Es la “película que no pude hacer”: Nicolás Echeverría
Se presentará la bitácora visual que antecedió a la cinta Cabeza de Vaca

Este 2026 se cumplen 35 años del estreno de Cabeza de Vaca, la obra de Nicolás Echevarría sobre la llegada de los españoles a América que transformó el cine mexicano.
La cinta narra las peripecias de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, explorador y tesorero español, cuya participación en la expedición de Pánfilo de Narváez hacia la Florida, donde naufragaron, lo condujo a la esclavitud entre los pueblos indígenas de la zona y a un peregrinaje que lo llevó a recorrer durante ocho años el trayecto entre Texas y Nueva Galicia (Jalisco), convirtiéndose en el camino en curandero y chamán. Experiencias que reflejó en una relación titulada Naufragios.
El próximo jueves 19 de febrero a las 17 horas, el Cinematógrafo del Chopo proyectará la película, seguida de la presentación del libro Cabeza de Vaca, el cuaderno, editado por la productora PIANO. El título contiene parte de los dibujos y pinturas que Echevarría elaboró en una extensa bitácora durante los ocho años que tardó en concretar el proyecto fílmico. La presentación se realizará gracias a la colaboración con el IMCINE y la Filmoteca de la UNAM.
La trayectoria de Echevarría constituye el fundamento de su mirada cinematográfica. Nativo de Tepic, estudió arquitectura en Guadalajara, luego composición musical junto a Mario Lavista, para luego emigrar a Nueva York. Paradójicamente, fue en el exilio donde descubrió el ritual de Semana Santa del Pueblo Náayeri (antes cora) al hojear una revista en un consultorio médico.
“Me sorprendió muchísimo que yo jamás hubiera oído hablar de ellos”, confesó, refiriéndose al momento que lo llevó a filmar Judea: Semana Santa entre los coras (1974). Esta primera película, sin narrador y con música electrónica de Lavista, contenía ya la experimentación formal y la inmersión ritual indígena que caracterizaría su obra. Siguieron trabajos con el pueblo wixárika (huichol) y con la chamana María Sabina, de quien realizó un documental que le permitió convivir con ella y filmar dos ceremonias.
“María Sabina entendía perfectamente la relación entre lo físico y el alma”, recordó el realizador. Esta comprensión del poder curativo ritual permea Cabeza de Vaca, que concibe como “película autobiográfica” donde reprodujo sus experiencias con místicos indígenas. La curación del gigante que aparece en la cinta es copia de ceremonias wixárika que presenció.

El origen del proyecto no fue el tesorero español sino Gonzalo Guerrero, náufrago que llegó en 1511 a Yucatán. El realizador Alberto Isaac lo disuadió: la complejidad de la producción maya sería prohibitiva. Le recomendó, en cambio, el libro autobiográfico de Cabeza de Vaca, Naufragios, con un argumento pragmático: en lugar de vestir a la gente, la vas a desnudar. “Llegaron desnudos a la costa, no llegaron con armas, ni con caballos, ni con cañones, llegaron en cueros”, destacó.
De 600 expedicionarios quedaron cuatro, y la transformación de un tesorero en místico fue lo que más atrajo al cineasta. Así, compró un libro de contador y, durante ocho años de frustraciones, pegó imágenes e hizo dibujos alrededor del proyecto, que no hallaba oportunidad de realizarlo. “El libro es realmente la película que no pude hacer”, afirmó Echevarría.
Aún así, hay imágenes de la cinta que no se borran fácilmente de la mente de los espectadores. La icónica escena final de la cruz cargada por indígenas surgió de una imagen de Nueva Guinea que Echevarría vio en un reportaje. Para lograr algo similar, Alejandro Luna construyó una cruz de papel aluminio sin arrugas, y la productora Alba Rosbach propuso que fueran soldados quienes la cargaran para mantener el paso sincronizado, creando la sensación de que se desliza mientras unas nubes amenazan con lluvia en el fondo, explicó.
“Lo que hice fue un milagro, y los milagros no se repiten”, sentenció. La película se concretó por la coincidencia con el quinto centenario del encuentro entre España y América. Los productores españoles buscaban proyectos y él era el único con un guion terminado. La condición: contratar un actor español. Eligió a Juan Diego tras verlo interpretar a San Juan de la Cruz. Esto trae a colación una anécdota que recordó Echevarría. Cuando el actor llegó a México, los periódicos anunciaban la canonización de su tocayo indígena, y el intérprete creyó que hablaban de él.
“La película en general no me gusta tanto como algunas escenas en particular”, confesó Echevarría. Entre sus favoritas está la secuencia en la que Cabeza de Vaca intenta escapar y el chamán ata una iguana a un palo. En su afán de escapar, la iguana se enreda más. Esta especie de hechizo hace que Cabeza de Vaca regrese al punto de partida.
También destacó la escena del gigante, donde náayeri y wixaritari reales cantan en sus lenguas, dotando la secuencia de verosimilitud. La bitácora revela que cada imagen tiene una referencia: postales, escritos etnológicos, grabados del siglo XVI. Esta forma de imaginar el cine resulta un método valioso.
La presentación del 19 de febrero permitirá confrontar la película con sus orígenes visuales, revelando las capas de imaginación, investigación etnográfica y alquimia cinematográfica que confluyeron en esta obra singular.
