“Si no escribiera sería devastador”: María Fernanda Ampuero

Escribir es una razón para vivir, una oportunidad para enseñarle a la gente lo que está pasando y de tenerle cariño a los personajes. “Parte de un lugar de ternura, no de odio”, dijo María Fernanda Ampuero.
No es sólo una escritora, participa activamente en las luchas feministas y contra el fascismo. Contar historias le calma la ansiedad por la violencia que se vive en todo momento. “Todo el tiempo están pasando cosas violentas, están matando niñas, niños. Hay violencia en todos los países contra las inmigrantes”, relató en entrevista con Gaceta UNAM.
También existe Trump y todas sus políticas, añadió. “Si no escribiera, sería devastador. Creo que viviría mucho peor que escribiendo este tipo de cuentos”. Su libro Pelea de gallos estuvo en la lista del The New York Times de los mejores libros de 2018.
Ampuero participó en el IX Seminario Vindictas con la conferencia magistral “Mujer de tierra ajena. Vivir en el norte, escribir con el sur”, en el marco de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni).
La ultraderecha
Cuando creíamos que las cosas iban bien, de repente vemos un auge de la ultraderecha, reflexionó. “Llevo 20 años viviendo en España, soy migrante y me preocupa el auge de la ultraderecha. No sólo porque me quiten derechos, sino porque ese discurso se filtra a mis vecinos, a la gente con la que convivo”.
Añadió que tal vez nunca se tope con un dirigente de los partidos de ultraderecha. “No importa, su discurso se filtra en las personas que me pueden alquilar un departamento, con las que puedo tener yo un tipo de disputa y me convierte no en una vecina, sino en un problema”.
Esa deshumanización le preocupa. “Creíamos que ya lo habíamos superado un poco y no, vino con toda la fuerza del mundo, como un efecto péndulo”. Y remató: “Es como recibir un madrazo, como dicen aquí en México”.
Así cuenta la condición del migrante en su relato “Biografía”, del libro Sacrificios humanos: “Las mujeres desesperadas somos la carne de la molienda. Las inmigrantes, además, somos el hueso que trituran para que coman los animales. El cartílago del mundo. El puro cartílago. La mollerita”.
Relatos oscuros
Quien siga las redes sociales de Ampuero sabrá de su agudo sentido del humor. Cada que inicia el mes lo festeja con una imagen sarcástica, que evoca un ambiente pesimista. No duda en compartir sus tribulaciones cotidianas: la dificultad para conseguir una vivienda, las invitaciones a festivales de cultura sin paga alguna.
“Mi personalidad es muy juguetona, me gusta mucho reír. No parecería, la gente que se acerca a mí lo hace con un poco de temor de esta persona oscura que escribe sobre violencia, cosas que dan miedo y seres terribles. No soy así. Creo que muy pocas de nosotras nacemos con esta violencia, el deseo de venganza y esta oscuridad. No creo que las niñas piensen: ‘de grande voy a escribir cosas terribles’”.
Violencia
En su libro Sacrificios humanos, Ampuero escribe: “Aprendí muy chica a no importunar al hombre enojado, al hombre bebido, al hombre desconocido, al hombre”.
“Creces aprendiendo que tu papá es tu papá y es una persona que te cuida y te quiere”, contó. “Ves los modelos en la televisión, en los dibujos animados y de repente la realidad choca con eso. Y te das cuenta de que a veces tu papá está bebido y ya no es lo mismo, y que es violento con tu mamá y también con tus hermanos y contigo, y que nadie es lo que parece ser, y que sobre todo las mujeres tenemos que estar muy alertas y muy atentas a los cambios de humor, a los cambios de miradas, a ese sutil depredador que habita en los hombres que nos rodean”.
Y desde muy chicas se aprende “a que debemos tener miedo. Eso es súper injusto y creo que en gran parte mi literatura se basa en eso, en ese miedo”.
Oficio complejo
La escritura, a menos que seas alguien que vende millones de ejemplares, es un oficio económicamente complejo, consideró la autora, “que te orilla a la precariedad si no te llenas de otros trabajos. Me encantaría sólo escribir, pero no, mi situación no me lo permite”.
A veces piensa que es más profesora que escritora, “porque hay una parte inmensa de mis ingresos que viene de dar clases, charlas, talleres. Ya no existe ese escritor o esa escritora en su casa, recogida, reflexionando”.
Es todo muy difícil, acotó. “Y tienes que estar ahí, porque si no estás, entonces la gente no compra tu libro, y si no compra tu libro las editoriales ya no quieren lanzar otro libro tuyo porque no se vende. Es el mercado, y lamentablemente somos parte de él. El libro es un mercado”.