A 110 años del Primer Congreso Feminista de Yucatán

En la FD, Diálogos para la Justicia de los Derechos de las Mujeres y Niñas

Nos corresponde a nosotras honrar su memoria con responsabilidad y conciencia histórica: Sonia Venegas

Foto: Francisco Parra.

En el México contemporáneo observamos un proceso jurídico complejo, caracterizado por avances normativos significativos, y de forma simultánea, resistencias sociales y políticas en relación con los derechos de las mujeres, a pesar de que a lo largo de la historia de nuestro país la presencia y participación femeninas no han sido una simple nota de pie de página, sino una constante que ha moldeado nuestra vida cultural, política e intelectual, señalaron académicas de la UNAM.

En el acto inaugural de los Diálogos para la Justicia de los Derechos de las Mujeres y Niñas: a 110 años del Primer Congreso Feminista de Yucatán, la directora de la Facultad de Derecho, Sonia Venegas Álvarez, dijo que las primeras demandas de educación, ciudadanía, autonomía y dignidad en nuestro país no fueron gestos desconectados, sino los cimientos de una agenda que en la actualidad se expresa en principios constitucionales, políticas públicas y exigencias sociales que dan contenido a nuestro Estado democrático.

A 110 años de distancia, el legado de aquellas mujeres –reunidas en el primer congreso feminista del país y segundo de América Latina, realizado del 13 al 16 de enero de 1916– permanece vigente. “Nos corresponde a nosotras honrar su memoria con responsabilidad y conciencia histórica, entendiendo que su lucha no es un capítulo concluido, sino el fundamento de la nuestra”, expresó.

Recordarlas, añadió la directora en el Auditorio Benito Juárez de la entidad a su cargo, implica asumir el compromiso de comprender el pasado para transformar el presente, y trabajar con convicción y firmeza por un futuro más justo y digno para las mujeres y niñas mexicanas.

En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, “nos reunimos para reconocer, reivindicar y dar un justo lugar al primer congreso feminista, donde 617 mujeres, en su mayoría maestras y escritoras, deliberaron asuntos que para su tiempo resultaban disruptivos: la participación pública y política, exigieron mayor acceso a la educación mediante un sistema escolar que las formara con igualdad y dignidad, incluida la secundaria gratuita, y defendieron el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos”.

Fue la expresión organizada de una conciencia colectiva en gestación, el punto de inflexión de un proceso más amplio mediante la articulación pública de un cuestionamiento profundo al lugar de desventaja, subordinación y exclusión en el que ellas habían sido situadas en el país, mencionó Sonia Venegas.

María del Pilar González Barreda, coordinadora de la Cátedra Extraordinaria Benito Juárez sobre Laicidad del Instituto de Investigaciones Jurídicas, consideró que entre los principales desarrollos en el tema destacan la progresiva despenalización parcial del aborto en gran parte de las entidades federativas y el reconocimiento judicial de la autonomía reproductiva.

No obstante, los avances conviven con tensiones que persisten. Por ejemplo, al igual que en 1916, permanece la pregunta sobre si las convicciones morales pueden limitar decisiones individuales relacionadas con el cuerpo y la reproducción. Además, “el acceso efectivo a derechos sexuales y reproductivos depende todavía del lugar donde habitemos; eso genera una ciudadanía diferenciada”, alertó.

Los tribunales, principalmente la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se han convertido en actores centrales para garantizar derechos. “Y observamos la participación activa de organizaciones civiles, movimientos antifeministas y grupos reaccionarios que emplean lenguaje jurídico y constitucional para defender posiciones que se pensaban superadas”.

El congreso feminista de Yucatán representó una ruptura intelectual en el México revolucionario. Sus discusiones anticiparon debates jurídicos actuales sobre autonomía, educación sexual y participación política, mencionó María del Pilar González.

Las discusiones contemporáneas en torno a los derechos reproductivos rebelan la persistencia de disputas históricas sobre cuerpo, moral y el papel del Estado. “Hoy discutimos sobre aborto o acceso a métodos anticonceptivos como si fueran debates recientes. Sin embargo, hace más de 100 años un grupo de maestras y activistas reunidas en Yucatán ya discutía algo similar, y si las mujeres podíamos pensar y educarnos por nosotras mismas y, sobre todo, decidir sobre nuestros propios cuerpos”.

Lo planteado en el congreso feminista anticipó transformaciones que décadas después serían incorporadas al constitucionalismo mexicano, como el principio de igualdad jurídica, el derecho a la educación, la laicidad como garantía de libertad y progresivamente el reconocimiento de derechos vinculados con la autonomía personal, concluyó.

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