Representa una de las mayores reservas intelectuales de la región

Reconoce la UDUALC a la Universidad de México en su 475 aniversario

El rector Leonardo Lomelí Vanegas recibió la distinción concedida por las instituciones de educación superior de América Latina y el Caribe

Foto oficial de los rectores. Fotos: Benjamín Chaires.

El presidente de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUALC), Jorge Calzoni, y Miriam Nicado, primera vicepresidenta de ese organismo –que agrupa a 239 instituciones de educación superior de 22 países de la región–, entregaron un reconocimiento al rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, con motivo del 475 aniversario de la fundación de la Universidad de México.

Jorge Calzoni afirmó que la Universidad Nacional representa una de las mayores reservas intelectuales de América Latina y que su lema, “Por mi raza hablará el espíritu”, tiene un significado profundo y vigente. Su espíritu, indicó, sigue hablando a través de la ciencia que no se resigna a ser dependiente; de la autonomía que no se negocia; y de su comunidad que sostiene, día tras día, la convicción de que el conocimiento no se puede reducir a una mercancía.

“La UNAM no es sólo una gran universidad mexicana. Es también una referencia para toda la región. Porque cuando la UNAM habla, no habla sólo por sí misma; lo hace por una tradición que nos excede y un futuro que todavía estamos construyendo”, sostuvo.

Agregó que, en un contexto de incertidumbre global, donde muchas instituciones se ven obligadas a replegarse o redefinirse bajo presión, la Universidad Nacional se erige como un verdadero escudo moral. “Nos enseña que la autonomía no es aislamiento, que no es un privilegio corporativo; que es, en realidad, una condición necesaria para que exista pensamiento libre y que una sociedad pueda pensarse a sí misma sin tutelas”.

Cuando la UNAM habla, no habla sólo por sí misma; lo hace por una tradición que nos excede y un futuro que todavía estamos construyendo”

Jorge Calzoni

Acompañado por el secretario general de la UDUALC, Roberto Escalante Semerena, Calzoni agradeció al pueblo mexicano y a esta casa de estudios por albergar a perseguidos políticos de la región cuando se llevó a cabo el Plan Cóndor. Muchos pudieron estudiar en la Universidad Nacional y llevar el saber a todo el continente. Además, alberga a ese organismo multilateral desde 1955.

La también rectora de la Universidad de La Habana, Miriam Nicado, refirió que la UNAM es el proyecto cultural más generoso y ambicioso de la historia de México; es vanguardia del pensamiento moderno y hablar de ella es recorrer siglos de identidad de la región.

“Desde aquella cédula real de 1551 hasta la autonomía conquistada en 1929, esta casa de estudios ha sabido transformarse, crear y, sobre todo, iluminar”, externó en la ceremonia efectuada en ocasión de la CIV Reunión Ordinaria del Consejo Ejecutivo de la UDUALC.

Aseguró que Latinoamérica no sólo la mira como la “máxima casa de estudios” de México, sino como el espejo en el que muchas instituciones públicas buscan reflejarse. “En un mundo que intenta fragmentarse, la UNAM nos recuerda, bajo el espíritu de Vasconcelos, que nuestra fuerza radica en la unidad de nuestra raza y de nuestro intelecto”.

En este contexto, manifestó que no puede explicarse el desarrollo e impacto político de México en los últimos siglos sin hablar de su Universidad Nacional. Es un referente para la región y para el mundo como ente transformador de la sociedad, y que ha logrado incorporar en sus aulas a todos los sectores de la sociedad, constituyendo uno de los motores principales de justicia social.

Desde aquella cédula real de 1551 hasta la autonomía conquistada en 1929, esta casa de estudios ha sabido transformarse, crear y, sobre todo, iluminar”

Miriam Nicado

Compromiso

Al recibir el reconocimiento, el rector Leonardo Lomelí expresó: “Lo aceptamos como un acto que ratifica la importancia y la pertinencia de un proyecto educativo que ha impulsado el desarrollo intelectual, científico, tecnológico y cultural de México durante casi cinco siglos”.

Remarcó que este galardón tiene un significado muy especial, pues se inserta en un esquema de colaboración y compromiso con la educación superior pública de la región.

“Que la conmemoración de estos 475 años sirva para reafirmar, junto con las casas de estudio de América Latina y el Caribe, una convicción compartida: allí donde se preservan las libertades, el rigor del conocimiento y la vocación de servicio, la Universidad no sólo resguarda su pasado, sino que también contribuye al progreso”, apuntó el Rector.

Durante 2026, prosiguió, “conmemoramos los 475 años de la expedición de la cédula real que dio origen a la Universidad de México, antecedente histórico de esta casa de estudios. Recordar esa fecha implica reconocer el inicio de una tradición y continuidad institucional que ha atravesado épocas, regímenes políticos y paradigmas.

A la ceremonia asistieron la presidenta en turno de la Junta de Gobierno, Elena Centeno García; el presidente de la Junta de Patronos, Mario Luis Fuentes Alcalá; así como rectoras y rectores asistentes a la reunión de la UDUALC.

Roberto Escalante, Leonardo Lomelí Vanegas, Jorge Calzoni y Miriam Nicado.

Discursos


DISCURSO DE LEONARDO LOMELÍ, RECTOR DE LA UNAM

Lunes 13 de abril de 2026, 13:30 horas. Unidad de Seminarios “Dr. Ignacio Chávez”, Ciudad Universitaria.

  1. Integrantes de la Junta de Gobierno de nuestra Universidad
  2. Ingeniero Jorge Calzoni, rector de la Universidad Nacional de Avellaneda y presidente de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe
  3. Doctora Miriam Nicado, rectora de la Universidad de La Habana y vicepresidenta de la región Caribe de la UDUALC
  4. Doctor Roberto Escalante Semerena, secretario general de la UDUALC
  5. Autoridades universitarias que nos acompañan

En nombre de todas y todos los integrantes de la comunidad de la Universidad Nacional Autónoma de México, recibo este reconocimiento, en el marco de la Reunión Ordinaria del Consejo Ejecutivo de la UDUALC, con profundo agradecimiento y un firme sentido del deber. Lo aceptamos como un acto que ratifica la importancia y la pertinencia de un proyecto educativo que ha impulsado el desarrollo intelectual, científico, tecnológico y cultural de México durante casi cinco siglos.

El hecho de que este galardón emane de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe le confiere un significado muy especial al insertarlo en un esquema de colaboración y compromiso con la educación superior pública de la región.

Durante 2026 conmemoramos los 475 años de la expedición de la cédula real que dio origen a la Universidad de México, antecedente histórico de esta casa de estudios. Recordar esa fecha implica reconocer el inicio de una tradición y continuidad institucional que ha atravesado épocas, regímenes políticos y paradigmas.

Evocar ese origen no implica ignorar las diferencias entre el pasado y el presente, sino reconocerlas. La institución, fundada en el siglo XVI, respondió a un orden imperial, jerárquico y confesional. Hoy, la Universidad forma parte de una república plural, producto de luchas sociales que conquistaron derechos fundamentales como la educación, la democracia y la salud, además de la libertad de pensamiento y la deliberación crítica.

Entre estas grandes etapas —la larga estratificación virreinal, el proceso de Independencia, la inestabilidad y las pugnas intestinas de la Reforma y la reorganización nacional de comienzos del siglo XX— se fue configurando un nuevo horizonte para el país. En ese contexto, la refundación universitaria de 1910, la expansión de la educación superior y el impulso a la investigación científica, humanística y artística llegaron a convertirse en pilares de la vida pública.

La historia universitaria en México es una experiencia de cambio, adaptación y revitalización que ha acompañado los grandes cambios nacionales e internacionales. Esta facultad de transformarse sin renunciar al cultivo del saber y al servicio de la sociedad explica, en gran medida, su permanencia y permeabilidad.

Sin lugar a duda, una de las expresiones más claras de esta materialización es la autonomía universitaria, que no pertenece al momento fundacional, sino que es fruto contemporáneo de más de un siglo de maduración institucional y de la afirmación de la educación superior pública y autónoma en América Latina. Este atributo es una garantía para la sociedad. De ella depende que las universidades cumplan responsablemente sus funciones sustantivas y contribuyan al debate público informado.

La Universidad Nacional es una institución que honra su historia y tradición y que, al mismo tiempo, está orientada al presente y al futuro del país, capaz de integrar la profesionalización de miles de jóvenes tanto con el fortalecimiento de nuestra comprensión de la realidad mexicana como con la atención a las crecientes necesidades del desarrollo nacional.

Por estos motivos, esta conmemoración reconoce a la Universidad como pilar de México y pondera el tipo de institución que el país necesita. Por ello, nuestra casa de estudios ha querido conferir a esta efeméride un doble sentido: examinar críticamente su devenir y someter a discusión los nuevos cursos de desarrollo. Esa convergencia de arraigo y proyección, de testimonio del pasado y de innovación, configura una de las mejores tradiciones de nuestra Universidad.

A su vez, ésta es una ocasión invaluable para recordar que nuestras instituciones comparten un recorrido común de esfuerzos por ampliar la cobertura de la educación superior, defender la autonomía, fortalecer la vida colegiada y sostener el conocimiento como bien público. Asimismo, pone de relieve que, frente a los retos de este siglo, ninguna institución de educación superior puede encerrarse en sí misma. La colaboración regional constituye una necesidad académica, intelectual, tecnológica y política. La universidad pública debe reivindicar su papel como espacio de pensamiento libre, de crítica razonada y de construcción de un mundo mejor.

Esa tarea requiere retrospectiva, pero también imaginación: demanda conciencia histórica y, al mismo tiempo, anticipación. Así, son necesarias la corresponsabilidad institucional y, simultáneamente, la apertura a nuevas formas de organizarnos colectivamente.

De este modo, asumimos estos honores como una exigencia renovada y como brújula para traducir esa herencia recibida en investigación rigurosa, propuestas académicas creativas e interlocución con la sociedad.

Que la conmemoración de estos 475 años sirva para reafirmar, junto con las casas de estudio de América Latina y el Caribe, una convicción compartida: allí donde se preservan las libertades, el rigor del conocimiento y la vocación de servicio, la universidad no solo resguarda su pasado, sino que también contribuye al progreso.

“Por mi raza hablará el espíritu”.


DISCURSO DE JORGE CALZONI, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE AVELLANEDA Y PRESIDENTE DE LA UNIÓN DE UNIVERSIDADES DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Excelentísimo Rector, colegas, comunidad universitaria.

José Vasconcelos acuñó para esta casa una sentencia que quiero recuperar para homenajear a esta institución, que representa una de las mayores reservas intelectuales de América Latina. Esa sentencia es su lema: “Por mi raza hablará el espíritu”.

En un mundo que muchas veces intenta fragmentarnos, en un tiempo de sociedades polarizadas, quiero detenerme en esa frase y en lo que todavía nos propone.

Fortalecer nuestra raza que no es otra cosa que nuestra identidad compartida, nuestra historia de resistencia, nuestras mezclas, nuestras lenguas, nuestras memorias. Y alimentar ese espíritu que no es otra cosa que el conocimiento puesto al servicio de la emancipación humana, del pensamiento crítico, de la posibilidad de imaginar un destino propio.

Hoy, al conmemorar los 475 años de esta institución, yo que provengo de una universidad joven del sur, quiero decirles algo simple pero profundo: ese espíritu sigue hablando.

Habla a través de la ciencia que no se resigna a ser dependiente. Habla a través de una autonomía que no se negocia. Y habla, sobre todo, a través de una comunidad universitaria que sostiene, día tras día, la convicción de que el conocimiento no puede reducirse a una mercancía.

Esta negativa al disciplinamiento no es un gesto romántico ni un capricho académico. Es, en realidad, un acto de fidelidad histórica. Porque la UNAM no nació para adaptarse pasivamente a su tiempo, sino para tensionarlo, para discutirlo, para abrirlo. Y en ese gesto hay una responsabilidad que trasciende a México y se vuelve continental.

Permítanme trazar un hilo que nos une y conecta al Manifiesto Liminar de 1918 y a la vocación autonomista de esta casa. El grito reformista argentino encontró en México una resonancia profunda, no como una copia, sino como una traducción propia, situada, que reafirmó que nuestras universidades no son una isla.

Somos parte de una misma historia. Una red viva de conocimiento soberano que se reconoce, se influye y se fortalece mutuamente.

Y en esta historia, la UNAM ocupa un lugar singular. No sólo por su largo recorrido, sino por su capacidad de sostener en el tiempo una idea de universidad que combina excelencia, compromiso público y profundidad cultural.

No es casual que en esta casa se custodie una parte sustancial del patrimonio cultural de México. No es sólo conservación: es una forma de afirmar que el conocimiento también es memoria, que la cultura no es un adorno sino un componente central de la vida colectiva.

El papa Francisco, que supo leer estos tiempos con claridad, decía que frente a la cultura del descarte y la eficiencia fría, la educación debía recuperar su sentido profundo: armonizar los lenguajes de la mente, del corazón y de las manos. La UNAM, con sus 475 años de historia, encarna esa armonización. Y al hacerlo, protege algo que hoy es particularmente frágil: la idea de que el conocimiento tiene un valor público, que no todo puede ni debe ser traducido en términos de mercado. Es esa negativa a mercantilizar el alma de la universidad lo que le da autoridad.

En un contexto de incertidumbre global, donde muchas instituciones se ven obligadas a replegarse o a redefinirse bajo presión, la UNAM se erige como un verdadero escudo moral.

Nos enseña que la autonomía no es aislamiento. Que no es un privilegio corporativo. Que es, en realidad, una condición necesaria para que exista pensamiento libre, para que una sociedad pueda pensarse a sí misma sin tutelas.

Reivindicar hoy la historia de esta casa no es un gesto conmemorativo. Es una forma de proyectar futuro. Por eso, desde el sur, desde nuestras universidades latinoamericanas que muchas veces crecen en condiciones adversas pero con enorme vocación pública, queremos decir algo con claridad:

La UNAM no es sólo una gran universidad mexicana. Es también una referencia para toda la región.

Porque cuando la UNAM habla, no habla sólo por sí misma. Habla por una tradición que nos excede y por un futuro que todavía estamos construyendo.

Que ese espíritu siga hablando.

Muchas gracias.


DISCURSO DE MIRIAM NICADO, RECTORA DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA Y VICEPRESIDENTA DE LA REGIÓN CARIBE DE LA UDUALC

Excelentísimo rector de la Universidad Nacional Autónoma de México doctor Leonardo Lomelí Vanegas
Doctor Jorge Fabián Calzoni, rector de la Universidad de Avellaneda y presidente de la UDUALC
Doctor Roberto Escalante Semerena, secretario general de la UDUALC
Distinguidos miembros de la Junta Universitaria
Personalidades que nos acompañan
Estudiantes y trabajadores de la UNAM

Como miembro de la directiva de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDULAC) constituye un honor para mí resaltar la trascendencia de una de las instituciones educativas más emblemáticas de Iberoamérica y del mundo.

Hablar de la Universidad Nacional Autónoma de México es recorrer siglos de nuestra propia identidad, a 475 años de su raíz fundacional, la UNAM, vanguardia del pensamiento moderno, no es sólo un conjunto de aulas y recintos; es el proyecto cultural más generoso y ambicioso de la historia de México.

Desde aquella cédula real de 1551 hasta la autonomía conquistada en 1929, esta casa de estudios ha sabido transformarse, crear y, sobre todo, iluminar.

Latinoamérica no sólo mira a la UNAM como la “Máxima Casa de Estudios” de México, sino como el espejo en el que muchas instituciones públicas buscamos reflejarnos. En un mundo que intenta fragmentarse, la UNAM nos recuerda, bajo el espíritu de Vasconcelos, que nuestra fuerza radica en la unidad de nuestra raza y nuestro intelecto.

La forja en sus aulas de científicos, artistas, humanistas y ciudadanos que, con el escudo de la autonomía, han defendido la pluralidad de ideas como el valor más sagrado de la democracia, el cual ha fortalecido a la nación. No podría hablarse ni explicar el desarrollo e impacto político de México en los últimos siglos sin hablar de la UNAM. Más que una institución académica, la Universidad Nacional ha sido el laboratorio social, científico, político y cultural que diseña ideas y proyectos para la transformación de la nación.

Si me preguntan por qué la UNAM es un referente para América Latina y el mundo como ente transformador de la sociedad, consciente de emitir una respuesta incompleta respondería:

  • Porque es inclusiva, ha logrado incorporar en sus aulas a todos los sectores de la sociedad, constituyendo uno de los motores principales de justicia social; ha propiciado que generaciones de mexicanos, sin discriminar por posiciones económicas o étnicas, accedan al conocimiento y transformen su realidad y la de sus comunidades. Es puerta de entrada a todas las clases sociales y al liderazgo nacional.
  • La UNAM no sólo educa a profesionales; forma ciudadanos con responsabilidad social. México progresa porque en cada rincón del país hay un universitario trabajando por el bien común.
  • Porque ha logrado defender la soberanía científica y tecnológica de México con una sólida red de centros y grupos científicos que abarcan todas las áreas de conocimiento, desde la creación de vacunas y el estudio sismológico hasta la exploración espacial y la biotecnológica; la UNAM aporta, junto a otras universidades del país, la inteligencia necesaria para que México no dependa sólo del exterior. Sus investigadores generan las soluciones que el territorio y la industria demandan.
  • Porque prioriza la defensa del género, con la creación de la Coordinación para la Igualdad de Género (CIGU).
  • Porque en los momentos más desafiantes de nuestra historia, la UNAM ha removido la conciencia de la nación. Su autonomía garantiza un espacio donde el pensamiento no se rinde, permitiendo con ética absoluta que la crítica constructiva guíe el desarrollo democrático.
  • Porque defiende y conserva su patrimonio y la cultura mexicana al custodiar tesoros como la Biblioteca Nacional, el Servicio Sismológico o los murales de Ciudad Universitaria, que no sólo decoran paredes, narran las luchas. La UNAM preserva la memoria de México mientras proyecta nuestra identidad hacia el futuro.

Hoy, al conmemorar casi cinco siglos de saber, nos enfrentamos a desafíos que no conocen de rostros: la crisis climática, la desigualdad social y la ética ante las tecnologías disruptivas basadas en algoritmos y herramientas generadas mediante la inteligencia artificial, a ellos se suman fenómenos que prevalecen también por siglos, la discriminación racial y las migraciones. Ante ellos, la respuesta de la universidad pública debe ser la misma que ha sostenido esta institución por 475 años: rigor científico con sensibilidad social.

Leyendo el discurso del rector Justo Sierra en la inauguración de la nueva universidad, el 22 de septiembre de 1910, discurso que constituye un ideario, me llama la atención uno de sus párrafos y cito:

“Para que sea no sólo mexicana, sino humana esta labor, en que no debemos desperdiciar un sólo día del siglo en que llegará a realizarse, la Universidad no podrá olvidar, a riesgo de consumir, sin renovarlo, el aceite de su lámpara, que le será necesario vivir en íntima conexión con el movimiento de la cultura general, que sus métodos, que sus investigaciones, que sus conclusiones no podrán adquirir valor definitivo mientras no hayan sido probados en la piedra de toque de la investigación científica que realiza nuestra época, principalmente por medio de las universidades. La ciencia avanza, proyectando hacia adelante su luz, que es el método, como una teoría inmaculada de verdades que va en busca de la verdad; debemos y queremos tomar nuestro lugar en esa divina procesión de antorchas”.

Fiel a esa idea ha actuado la Universidad Nacional Autónoma de México, con vocación de servir, diversificando sus ofertas académicas, posicionándose entre las primeras universidades en los rankings académicos internacionales, creando centros UNAM por el mundo, preparando a jóvenes desde edades tempranas para garantizar ingresos de mayor calidad, formando profesionales de alta valía y compromiso con la nación que han logrado escalar hasta ocupar cargos en la presidencia de la República, haciendo ciencia de alto valor agregado, innovando en la manera de llegar a los más humildes, mirando al futuro.

Querida UNAM, gracias por ser inspiración y referente indiscutible, orgullo de México y de América Latina; continúen creciendo, cuando crece la UNAM crece toda la academia en nuestra región latinoamericana y caribeña.

¡Por mi raza hablará mi espíritu!

¡Muchas felicidades!

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