migraña como un dolor de cabeza común, pueden recurrir por su cuenta a analgésicos sin lograr un control adecuado de la enfermedad.