“Siempre nos causa más contento poner riquezas en nuestro entendimiento…”

Fotos: Benjamín Chaires.

Gracias por la distinción de hablar en nombre de las premiadas, que a la vez es un honor y un desafío. Con 85 galardonadas en las más diversas áreas de conocimiento, sería ilusorio pretender expresar una voz colectiva a través de mi propia voz. Por lo cual espero la comprensión de mis colegas.

La participación de las mujeres en la educación superior ha crecido a pasos acelerados. Mientras en 1970 sólo el 17 % de la población estudiantil universitaria estaba constituida por mujeres, en la actualidad –con el 54 %– ya son una mayoría.*

Este porcentaje es aún más alto en algunas de las licenciaturas con mayor número de estudiantes como Derecho, donde, en 2024, en nuestra Universidad, las mujeres alcanzaron el 60 % del egreso. Uno de los giros más radicales es el que se ha dado en el área de la salud, en carreras que antes eran consideradas “propiamente masculinas”, como Medicina donde, para el mismo año, las mujeres alcanzaron el 65 % de estudiantado egresado, y en Veterinaria y Zootecnia llegaron al 74 %.

Esta situación contrasta con la penalización de nuestras ambiciones en la historia y sus leyendas. Desde el relato de Eva –que en sentido contrario se lee Ave, porque siempre quiso volar– las mujeres han buscado alimentarse de las frutas del árbol del conocimiento a pesar de las riesgosas prohibiciones, ya sea que las expulsen del paraíso o que las llamen brujas por elevarse con su pensamiento, aunque para ello hayan tenido que pilotear una escoba voladora.

Con la creciente incorporación de las mujeres en el ámbito académico han cambiado las interpretaciones sobre nuestras historias disciplinarias. Las científicas y creadoras invisibilizadas por mucho tiempo adquieren hoy una nueva vida.

Entre ellas está Harriet Martineau, una de las autoras más significativas de las ciencias sociales del siglo XIX quien, con un lenguaje literario accesible e incorporando ilustraciones, en 1832 publicó sus relatos de economía política para acercar a los jóvenes y al público general a esta disciplina. También fue autora de una gran obra sobre la sociedad en Estados Unidos, en la misma época del célebre libro de Tocqueville La democracia en América (uno de los clásicos de la ciencia política). Esta escritora, preocupada por la situación de las mujeres y cuyos libros en sus tiempos eran más vendidos que los de su contemporáneo Charles Dickens, después fue prácticamente borrada de la tradición de las ciencias sociales, y afortunadamente ha sido recuperada y traducida durante los últimos años.

También vale la pena mencionar a Flora Tristán, la pensadora y luchadora peruana francesa, pionera en la lucha por la igualdad y la justicia social, que se adelantó a su época con ideas revolucionarias que inspirarían las teorías de Carlos Marx.

En México, cuando todavía se leía poco a Sor Juana, la escritora Laurena Wright recurrió a sus obras para fundamentar sus textos sobre La emancipación de las mujeres por medio del estudio, publicada en 1891.

Algunas décadas después, en un proyecto promovido por nuestra Universidad, Anita Brenner publicó en 1929 en inglés Ídolos tras altares –con imágenes fotográficas de Edward Weston y Tina Modotti. El libro dio a conocer en el exterior la riqueza de la producción artesanal de los grupos indígenas, del muralismo mexicano y nuestras tradiciones culturales. La publicación llamó la atención del cineasta ruso Sergéi Eisenstein y lo motivó para filmar su película inconclusa ¡Que viva México! Brenner habla de los festejos del Día de Muertos y de las máscaras, que a su juicio forman parte de la identidad del mexicano, temas que en 1950 también serían desarrollados por Octavio Paz en El laberinto de la soledad.

Como la mujer de Lot, durante mucho tiempo no hemos tenido un nombre propio sino únicamente el de nuestros maridos. En el libro de relatos más influyente en nuestra cultura, ella es convertida en Estatua de Sal, simplemente por atreverse a mirar hacia atrás. ¿Por qué volteó la mujer de Lot? ¿Sería por empatía hacia sus vecinos de toda la vida que estaban siendo incinerados bajo el fuego y el azufre que caían en Sodoma y Gomorra? Es una lástima que Sor Juana no le hubiera podido prestar su pluma para que, como ella, firmara con su propia sangre la confesión impuesta: “Soy la peor de todas”, y así, quizá, se hubiera salvado de la condena.

Gracias al feminismo y a las nuevas interpretaciones de la historia se han rescatado nombres de científicas y creadoras que únicamente eran conocidas por el de su esposo.

En las salas de conciertos de la UNAM hemos escuchado la música compuesta por Clara Wieck, una de las grandes concertistas europeas del siglo XIX, que no sólo fue clave en la difusión de la carrera de su marido Robert Schumann. Ahora nos preguntamos cuántas de las obras firmadas por Auguste Rodin fueron también modeladas con las manos de Camille Claudel, quien además fue autora de sus propias esculturas.

En las ciencias sociales destaca Marianne Schnitger, quien además de ser una pionera del feminismo fue la editora y difusora de Economía y sociedad, la obra inconclusa de su esposo Max Weber, considerada por la Asociación Internacional de Sociología como la más influyente del siglo XX. Afortunadamente, tenemos una edición de sus propios ensayos publicados por nuestra Universidad.

Con estos antecedentes, y tomándome una licencia en la ficción literaria, quizá pudiéramos encontrar que Penélope simuló tejer y destejer esperando a Ulises pero que, en realidad, estaba con Homero bordando la Odisea.

Seguramente hay otras mujeres invisibles que con el esfuerzo de la nueva arqueología feminista adquirirán reconocimiento próximo. Indudablemente las aquí presentes tendrán a varias en sus respectivas disciplinas.

Sin embargo, a pesar de los grandes avances, las mujeres todavía se enfrentan a serios obstáculos.

En su desarrollo profesional, las egresadas se ven limitadas por factores como la doble jornada y el “techo de cristal”.

Entre el estudiantado de primer ingreso en la UNAM, en ciencias fisicomatemáticas e ingenierías las mujeres sólo representan el 34 %. Una situación análoga sucede con los hombres en las humanidades y las artes, donde el porcentaje de 34 % es el del primer ingreso.

Quizá pudiéramos encontrar que Penélope simuló tejer y destejer esperando a Ulises pero que, en realidad, estaba con Homero bordando la Odisea”

Para romper con los estereotipos, creo que la UNAM tiene una importante área de oportunidad para continuar el camino andado en favor de la equidad y tratar de incidir en las elecciones profesionales desde el bachillerato, para que sean más las mujeres que opten por estudios en las áreas STEM, disciplinas que proyectan especiales oportunidades laborales, y contribuyen a reducir las brechas de género de forma significativa.

Por otro lado, me parece igualmente importante incentivar a los hombres en carreras de gran relevancia para nuestra sociedad donde tienen presencia minoritaria, como Pedagogía (sólo 17 %), Enfermería y Psicología (con el 21 %).

La exclusión y la invisibilidad de las mujeres en la academia es una forma de violencia simbólica, pero desde luego que no es la única. A ella hay que agregar la violencia física, la sexual, la emocional y la patrimonial.

Por limitaciones de tiempo, ahora me he centrado en el universitario. En comunidades menos privilegiadas con situaciones económicas y educativas precarias, la discriminación y violencia hacia las mujeres puede ser más grave, y las víctimas suelen tener menos recursos para enfrentarla.

Como decía al principio, es imposible que mi voz exprese la de todas las galardonadas, pero, para nuestra fortuna, tenemos la poesía.

Por ello, tomando prestada la voz de Sor Juana, termino esta intervención robándole unos versos que, creo, expresan las voces de todas las que hoy recibimos este reconocimiento, a quienes, a ciencia cierta, “siempre nos causa más contento poner riquezas en nuestro entendimiento que entendimiento en nuestras riquezas”.

Como lo expresa la escritora que da título a nuestro premio, nosotras no estudiamos “por saber más sino por ignorar menos”.


*Los porcentajes de hombres y mujeres en esta ponencia fueron calculados con base en fuentes de la ANUIES y del Anuario Estadístico de la UNAM.

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