Académicas impulsan enfoques integrales en el tema

La atención de la salud mental en mujeres exige perspectiva de género

Durante un conversatorio se discutió la sobrecarga derivada de tareas no remuneradas y su impacto en el equilibrio psicosocial

Rosaura de la Torre, Ana Patricia Guerrero, Ingrid Vargas y Norma Morales. Foto: ENTS.

En el marco de actividades de la Jornada Letras Violetas, organizada por la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) con motivo del 8M Día internacional de las Mujeres, se llevó a cabo el conversatorio “La importancia de visibilizar la salud mental en las mujeres”, espacio académico en el que especialistas destacaron la relevancia de incorporar la perspectiva de género en la atención de la salud mental, así como de construir prácticas más sensibles, informadas y centradas en los derechos humanos.

La salud mental no puede entenderse como un fenómeno exclusivamente individual o clínico, sino como un proceso profundamente influido por los determinantes sociales, entre ellos el género, la clase social, la edad y las condiciones socioculturales. En este sentido, se enfatizó que el género constituye un eje central que permite visibilizar las desigualdades históricas que impactan de manera diferenciada a mujeres y hombres, señalaron expertas, durante el acto realizado en el Auditorio Dr. Manuel Sánchez Rosado.

Durante el diálogo, se subrayó que los roles y estereotipos de género continúan influyendo profundamente en la forma en que las personas expresan su malestar emocional. En el caso de los hombres, agregaron que existen limitaciones culturales para exteriorizar emociones como la tristeza o la vulnerabilidad, lo que en muchos casos deriva en conductas de riesgo, el consumo de sustancias, por ejemplo, como una vía de escape ante el sufrimiento psicológico.

En su intervención, Rosaura Margarita de la Torre, jefa del Departamento de Equidad y Género de Centros de Integración Juvenil (CIJ), dijo que su acercamiento a la perspectiva de género surgió a partir de su práctica clínica, particularmente al trabajar con hombres en conflicto con la ley y posteriormente con mujeres en situación de adicción. Señaló que estas experiencias evidenciaron diferencias sustantivas en las causas de los padecimientos, las formas en que se manifiestan, y las consecuencias sociales y personales.

Por su parte, Ingrid Vargas Huicochea, profesora de la Facultad de Medicina de la UNAM, enfatizó la relevancia de analizar los roles de cuidado desde una perspectiva de género: “Las mujeres asumen de manera predominante estas tareas, lo que refleja la llamada feminización del cuidado, un fenómeno estructural que impacta directamente en su salud mental”.

Las labores de cuidado frecuentemente no remuneradas e invisibilizadas generan sobrecarga, aislamiento y desgaste emocional, lo que incrementa la incidencia de padecimientos como la ansiedad y la depresión. Asimismo, se destacó que, aunque el género ha sido reconocido teóricamente como un determinante social de la salud, en la práctica aún existen importantes brechas en su incorporación efectiva.

Las ponentes coincidieron en que uno de los principales retos es la resistencia cultural e institucional para incorporar esta perspectiva en los procesos de atención. Entre las principales tensiones identificadas se encuentran: la dificultad del personal profesional para reconocer desigualdades de género; la normalización de roles tradicionales en las familias, y la confrontación que implica cuestionar estereotipos profundamente arraigados.

Desde la perspectiva del trabajo social, se analizó la necesidad de comprender a las personas en su contexto integral. La atención individual no debe limitarse al caso aislado, sino considerar las condiciones estructurales que atraviesan la vida de las mujeres, como la pobreza, la edad, la salud, el aislamiento o la violencia. Este enfoque permite generar intervenciones más empáticas y pertinentes, orientadas a facilitar el acceso a servicios y a mejorar la calidad de vida.

En este sentido, se planteó que la información y el conocimiento del contexto son herramientas fundamentales para la intervención profesional. Contar con datos sobre las condiciones sociales permite a las y los trabajadores sociales tomar decisiones más sensibles, evitando prácticas que revictimicen o reproduzcan desigualdades.

En este contexto, el trabajo social se posiciona como una disciplina estratégica para la construcción de respuestas integrales, al promover intervenciones con enfoque interseccional e interdisciplinario y que fortalezcan redes de apoyo. Reafirmaron también la necesidad de articular esfuerzos entre profesionales de la salud, instituciones y comunidades para generar espacios sensibles, libres de violencias y orientados al bienestar colectivo.

Las especialistas hicieron especial énfasis en la necesidad de fortalecer los espacios de atención mediante la incorporación de la perspectiva de género como un eje transversal. Esto implica no sólo atender casos de violencia, sino sensibilizar a todo el personal involucrado, desde áreas administrativas hasta operativas para comprender las problemáticas desde una mirada integral y garantizar una atención digna y adecuada.

Finalmente, el conversatorio abrió la discusión sobre el papel de las masculinidades en la transformación social, señalando que es fundamental involucrar a los hombres en las tareas de cuidado, la vida familiar y doméstica, lo que contribuye a reducir las desigualdades y favorece relaciones más equitativas y entornos que promueven la salud mental colectiva.

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