¡Piensa rápido! El secreto es la mielina

El sistema nervioso de los organismos se puede imaginar como una red enorme de circuitos eléctricos formados por neuronas, que se envían información –mediante sus axones– en cuestión de milisegundos. Gracias a esta red podemos observar el mundo, entender lo que pasa a nuestro alrededor, movernos, sentir y responder a los cambios que se presentan. Podría parecer que la analogía de los circuitos lo explica todo; sin embargo, hay algún elemento que estamos omitiendo. Por ejemplo, si queremos mandar un mensaje a alguien, seguramente buscaremos aplicaciones de mensajería o correos electrónicos, nadie se esperaría días a que llegue una carta. Para mandar información, necesitamos velocidad. Y así como la tecnología ha desarrollado estrategias para conseguirla, el cerebro no se queda atrás en la evolución y logra llegar a transmitir su información a muy alta velocidad, con algunas neuronas transmitiendo hasta 150m/s. Literalmente más rápido que un parpadeo.
Pero, ¿cómo lograron eso las neuronas? ¿cuál es el “truco” que nos permite reaccionar casi de inmediato cuando un mosquito nos está picando o cuando sueltas un plato que te quema sin pensarlo?, ¿qué nos permite tener una representación del mundo inmediata a través de nuestros ojos? La respuesta está en una capa de lípidos y proteínas que envuelven a los axones: la mielina.
Piensa en la mielina como un envoltorio proporcionado por las células llamadas oligodendrocitos (en el caso del sistema nervioso central). Se crea en segmentos que envuelven al axón y provoca que la información “salte” entre las partes no envueltas (llamadas nodos de Ranvier). Gracias a esta organización la señal no viaja de manera continua, sino que va “saltando” de nodo en nodo. A este proceso se le llama conducción saltatoria y es lo que hace que la información llegue rapidísimo y sin gastar tanta energía. Por eso puedes detectar un toque ligero en la piel, coordinar un movimiento mientras juegas con las manos, apretar el botón exacto del celular sin pensarlo o atrapar algo al vuelo cuando casi se te cae. Toda esa velocidad no es magia: es mielina.
Además de mantenernos reaccionando a los estímulos de forma eficiente y rápida, la mielina es una estructura activa que apoya a las neuronas en sus funciones y cambia a lo largo de la vida según las experiencias a las que nos enfrentemos. A pesar de que el proceso de formación de mielina comienza en las últimas etapas del desarrollo fetal, éste continúa prácticamente hasta la adultez. Se ha observado que la corteza prefrontal, aquella que regula en parte la memoria, la identidad o la toma de decisiones es la última en ponerle mielina a sus conexiones.
Si bien es normal que se observen cambios en la mielina a lo largo de la vida, hay padecimientos que generan un daño directo a esta estructura. La más conocida de todas es la esclerosis múltiple, una enfermedad que ocasiona la pérdida de mielina e interrumpe la comunicación de todo el sistema nervioso. Esta interrupción provoca fatiga extrema, pérdida de la visión, debilidad muscular entre otros síntomas incapacitantes. Además, los padecimientos en los que se suelen presentar síntomas de declive cognitivo como la esquizofrenia, los pacientes presentan alteraciones en la mielinización de los circuitos encargados de estas funciones cognitivas; incluso las sustancias tóxicas introducidas en el cuerpo por la ingesta crónica de alcohol o la quimioterapia también causan daños o incluso pérdida de la mielina.
En definitiva, el sistema nervioso es un complejo circuito de conexiones que las neuronas no construyen solas, si no que necesitan de la ayuda de otras células que resultan ser igual de interesantes. La próxima vez que disfrutes de la sensación del viento en tu piel, de una buena película o de una respuesta correcta en algún examen, no olvides darle parte del crédito a la mielina.
*ESCUELA NACIONAL DE ESTUDIOS SUPERIORES, UNAM, CAMPUS JURIQUILLA
**INSTITUTO DE NEUROBIOLOGÍA, UNAM, CAMPUS JURIQUILLA, C IXM-SECIHTI