Falta la dimensión subjetiva
“No tenemos una noción clara de qué es lo social”
Las categorías desde donde lo pensamos, como marginalidad, marginación, pobreza, desigualdad o discriminación, son muy pobres; se requiere construir nuevos conceptos: Mario Luis Fuentes, del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo

Hoy más que nunca debemos entender que no tenemos noción clara de lo que es lo social. Las categorías desde donde lo pensamos, como marginalidad, marginación, pobreza, desigualdad o discriminación, son muy pobres, y se requiere construir nuevos conceptos y palabras para hablar de ello, dijo Mario Luis Fuentes Alcalá.
El presidente del Patronato Universitario e investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo consideró que el pensamiento social dominante es insuficiente. “Hoy debemos preguntarnos si comprendemos qué es lo social y quiénes son los sujetos sociales; de eso se trata”.
Al participar en el Seminario Permanente Internacional Interdisciplinario sobre Emergencia Social Comunitaria 2026, en la Escuela Nacional de Trabajo Social, refirió: “Para mí, lo social es un espacio no del todo conocido; es un ‘cosmos’ con constelaciones, pero también con espacios oscuros”, como lo planteó en el libro Neoliberalismo. “Habitus” y cuestión social (2023).
Al respecto detalló que “no conocemos cómo se viven lo que llamamos problemas sociales: qué significa ser pobre, no tener alimentos, vivir en entornos de violencia permanente”. Tenemos indicadores, confinados a un número que da cuenta de cuántas personas tienen empleo o reciben educación, pero que no nos abren la dimensión subjetiva de cómo se interiorizan las privaciones.
Los datos son signos que se interpretan desde una postura empírico-analítica, y donde al número se le da una dimensión de ser verdad, representativo de lo social. Pero, advirtió, hay otras dimensiones de lo social que no tienen un número: la tristeza, la ansiedad, la sensación de no pertenencia, el miedo, la desesperanza.
Por ello, reiteró, “planteo que lo social es como un cosmos donde hay zonas que no son conocidas, que no tienen números, pero que no por esto podemos dejar de asumir que son parte de ese espacio que se ha expandido brutalmente con las redes digitales. Desconocemos, por ejemplo, cómo se vive la violencia en los espacios familiares y sus consecuencias, sobre todo en personas entre los cero y los siete años, cuando se construye la identidad.
El universitario comentó que lo social no se puede conocer del todo, y que lo que responde a la política del Estado es sólo una parte. Y eso abre otra pregunta: quién decide qué problemas deben ser atendidos por los gobiernos. Además, “introduzco una dimensión de lo social: que todo lo humano está insertado en una dimensión de poder”.
Somos seres económicos, pero también políticos, es decir, sujetos que aspiramos, creamos, construimos y disputamos el poder. Esta disputa nos atraviesa todo el tiempo, y nos configura en la relación con los otros. En función de esta visión ontológica del ser, asumimos supuestos de nosotros y de los otros. “Todo el tiempo negociamos y ejercemos poder y tratamos de obtener más”.
En la sesión, moderada por Leticia Cano Soriano, directora del Programa Universitario sobre Cultura de Paz y Erradicación de las Violencias y cocoordinadora del Seminario, Fuentes Alcalá acotó que la investigación cuantitativa es relevante, pero se tiene que dar también la cualitativa. Ante las desapariciones, la pregunta no es cuántas son o cuántas fosas hay; lo de fondo es saber cómo es posible que gente desaparezca o que haya tanta injusticia o desigualdad.
En el libro Coordenadas para pensar lo social (2025), Mario Luis Fuentes recordó: “escribí que pobreza y marginación son estructuras que son estructuradas por la desigualdad y la discriminación”. Estos procesos, que son simultáneos e interdependientes, generan la vulnerabilidad de sentirse desprotegido.
Y en el libro Una hermenéutica de lo social: el tigre silencioso, que está escribiendo, plantea que la única forma de entender qué es lo social es recuperando el pensamiento estético. La violencia, el secuestro, las desapariciones o extorsiones son como ese felino, y en esta obra “trato de buscar fragmentos poéticos, testimonios de novela, que den cuenta de ello. Empiezo con Juan Rulfo, en Comala, donde los muertos hablan”.
Así, recurro a la estética como un lenguaje adicional de lo social. La poesía, la novela, la pintura no son un ornamento, sino que sirven para usar la dimensión de lo humano para tratar de designar lo que no tiene número. En el texto “develo la importancia del lenguaje en lo social” y qué significa hablar de carencias o marginación, en vez de privaciones. Las palabras pesan y revelan una manera de entender lo social, concluyó Fuentes Alcalá.