Después de 19 años regresó a la UNAM

Realizó Filosóficas el Congreso Wittgenstein en Español

Alejandro Tomasini Bassols. Foto: Benjamín Chaires.
El Instituto de Investigaciones Filosóficas (IIF), en el que hace 19 años inició el Congreso Wittgenstein en Español, albergó la novena edición de este encuentro que tuvo el objetivo de promover diversos aspectos del panorama filosófico del modo de pensar wittgensteniano.

Luis Estrada González, director del Instituto, celebró que esta entidad académica fuera sede –del 20 al 24 de abril– del Congreso y dio la bienvenida a las y los investigadores, así como a los participantes, a quienes agradeció compartir su trabajo. También hizo un reconocimiento a los posgrados de Filosofía y Filosofía de la Ciencia de la Universidad Nacional, por su apoyo para poder realizar esta actividad.

Acompañado por Fernanda Samaniego, secretaria académica del IIF, reconoció el trabajo de investigadoras e investigadores que difunden la obra de Ludwig Wittgenstein, quien además de ser filósofo fue matemático, lingüista y lógico en el interior de la República.

Alejandro Tomasini Bassols, investigador del IIF, manifestó satisfacción por haber podido dar continuidad al Congreso y que después de 19 años regresara a la UNAM, tras haberse efectuado en otras ciudades como Buenos Aires, Rosario, Jalapa, Puebla, Lima y Calí.

Posteriormente, ofreció la conferencia “La continuidad entre las investigaciones filosóficas y sobre la certeza” en la que afirmó que para Wittgenstein el lenguaje no es un instrumento con el que, por casualidad, se topa uno en la vida, sino que está indisolublemente integrado con el todo de la vida humana.

“Gracias a él, quedó claro que el lenguaje es un instrumento colectivo, está allí para ser de naturaleza social, pero es empleado por hablantes concretos en situaciones particulares. Así, el lenguaje reviste carácter social y colectivo, pero de uso local o contextual”.

Agregó que en el pensamiento de Wittgenstein el significado de las palabras encarna o se materializa en la utilización que los hablantes hacen de ellas. “Lo que alguien diga, en cada caso concreto, siempre será relativo al contexto lingüístico correspondiente”.

El lenguaje, abundó, es un instrumento público para uso personal y las palabras pueden circular porque su uso está regulado. “Es la comunidad lingüística en su conjunto la que determina como se tienen que emplear las palabras para que sean significativas y cumplan con sus funciones”.

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