Redes de apoyo para el sostenimiento de las vidas LGBTIQ+ en la Universidad

Desde un punto de vista biopsicosocial, la diversidad es una característica propia de la humanidad. Con frecuencia las poblaciones LGBTIQ+ son representadas socialmente como sinónimo de excepcionalidad e incluso marcadas con los signos del estigma, la enfermedad o la criminalización. Sin embargo, más allá de los discursos estigmatizantes, las poblaciones LGBTIQ+ no dejamos de existir, y en nuestros entornos contribuimos a imaginar e inventar mundos que desafían el sistema patriarcal y heteronormativo. Como bien señala la frase del activismo sexodisidente: “Existimos porque resistimos”. En este escenario, ocupar el lugar de la resistencia se vuelve fundamental, pero también puede resultar agotador y limitado si no va acompañado de actos de conciencia y cuidado colectivo. Por eso, las redes de apoyo LGBTIQ+ y la creación de comunidades aliadas resultan tan importantes.
Desafíos en los entornos escolares
En 2018 se publicó en México la Encuesta sobre Discriminación por motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género (ENDOSIG). Dentro de su análisis se consideró la pregunta sobre los problemas más comunes que enfrentan las personas LGBTIQ+ en el país. Uno de los principales resultados fue que la “discriminación en la escuela” ocupó la segunda posición. Esto colocó al espacio escolar como una las esferas más problemáticas y de mayor vulnerabilidad para la población LGBTIQ+, por encima de otros entornos como el familiar y el laboral. Lamentablemente, la UNAM no es la excepción, conforme la Primera Consulta Universitaria LGBTIQ+ de 2022, el 72.56 % de las personas confirma haber vivido al menos una forma de discriminación en su vida en la Universidad. El 49.4 % de ellas recibieron comentarios estereotipados o prejuiciosos sobre su orientación sexual, identidad o expresión de género. Y 40 % de las mujeres y hombres trans declararon que alguien en la Universidad les negó el derecho a entrar a un baño por su identidad o expresión de género.
Como lo confirma la encuesta de The Trevor Project sobre salud mental en las juventudes LGBTIQ+ en México, habitar los espacios escolares implica navegar un entorno con múltiples obstáculos vinculados con la discriminación y la violencia, los cuales pueden costar incluso vidas. En este escenario, 60 % de las personas que declararon haber tenido un intento suicida señalaron el ambiente escolar como una de las causas principales.
Estos desafíos también pueden ser atravesados por la población docente que forma parte de la comunidad LGBTIQ+. Como destaca la investigación “Docentes LGBTIQ+, una reflexión desde la experiencia y la pedagogía queer”, de Cecilia Álvarez y otrxs (consúltese https://share.google/MM9T4yMA64jJoLq9R), los espacios educativos suelen ser territorios de exposición del profesorado LGBTIQ+ a la homofobia y transfobia. Esto conduce con frecuencia a habitar dichos entornos desde el temor a expresar su diversidad. Por ello resulta necesario imaginar y poner en práctica lógicas colectivas que permitan sostener las vidas LGBTIQ+, y particularmente de las personas trans y no binarias, ya que son quienes reportan mayores afectaciones en este sentido.
Espacios seguros
De acuerdo con The Trevor Project contar con un entorno que afirme la identidad de género y la orientación sexual de las personas se convierte en un factor positivo para su salud mental, toda vez que permite la creación de relaciones que procuren el reconocimiento de sus integrantes y la búsqueda de su bienestar. El académico trans Lucas Platero plantea algunas acciones para fomentar entornos seguros: 1) usar el nombre, pronombres y términos que las personas trans y no binarias prefieran; 2) respetar los límites de la intimidad de las personas, evitando hacer preguntas invasivas sobre sus identidades, y 3) respetar la confidencialidad, ya que son sólo las mismas personas quienes tienen el derecho a compartir la información sobre su identidad y sexualidad con quienes lo deseen.
Está demostrado que los entornos afirmativos para las personas LGBTIQ+ logran reducir los síntomas de depresión de un 62 a un 53 %, y los intentos de suicidio de un 37 a un 30 %, como lo destaca The Trevor Project.
En este escenario, las amistades y personas aliadas con quienes compartimos la Universidad son clave. La compañía solidaria y responsable de ellas, ellos y elles constituye una alternativa política frente a un sistema que nos empuja hacia el aislamiento y el individualismo. Visto desde esta perspectiva, la colectividad nos puede ayudar a transformar el estigma en un sentimiento de orgullo y pasar de la exclusión a la pertenencia.
* Estudiante de pedagogía y becaria de la Coordinación para la Igualdad de Género
** Colaboradora de la Coordinación para la Igualdad de Género