Neurobiólogo de la Universidad de Columbia
Rafael Yuste. Neurotecnología: implicaciones para la ciencia, medicina y sociedad
BRAIN es un proyecto a larga escala, quizá la iniciativa de neurociencia más grande de la historia. Desarrolla métodos de tecnología neuronal electrónica, óptica, magnética, acústica, molecular, de todo tipo, con el objetivo de entender cómo funciona el cerebro

El cerebro es la parte de la materia más fascinante del Universo. Ese órgano de un kilo y medio de peso tiene alrededor de 86 mil millones de neuronas que forman una red con un trillón de conexiones, lo que significa que dentro de la cabeza tenemos el equivalente a tres internets que funcionan las 24 horas con un poco de agua y unos tacos.
Esto afirmó Rafael Yuste (Madrid, 1963), neurobiólogo español, investigador y director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, recién investido como doctor honoris causa por la UNAM.
Aún no se entiende el funcionamiento del sistema cerebral porque se han estudiado las neuronas de una en una, registrando con un electrodo cómo funcionan en un animal o en un paciente, dijo en el Auditorio Bernardo Quintana del Palacio de Minería.
“Esto equivale a interpretar una película en una pantalla de televisión con 86 mil pixeles mirando solamente uno”, comentó en la conferencia “La neurotecnología: implicaciones para la ciencia, medicina y sociedad”, ofrecida en el marco de su investidura.
Esta mirada limitada de las funciones cerebrales sucede porque la neurobiología no ha tenido técnicas para medir la actividad completa y ver todos los píxeles, reconoció ante Teresa Morales Guzmán, directora del Instituto de Neurobiología (INb) de la UNAM.
Esto podría modificarse con la neurotecnología, que incluye métodos de diversos tipos para medir la actividad del cerebro y para modificarla, especialmente para ayudar a pacientes con problemas neurológicos o psiquiátricos, explicó.
“Queremos ver las conexiones neuronales (todos los pixeles) y poder cambiar la actividad del cerebro. A los científicos y los médicos no nos basta con ver lo que ocurre, tenemos que entrar ahí y arreglar el problema”, reconoció.
Los métodos o dispositivos de la neurotecnología son electrónicos (como los electroencefalogramas semejantes a cascos que se ponen en la cabeza para medir la actividad cerebral); magnéticos (escáneres magnéticos que permiten ver áreas del cerebro que se activan); eléctricos (electrodos que se insertan para estimular la actividad cerebral); o la estimulación cerebral profunda, también llamada marcapasos cerebral, que ayuda a mejorar un poco la vida de pacientes con padecimientos mentales, detalló.
Neuroderechos
La neurotecnología experimentó un gran impulso en Estados Unidos con el presidente Barack Obama, que lanzó el proyecto BRAIN (Brain Research to Advanced Innovative Neurotechnology), investigación cerebral basada en desarrollar neurotecnologías innovadoras.
Este proyecto, del que Yuste es impulsor y uno de los líderes, involucra actualmente a más de 500 laboratorios en Estados Unidos y otras partes del mundo y está financiado desde 2013 hasta 2030. “Es un proyecto a larga escala, es quizá la iniciativa de neurociencia más grande de la historia, más que el proyecto del genoma humano. Desarrolla métodos de neurotecnología electrónica, óptica, magnética, acústica, molecular, de todo tipo, con el objetivo de entender cómo funciona el cerebro, ayudar a los pacientes y también para poder desarrollar una nueva industria que es el motor de crecimiento humano”, comentó.
Para tener un equilibrio y adecuado manejo en el uso de estos métodos, Yuste considera indispensable incluir a los derechos humanos o los neuroderechos aspectos éticos y sociales en el manejo del cerebro de una persona.
“En una reunión internacional llegamos a la conclusión que había problemas éticos y sociales asociados con la neurotecnología que eran inevitables, y los categorizamos en cinco áreas de problemas que se abordan desde el nivel fundamental de derechos humanos”.
Los neuroderechos consideran que el contenido de un cerebro no puede ser descifrado sin el consentimiento de la persona; que cada sujeto tiene derecho a la identidad personal; al libre albedrío; el acceso equitativo a la intervención mental; y el derecho de que la información que se implante en el cerebro esté protegida de riesgos y discriminaciones.
Yuste recordó que, a lo largo de 750 millones de años, la naturaleza nos ha dotado de un órgano increíble que, entre otras cosas, genera la mente humana.
“Todas las actividades mentales y cognitivas de los seres humanos salen del cerebro. Nuestros recuerdos, pensamientos, emociones, planificaciones, decisiones, actividades sociales, personalidad, conciencia, el saber que somos nosotros, y también el subconsciente, lo que no sabemos que tenemos dentro. Todo esto surge de la actividad coordinada de estas 86 mil millones de neuronas”.
Reveló que, actualmente, “estamos comenzando a entender las bases neuronales científicas de algunas de estas actividades que genera el cerebro. Vamos a llegar a ello, los científicos trabajamos en una red internacional que se extiende por muchos países. Algún día se podrá explicar científicamente qué es un recuerdo, un pensamiento, la memoria o que ocurre cuando te enamoras”, estimó.