Valeria Luiselli presenta novela en Casul
Principio, medio, fin, obra que explora los vínculos entre memoria, linaje y futuro
Inaugura el sello Feltrinelli en español y reflexiona sobre genealogías femeninas frente a la experiencia del cambio

Valeria Luiselli vuelve a la novela con una obra deslumbrante, Principio, medio, fin. Quienes conocen la producción de esta autora, recordarán sus exploraciones en torno a la fantasmagoría, los niños que cruzan la frontera con Estados Unidos, el matrimonio, el divorcio, la maternidad, la escritura y la memoria.
Principio, medio, fin se ocupa de una escritora que, recién divorciada, busca un nuevo comienzo para su vida y, de buenas a primeras, se lanza a buscarlo en Sicilia, acompañada de su hija. Entre volcanes, arqueología, los filósofos presocráticos y el rico pasado de la isla, madre e hija van articulando el linaje de mujeres que les anteceden con la creación de memorias para el futuro.
Luiselli, que estudió Filosofía en la UNAM, habló ante los medios en la víspera de su conversación con Gabriela Jáuregui en la Casa Universitaria del Libro, Casul, donde pudimos atisbar algo de lo que nutre su nueva obra que, a su vez, inaugura el sello editorial Feltrinelli en español.
Durante seis años, Valeria Luiselli dio vueltas alrededor de una pregunta que le hizo su hija en medio de noches de insomnio compartido. Le leía mitos griegos antes de dormir y la niña preguntó: ¿por qué en todos los mitos de origen las cosas siempre están hendidas en dos? Luiselli no pudo responder el cuestionamiento entonces (y confiesa que tampoco después de seis años escribiendo un libro sobre el tema). Pero eso, dijo, está bien.
“Cada vez que escribimos algo es para circundar una pregunta que nos atañe, que nos surge, que nos importa, pero no necesariamente llegamos a respuestas”, explicó. Las preguntas funcionan para ella como centros gravitacionales que se pueden orbitar, pero no necesariamente desvelar del todo.
Después de la separación de una pareja, contó Luiselli, su casa se fue llenando poco a poco de mujeres. Desde la madre que vino a ayudarle con su hija, hasta una amiga recién divorciada, pasando por dos sobrinas y otras más, se fue conformando una estructura particularmente fértil para conversar. Circunstancia que nutrió la novela de manera tangencial.
“Ese espacio de conversación en el que, entre otras cosas, mis sobrinas, que son perseverantes en su indagación, podían hacer que mi madre contara cosas que jamás nos había contado. Por ejemplo, contó que una vez estuvo muy involucrada con un colectivo de mujeres durante el levantamiento zapatista en el 94. Nunca me hablaba mucho de esa época. Pero a mis sobrinas sí. Entonces yo paraba el oído y anotaba, anotaba, anotaba. Por supuesto, las historias que se contaban ahí no son las historias que se cuentan en el libro, pero el espíritu de esos momentos es lo que está en el corazón de esta novela”, afirmó.
La herencia que le interesa no es la transmisión lineal que simplemente recibes y te determina, sino algo más fluido y caótico: “cada vez que el pasado se hace presente, se reescribe y se resignifica”. Cada vez que una nueva generación toma una historia de la abuela o de la bisabuela y pregunta, esa historia se reescribe. El tiempo, y la manera en que nos conectamos con el pasado, es algo mucho más móvil y menos jerárquico de lo que solemos pensar, señaló.
Cuando se le cuestionó por ese gran espacio que existe entre la memoria y la imaginación en esta novela, Luiselli respondió desde un lugar muy personal. Mencionó que tarde o temprano todos llegamos a un momento de la vida en que vemos a la generación más joven entrar y articular el mundo de manera más compleja (y a veces cuestionarnos de manera brutal), mientras vemos simultáneamente a la generación de los mayores irse. Cuando eso ocurre y esa generación empieza a desaparecer, hay una sensación aterradora de pérdida de un mundo que ellos mantenían vivo, depositario de una memoria que nos ayudó a comprender el mundo.
“Por mal que les hayan salido algunas cosas, también nos sostuvieron. Esa sensación de sostén cuando se van los mayores, es muy dolorosa”, aseguró. Lo dice también desde la inmediatez: dos días antes de la rueda de prensa murió el último de los nueve hermanos de su madre. Desde ese lugar raro, el de quien transita los 40 o 50 y contempla, al mismo tiempo, el inicio de la vida en todo su esplendor y el momento de disolución, quiso escribir esta novela. Y la interrogante que la sostiene, la que no puede darse el lujo de no hacerse, es también la más antigua: ¿qué estructura le damos a eso? ¿Cómo le damos sentido?