Promueven paternidad presente y libre de violencia

“No basta con proveer; los padres deben construir vínculos afectivos”

Aunque las hijas e hijos no son de nuestra propiedad, sí somos responsables de su bienestar. Debemos comprender que son personas sujetas de derechos, con dignidad, sueños, emociones; pero lo más importante: “deben tener voz propia”, consideró Abner Vélez Ortiz, profesor de las facultades de Arquitectura y de Estudios Superiores Acatlán.

Al participar en el espacio radiofónico Vida Cotidiana, Sociedad en Movimiento, coproducido por la Escuela Nacional de Trabajo Social y Radio UNAM, afirmó que, como padres, “la invitación es a impulsarlos y caminar junto a ellos, claro, hasta donde nos lo permitan; estamos aquí para ustedes. Si en algún momento los soltamos, no significa necesariamente que los vayamos a dejar libres por el campo”.

Puntualizó que es necesario alejarse del modelo de paternidad violenta al que quizá estamos acostumbrados, tomar distancia de él y dar un paso atrás, pero sin caer en la permisividad absoluta. “Debemos aprender a poner límites y sostener conversaciones incómodas en el hogar: elijo no pegarte, pero tampoco acepto berrinches ni desobediencia; vamos a hablar, a negociar”.

Además de la violencia física, los padres pueden ejercer violencia simbólica mediante conductas como dejar de hablarles a sus hijos ante un mal comportamiento o privarlos de dinero y permisos. Sin embargo, también existen paternidades que ejecutan violencia sexual, una problemática profundamente normalizada.

Este fenómeno se manifiesta cuando los hijos son incapaces de comprender la naturaleza de ciertas conductas de sus progenitores, como los tocamientos, la observación persistente o el hecho de compartir el baño de manera inapropiada, comentó al hablar sobre “Paternidades presentes y libres de violencia”.

Todo ello tiene un antecedente: hay padres que quizá por cuestiones culturales no nombran las cosas como son. Por ejemplo, utilizan expresiones como “el pajarito” o “la palomita”, para referirse a los genitales de sus hijas o hijos pequeños, y conforme estos crecen, normalizan este lenguaje. “También de eso necesitamos hablar y romper con esa normalización”.

Vélez Ortiz consideró que los roles y estereotipos de género se construyen a partir de la imposición “de lo que nos toca, de lo que se espera de nosotros. En términos antropológicos, los hombres existen y son criados para procrear, producir y proteger, una visión con la que también crecemos porque es lo que nos dicen”.

Indicó que por tradición se ha creído que los cuidados, el acompañamiento y la ternura son tareas exclusivas de las mujeres. Esa idea se ha transmitido de generación en generación y aún se espera que los varones “sólo se dediquen al sustento económico y que su participación afectiva se limite a un gesto mínimo, como una simple palmadita en la espalda de sus hijos durante sus momentos de descanso”.

No es que hayan sido paternidades ausentes; el verdadero vacío ha sido la falta de afecto. “En un grupo de reflexión me atreví a preguntar a algunos compañeros: ‘¿Qué piensan de su papá?’, y literalmente respondieron: ‘Es que no sé quién es’. Les cuestioné: ‘¿Pero tus papás siguen viviendo juntos?’. Su respuesta fue: ‘Sí, pero no sé quién es’”.

Al llegar a la madurez, en el ocaso de su vida, la figura paterna busca conectar con sus hijas e hijos, lo que resulta complejo pues estos, literalmente, no saben quién es. Entonces les exigen afecto y atención, “pero no existe ningún vínculo afectivo real, sólo el sanguíneo, porque comparten sus apellidos o porque cuida de sus hijos, es decir, sus nietos”.

Ante la interrogante de por qué las madres siguen reproduciendo roles de género en la crianza, el universitario señaló que la familia actúa como el primer agente socializador. “Este ámbito privado es el primer espacio donde comienza el aprendizaje de los roles y estereotipos que dictan lo que le corresponde hacer a cada persona”.

En ese sentido, prosiguió, el primer paso para madres y padres es distribuir equitativamente las actividades y despojarlas de etiquetas de género. Es necesario desmitificar la idea de que existen actividades exclusivas para niñas o para niños y mostrarles que las tareas del hogar corresponden a todas las personas; ello favorece la formación de adultos funcionales.

Destacó que históricamente la cultura ha tendido a formar “principitos” que buscan una esposa que continúe maternándolos. Esto debe cambiar: “Debemos criar hijos independientes que al llegar a la adultez sean capaces de valerse por sí mismos y que al formar una familia, colaboren en las tareas del hogar, además de asumir su papel como proveedores. Hay progenitores que viven bajo la presión de llevar el sustento a casa y ahí se quedan para siempre, nunca conectan con los demás integrantes de la familia, planteó el académico.

En estos tiempos convulsos en los que nos toca ejercer la paternidad, es necesario buscar ayuda profesional para ser mejores padres y hacer equipo con esposas o parejas, escuchar sus necesidades y cerrar filas en la crianza; “dejar de ser progenitores para convertirnos en verdaderos padres. La invitación sería, sobre todo para la figura paterna, a no perder la oportunidad de conectar con sus hijos”, finalizó.

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