
“Se trata de una de las enfermedades más comunes en el mundo. De acuerdo con los últimos datos de 2022, alrededor de 537 millones de individuos en el orbe la padecen. De estos, más del 90 % corresponden a diabetes tipo dos”, afirmó la también coordinadora de la Unidad de Biología Molecular y Medicina Genómica, adscrita al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.
“Se proyecta que, si la tendencia continúa, en 2045 habría 785 millones de personas con diagnóstico de este padecimiento. Además, existen 352 millones más con intolerancia a la glucosa o prediabetes”, acotó.
Estos individuos, indicó, eventualmente progresan hacia la enfermedad. “Hablamos de alrededor de mil millones de personas afectadas, porque entre 5 y 10 % de quienes tienen prediabetes, se convierten en pacientes con diabetes cada año”.
En entrevista realizada en ocasión del Día Mundial de la Diabetes, que se conmemora mañana, Tusié Luna destacó que nuestro país es uno de los que cuenta con encuestas nacionales de salud periódicas, “herramientas maravillosas para entender las tendencias y las prevalencias por edad y género”.
“En 2022, había 23.5 millones de pacientes con diabetes. Esto corresponde al 18.4 % de la población; es decir, de los 128 millones de habitantes, 23.5 millones ya tenían diagnóstico”, señaló.
Incapacitante y mortal
Acerca del aumento de casos en niños y adultos jóvenes mencionó: “Si esta enfermedad –cuyas manifestaciones crónicas pueden ser incapacitantes o mortales– aparece a edades tempranas, la persona podría desarrollar insuficiencia renal o perder la vista a los 40 o 50 años”.
Este incremento se correlaciona con los altos niveles de sobrepeso y obesidad en la población. “No es la única causa, pero sin duda, es una de las más importantes”, comentó. También influye el nivel socioeconómico, pues “las poblaciones con alta marginación o pobreza tienden a adoptar estilos de vida que favorecen el desarrollo de diabetes”.
Factores genéticos y ambientales
La investigadora universitaria dijo que, a partir del Proyecto Genoma Humano, la ciencia ha permitido conocer mejor los componentes hereditarios de la enfermedad. “Quienes hemos tenido contacto con pacientes diabéticos sabemos que es un padecimiento que corre en las familias: si mamá, papá o hermanos lo tienen, la probabilidad de padecerla es muy alta”, explicó.
Sin embargo, los factores ambientales son igual determinantes de riesgo: “El alto consumo de bebidas azucaradas, el exceso de grasas en la dieta, el sedentarismo y la exposición a contaminantes ambientales, de los cuales se habla muy poco, también contribuyen”, subrayó.
“Por ejemplo, el plomo o el arsénico presente en el agua. México está entre los cinco países con mayores índices de contaminación por arsénico, y las prevalencias de diabetes suelen ir de la mano con estos otros factores epidemiológicos. También la exposición al cadmio, proveniente de residuos industriales o de baterías, se sabe que promueve riesgo para el desarrollo de diabetes”.
Tipos y tratamiento
La investigadora de la UNAM precisó: “Generalmente hablamos de tipo 1 y tipo 2, aunque existen otras variantes menos comunes. No es que unas sean más peligrosas que otras, sino que tienen causas y mecanismos distintos”.
La tipo 1 aparece de manera temprana, sobre todo en la infancia, y se debe a factores inmunológicos. “Hay anticuerpos que atacan las células productoras de insulina y el individuo requiere el suministro de esta hormona de por vida”.
En cambio, la tipo 2 típicamente se reconoce como aquella que aparece en los adultos. “En la generación de nuestros padres o abuelos, los pacientes solían ser diagnosticados a los 60 o 70 años y, tras dos décadas, desarrollaban complicaciones como insuficiencia renal. Hoy, sin embargo, esta forma de diabetes se presenta a edades mucho más tempranas”, advirtió.
A diferencia de la tipo 1, la tipo 2, no siempre requiere insulina. “Puede controlarse con medicamentos conocidos como hipoglucemiantes orales”, apuntó.
Enfermedad compleja y multifactorial
La experta comentó que “así como el cáncer no es una sola enfermedad, tampoco la diabetes tipo 2 lo es. Son muchas enfermedades distintas cuyo síntoma común es presentar niveles altos de glucosa en ayuno de manera sostenida”.
Esa heterogeneidad se refleja en que no todos los pacientes responden igual al tratamiento: “Algunos se controlan rápidamente, otros requieren dosis altas o combinaciones de medicamentos, y hay quienes, pese a tener buen control de la glucosa, desarrollan complicaciones graves”.
Las investigaciones recientes muestran que esta variabilidad depende de diferencias genéticas y cómo éstas pueden afectar la función de distintos órganos. “Ahora entendemos que la diabetes no es exclusivamente una enfermedad del páncreas, sino que involucra al hígado y al tejido adiposo de manera muy importante”.
Tusié Luna alertó que el incremento de casos en personas cada vez más jóvenes se explica principalmente por factores ambientales. “Las niñas y los niños ya tienen alteraciones metabólicas desde muy temprana edad. Se han hecho estudios en donde menores de edad desde la primaria presentan hipertensión o triglicéridos altos. Son infantes con poca actividad física y dietas ricas en azúcares”.
Afectaciones
“Todos deberíamos tener menos de 100 mg por decilitro de glucosa en ayuno. De 100 a 125 existe un rango de intolerancia a la glucosa; si persistimos ahí, eventualmente nos convertiremos en diabéticos”, aseveró.
Los síntomas iniciales son leves y suelen pasar desapercibidos: “Mucha sed, pérdida de peso no evidente o comezón. Cuando se presentan infartos, enfermedad renal o amputaciones, la diabetes ha cursado inadvertida 10 o 15 años”, enfatizó.
Comentó que los niveles altos de glucosa afectan de manera importante la retina. “Si mantenemos glucosa alta durante años o décadas, ese tejido se daña de forma irreversible”.

Revertir el problema
Teresa Tusié destacó que la información y la educación son fundamentales para revertir esta tendencia.
“Como país, todavía necesitamos hacer un cambio de enfoque: pasar de la atención a la prevención. Nuestros sistemas de salud están rebasados; los presupuestos se destinan principalmente a atender enfermedades crónicas, muchas veces irreversibles y mortales”.
Podrían existir hasta ocho millones de personas con diabetes sin diagnosticar. “¿Por qué no promovemos que la gente se mida la glucosa, así como se fomenta el Papanicolaou? Es una medida sencilla que podría tener un gran impacto”, propuso la investigadora universitaria.
Sobre la normalización del sobrepeso dijo: “Entre 70 y 80 % de los jóvenes presentan obesidad o sobrepeso, y muchos lo ven como algo natural. Un joven puede pensar: ‘yo no soy diferente, todos somos así’, sin reconocer que ese exceso de peso le afecta gravemente su salud en el corto y largo plazos”.
Avances desde la investigación
Finalmente, se refirió a los avances científicos recientes en el manejo de la diabetes: “Durante mucho tiempo se ha tratado a todos los pacientes de la misma manera, como si la enfermedad fuera igual en todos los casos. Hoy sabemos que hay subtipos de la tipo 2 que responden de forma distinta a los tratamientos”.
“Si logramos diagnosticar de manera temprana a un joven y darle el medicamento adecuado, podremos retrasar por muchos años la aparición de complicaciones. Pero mientras no seamos capaces de identificar esos patrones, seguiremos tratando a los pacientes de manera similar, esperando a ver si responden o no a los fármacos disponibles”, finalizó.
El Día Mundial de la Diabetes se conmemora cada 14 de noviembre y fue creado en 1991 por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Diabetes. En 2006 se convirtió en un día oficial de las Naciones Unidas con la aprobación de la Resolución 61/225. La fecha coincide con el nacimiento de Sir Frederick Banting, quien descubrió la insulina junto con Charles Best en 1922.
Este 2025, el tema central será “Diabetes y bienestar”, entendido como bienestar físico, social y mental. El propósito es crear conciencia sobre un padecimiento que, aunque ampliamente extendido, sigue siendo poco comprendido por la población. En México casi una de cada cinco personas vive con este padecimiento y muchos de los enfermos no lo saben.